EL ECO SIN PASOS

Blog de trinchera.

Categoría: Esbozos (Página 1 de 2)

La batalla por Catalunya

Antoni Estruch Bros. L’onze de setembre de 1714. 1909.

A cuatro días del desenlace la tensión parece anunciar una ruptura inminente. El bote es muy alto y nadie va a renunciar a ganar la partida.

En 2015 cambió definitivamente la manera de percibir la cuestión catalana. Primero llegó el fervor del referéndum consultivo del 9-N del 2014 (80% a favor de un estado republicano), luego, el de las elecciones autonómicas plebiscitarias del 27-S del 2015 (mayoría absoluta soberanista). Hoy, el 1-O ha pillado a más de uno por sorpresa al no salirse del confort mental del relato autonómico, y por no comprender que el independentismo es un movimiento de transversal y pacífico.

A cuatro días del desenlace, asistimos perplejos a un campo de batalla donde no queda más “equidistancia” donde refugiarse que en el silencio. Estamos, por decirlo en cierta forma, en medio de la batalla por Catalunya.

El frente del discurso político

Reunión entre el presidente de la Generalitat y el presidente del Gobierno en funciones en la Moncloa (LVE). La Vanguardia. 2016.

Sin embargo, esta batalla no se ganará con balas ni bombardeos, si no con política. Este es el frente principal, donde se libra la guerra de las ideas, la superestructura. A cuatro días del desenlace ambos ejércitos se han atrincherado uno frente al otro, como en la batalla del Ebro. El frente está estancado aunque podría llegarse a una tregua en una zona neutral, quizá con el aval de una cumbre europea.

Se estilan dos maniobras: “el recon” y el “paco”: el “recon” o reconocimiento del terreno enemigo es rechazado como “añagazas” (en palabras del barón de Claret), y sirve de tanteo de las intenciones del otro; con reuniones, declaraciones, o cartas se atisban las posiciones tomadas y se provoca al otro bando. El paco, o francotirador, sin embargo, dispara cuando tiene ocasión y vuelve a su escondrijo. Tácticas para hacer brecha inútilmente en el discurso contrario. Balas perdidas.

El gobierno dispone de un discurso oficialista y homogéneo: abundante artillería legal, constitucionalismo, soberanía nacional, el relato del autonomismo. El govern, por su lado, esgrime un discurso heterogéneo contra los agravios del estado: la crítica a su legitimidad, la corrupción del partido del gobierno, las injerencias entre poderes, el cohecho, el relato del fracaso del posfranquismo

Los apoyos institucionales al discurso se inclinan a favor del gobierno desde la Comisión Europea y los EUA, aunque con dudas sobre su sinceridad, mientras que el bando soberanista dispone de la adhesión de individuales y asociaciones, armas ligeras pero de alcance internacional (cañones que requieren buenos artilleros), gracias al trabajo de Raul Romeva y las embajadas. El frente internacional bascula entre la injerencia o la no injerencia según el interlocutor.

El discurso económico dispone de tantos detractores como defensores, y un estado con una deuda del 100% del PIB y una economía que crece a base de recortes, con la bolsa de las pensiones agotadas tras 35 años de desigualdades territoriales no corregidas, no ofrece demasiada confianza al debate del autonomismo, o de la “solidaridad” entre comunidades. Es importante comprender que ya no sirven de nada las promesas de De Guindos ni las amenazas de Montoro al govern. Llegan tarde, o demasiado pronto. El govern ha asumido que el estado no va a negociar ni de mala fe: ha pasado del “seny” a la “rauxa”, concepto que a veces se olvida sobre los catalanes. El momento de negociar fue antes del 2012, cuando se publicaron las balanzas fiscales y el catalanismo no era independentista. Lo cierto es que la viabilidad de una España y Catalunya separadas, ahora mismo, en una sociedad incapaz de prever sus crisis y dependiente de las subastas del tesoro, no está claro: se trataría de evitar el peor de los males, o probar con un nuevo acuerdo que mutualizara la deuda, etc. Terreno desconocido que parece no afectar a las finanzas internacionales, a pesar de las declaraciones de estos últimos días.

Repliegue estratégico tras las líneas rojas. Claro que hubo una breve “operación diálogo”, centrada a buscar acuerdos, pero dentro del inmovilismo y mediante amenazas, además de los agravios institucionales, magnificados por la propaganda, lo que resultó en fracaso. Como en todo entendimiento debe haber confianza entre las partes, y la guerra hoy no permite dejar un flanco abierto hasta que no se esté en posición de ventaja, ambas se ven obligadas a seguir en liza y dejar para más adelante un acuerdo. Habrá que esperar al desenlace para ver cambios en este frente, aunque ya se lee en algunas editoriales nacionales el cambio de discurso hacia la comprensión del soberanismo.

Si hubiera un relato alternativo en Catalunya y no sólo la consigna “no hagáis nada, mejor unidos que fuera de la UE, donde hace frío”, probablemente el soberanismo no representaría a la sociedad catalana. Al haber fracasado el socialismo, primero con el autonomismo de Maragall, recortado y humillado por PSOE y PP, luego el federalismo de Navarro, decapitado por Rubalcaba, y luego con el plurilacionalismo fantasmal de Sánchez y su inocua propuesta del traslado del Senado, defenestrado y revivido por los susanistas, el campo del proyecto común está yermo. También, hay que sumar el fracaso del catalanismo de derechas con el rechazo del pacte fiscal y la impugnación del 9-N.

Por su lado, los comunes y algunos excomunistas han descubierto que cavar sobre roca es su muerte política, y han desobedecido sus secretarías instaladas en la comodidad de la oposición parlamentaria en Madrid. Otros han previsto que es mejor estar a favor de la corriente que en la oposición con la derecha no-catalanista. La ausencia de un proyecto común de izquierdas alternativo al inmovilismo de PP y C’s, junto al silencio cómplice del PSOE aunque sea por táctica, mientras en Catalunya el PSC pacta con la oposición antiprocesista, no ofrece confianza suficiente en Catalunya. Es normal que no se dialogue ya que, al sacar la cabeza de la trinchera se corre el riesgo de ser abatido por un paco del mismo partido!

El frente administrativo.


© Casa de S.M. el Rey. Su Majestad el Rey, con el nuevo fiscal general del Estado, José Manuel Maza, junto con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, el presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ, Carlos Lesmes, y el ministro de Justicia, Rafael Catalá

La batalla administrativa y judicial está ganada por el gobierno: dispone de todo el aparato ejecutivo y judicial. El govern ha tenido que crear una ley a medida, forzando el reglamento del Parlament, para ampararse legalmente y de esta manera poder desobedecer al TC. Unos defienden la ley y los otros el “mandat democràtic” de dar respuesta a una mayoría absoluta en el Parlament mediante un referéndum. Entre la ley y la moral está claro que ganará la ley a base de incoaciones administrativas, pero esta derrota podría alargarse en tribunales europeos e internacionales y volverse contraproducente: ante la intervención de la autonomía catalana el govern ha contratacado interponiendo recursos y denuncias.

El estado tan solo tiene que esperar. Los soberanistas, sin embargo, necesitan ganar tiempo como sea en este frente, ya sea mediante la movilización del 1-O o aliados de última hora; y aun con los despistes del gobierno o vulneraciones de derechos: actuaciones como registros sin orden judicial, apertura de correspondencia privada y bloqueos de cuentas, prohibición de renunión y manifestación, decomisos y detenciones sin lecturas de derechos, incluso vulneraciones del estatut del 2006 enmendado por el propio TC. Ya se verá cuáles son y si podrán jugarse como ventaja por un govern que también ha cometido errores de forma. En resumidas cuentas: este frente es el que generará mayor desgaste y los soberanistas solo pueden estancarlo con errores del adversario o “brigadas internacionales” que defiendan la autodeterminación de los pueblos y la tradición liberal.

¿Cuáles serán las actuaciones el día después? Aquí, tanto Soraya Saez como el govern han dicho que no van a dar pistas al enemigo. Las iremos descubriendo día a día, noticia tras noticia, como una guerra de posiciones. Se espera que el estado aplaste administrativa y judicialmente el govern y se convoquen elecciones anticipadas. El destino de los sublevados se considera un asunto de orden judicial y no sólo con las amenazas de inhabilitación, sino con multas diarias de 12000 euros para los miembros de la sindicatura de garantías. Estas actuaciones “sui generis” en una democracia joven, defendidas por el Fiscal general y los juicios que provocarán desabastecerán los partidos de activos políticos y sentarán un precedente “preocupante” para la convivencia que ya ha hecho dudar al PNV, y al PP ordenar un repliegue de los PGE.

¿Qué hará el govern si el estado comete algún error? A juzgar por el boicot de gobierno y oposición, si no se impide físicamente el referéndum el resultado será la declaración de independencia, no reconocida por España y amparada en Ley de transitoriedad, ilegal dentro del marco español. El resultado internacionalizará el conflicto y de aplicarse el 155 la solución pasará por negociar con avales europeos una situación de excepción para Catalunya. Es improbable que salga el No dado que la oposición ha decidido no hacer campaña ni participar.

Si se impide físicamente el referéndum este domingo no queda otra que convocar elecciones anticipadas, aunque podría suceder que el govern se atrincherara en el Parlament a la espera de una salida negociada, apoyado por movilizaciones y hasta huelgas generales, al más viejo estilo cenetista. Es un caso improbable porque el estado está dispuesto a ganar sin negociación, y la oposición no apoya el referéndum de marras, y además, unas elecciones anticipadas darían tiempo a los soberanistas para recuperar terreno y frenar durante unas semanas la ofensiva estatal. Tampoco una DUI en caso de boicot del referéndum no seria posible, ya que anularía el maltrecho frente de la legalidad del propio govern (sería una jugada desesperada que se puede jugar al amparo de unas nuevas elecciones plebiscitarias que permitirían ganar más tiempo).

En caso de elecciones, éstas se leerán en clave plebiscitaria y probablemente sea el último cartucho que les quede al soberanismo antes de la DUI. Si no obtuvieran mayoría, pongamos, porque la oposición ofrece pacto, abriría el camino de la normalización y, quizás, la negociación, aunque es difícil creerlo por parte de un gobierno que prefiere dejar las cosas como estaban; pero si el soberanismo ganara por mayoría absoluta, otra vez, no hay duda de que habrá declaración unilateral de independencia, lo que nos llevaría al caso de que se realice el referéndum.

El frente social.

@ David Airob. La Vanguardia.

Este frente está ganado por el govern. Los unionistas y la mayoría silenciosa que se deja posicionar según las encuestas no han movilizado a tiempo sus efectivos y han renunciado a hacer campaña por el No, jugándoselo todo al boicot del referéndum y dando carta blanca al gobierno. Aunque hay intentos de penetrar la línea enemiga por ambos bandos, la polarización social es evidente tras años de movilizaciones y ninguneo del gabinete Rajoy. Al menos hay unos dos millones y poco de votantes del Sí, y es posible que cada día haya más (la historia es harto conocida, así que no voy a extenderme sobre sus razones). Además, casi un 80% de catalanes estaría dispuesto a participar en un referéndum acordado, según El País.

La sociedad movilizada a favor del Sí y del derecho a decidir goza de buena moral, como se ha ido demostrando los últimos años. Al ser la responsable en sus inicios de haber movilizado el soberanismo de los partidos catalanistas, y estos de haberla escuchado, tiene una salud de hierro que dará muestras de su músculo en los próximos días y meses.

La ventaja para el govern está clara: dejar al gobierno la papeleta de usar el argumento de los “tumultos” y amenazar con la guardia civil, lo que se acomoda perfectamente en el relato “colonialista” de la represión contra una masa cada vez más convencida con cada acción ejecutiva de un gobierno inmovilista. Además, la imagen de un barco “represor” en el puerto tiene ecos de Setmana Tràgica, o de 1934, y despierta la resistencia pasiva, aunque sea a golpe de cacerola, manifestaciones o empapeladas. Por si fuera poco, recrea el escenario para una inminente representación de una “Revolución de terciopelo”, o incluso, una “Primavera catalana”.

A diferencia de lo que se dice en la prensa de Madrid, quienes lo han vivido de cerca comparten la actitud pacífica y lúdica de las manifestaciones, más que su aparato ideológico: su grado de civismo es algo que no se “palpa” fuera de aquí y que al compararse con el nazismo, o con los movimientos violentos de forma repetida e inane en otro torticero intento de criminalizar hechos puntuales, da como resultado mayores adhesiones. Además, no son pocos los que han descubierto que se puede estar a favor de un referéndum sin necesidad de hablar catalán en la intimidad, ni de colgar carteles u ondear una bandera estrellada: incluso sindicatos, estibadores, bomberos, abogados, profesores, y está por ver si los mossos d’esquadra.

El gobierno solo puede vencer socialmente fuera de Catalunya y aun así, decenas de ciudades españolas ya han mostrado parte de ese “republicanismo” latente y descontento, que en algunos casos ha despertado reacciones violentas, tras el deseo de cambiar sus vidas; o por decirlo de otro modo, se les ha ofrecido la utopía a través de actos reales, no con meras palabras sino mediante una “acción directa” contra un estado inmóvil y un gobierno corrupto. La única alternativa que le queda al estado para inmovilizar la sociedad catalana es declarar el estado de emergencia, pero aún necesita una coartada: los deseados “tumultos” del 1-O. Un nuevo error, o triunfo, según se mire, en caso de cometerse.

El frente cultural

“Manifiesto de intelectuales” publicado el 18-9-2017

La lengua y la historia son los dos caballos de batalla del frente cultural, y el fracaso de una ley de enseñanza que se acomode a la diversidad cultural del país es una víctima más de este frente.

Respecto a los símbolos nacionales, la normalización de la estelada es un signo de victoria del soberranismo. Durante el autonomismo, la estelada nunca gozó de buena salud ente las clases medias, pero hoy es un símbolo de la lucha contra la intransigencia del estado, las prohibiciones y la censura, y se vende en cualquier chino junto a la autonómica y la española. Hay que recordar que la estelada no es una bandera de un país, sino de una actitud combativa, ya que la bandera catalana es la “senyera”.

Lo más interesante del frente cultural en Catalunya es la superación del debate de la lengua. La lengua catalana, entendida como símbolo, ha ganado las trincheras que colocó el ministro Wert y que intenta recuperar Ciudadanos. Aún se oye el disparo de algún paco, pero el frente cultural ha sabido maniobrar entre el control gubernamental y el exceso del manifiesto Koiné, aunque fuera mal interpretado, e integrar el catalán y el castellano en el mismo bando con el mismo grado de aceptación, gracias también al apoyo de asociaciones como Súmate: el ministro de cultura ha rendido una de las armas más poderosas de la guerra cultural y los soberanistas, en vez de usarla, la ha desmantelado.

En este frente combaten asociaciones culturales, medios, y gurús, junto a los “intelectuales y artistas”. Sin embargo, estamos lejos de los años donde el intelectual desempeñaba una función social, y cabe preguntarse si aún existe ese rol en la sociedad postindustrial. Una vez empezada la batalla hemos asistido a una adhesión constante de manifiestos, artículos y tiros de tweet.

Snowden y Assange, gurús del star-system de la libertad global de expresión, también han aportado su granito de arena, e incluso un duelo de insultos entre Assange y Pérez-Reverte para mayor polémica; mientras los herederos de esa escuela de Barcelona, esa “gauche caviar” admirada por el socialismo que ha sabido satirizar ingeniosamente Albert Pla en un doble golpe de humor, también ha saltado a la palestra. Es interesante leer algunas de estas opiniones que, en general, solo quieren defender su creencia sin dar lecciones a nadie, pero también lo es el descubrir a los voceros incondicionales que se esconden bajo una mascarada de intelectual liberal y “hombre de mundo”, ya sea un deportista, un periodista, un escritor o un cantante, que se desentienden de querer hacerle el juego a un bando, cuando precisamente es lo que hacen. Al final resulta que sus opiniones valen tanto como les cueste mantener su reputación. Y finalmente están las patrullas de presentadores y tertulianos que hacen de agitadores y palmeros.

Los bandos utilizan intelectuales como propaganda. Es cierto que algunas voces, sobretodo estranjeras, van por libre, pero lo aficionados a los manifiestos locales  quizá deberían redactar uno nuevo a favor del silencio y del boicot a los políticos, o mejor aún, a favor de ellos mismos en vez de regalar munición.  El intelectual de trinchera rápidamente es abatido: su posción y actitud frente el poder los puede delatar. El PSOE dispuso de ”La banda de la ceja”, el PP de sus premios nacionales, los escritores catalanes no soberanistas, atrapados entre dos fuegos, acusados de connivencia como “botiflers” o “caragirats”. En Madrid, la brigada “Vargas-Llosa”, el nobel de literatura tras el cual se acuclillan la jet-set y los lobbies mediáticos, y la patrulla de la RAE, con sus premiados Pérez-Reverte, Javier Marías, o Muñoz Molina, y los “Queipo de Llano” de la cultura como Albert Boadella, o Félix de Azúa, y demás, frente a la Pilar Rahola, Empar Moliner, Juanjo Puigcorbé, Quim Monzó o Eduard Punset. El resultado final es tan aterrador como el grado de conformismo con el bando que los ha utilizado. Antes de sacar la cabeza del hoyo, deberían saber que si estamos “en guerra” toda opinión puede ser usada en su contra, como el rebote de una bala.

La polarización del debate ha dejado al descubierto a los pragmáticos y “equidistantes.” La batalla cultural no ofrece tregua ni hace prisioneros y es como un yermo lleno de cráteres donde acechan los pacos y se libran escaramuzas que responden a las consignas de editoriales, grupos, partidos y asociaciones, y que terminan instrumentalizando la cultura como propaganda, mientras los politólogos e historiadores pasan a un discreto segundo plano. A veces, empero, una ambulancia aparece y socorre a los heridos demostrando que el ser humano puede dar lo mejor de si en los peores momentos.

El bando unionista es unánime, si bien algo más equívoco por el ala de los reformistas. En España, los medios no representan la opción soberanista. En Catalunya, a pesar de lo que digan los medios de comunicación nacionales, coexisten ambos discursos y hay diversidad de posicionamientos, junto a una importante masa a favor del No, sobre un 40% de la población. El clamor del soberanismo en Catalunya es ensordecedor no porque haya censura, como se deja creer en los medios nacionales, sino por que está mejor organizado y movilizado. También hay que añadir que a nivel internacional la reacción de los intelectuales y algunas cabeceras de periódicos se decanta mayoritariamente a favor del discurso soberanista, o al menos, del derecho a decidir (ya van cinco nóbeles de la paz a favor), mientras que el inmovilista tiene poca repercusión en los medios catalanes. Este hecho no puede explicarse sólo viendo TVE, o los medios de Atresmedia y Prisa, ni tampoco escuchando sólo TV3, o la radio, y menos aún las declaraciones del fiscal Maza: “están abducidos”.

La caída del Tótem.

Uno de los fenómenos más interesantes a nivel psíquico es la pérdida del tabú constitucional. La constitución, ese tótem erigido como poder omnipresente ha caído como un falso dios de la mente de los soberanistas. No ha sido únicamente por las reiteradas embestidas contra “la estaca” que lo ata, sino porque éste, tras amparar los derechos civiles junto a todo tipo de corruptelas y omisiones de derechos (de expresión, o de vivienda, por ejemplo), se pudrió y al quererlo asentar a mazazos ha terminado por resquebrajarse. Además, la sentencia del TC contra el estatut tuvo el efecto de la carcoma: el poder judicial, controlado por los partidos desde el CGPJ estaba por encima de un referéndum, la voluntad del pueblo,  y de la aprovación del legislativo y el ejecutivo.

Estamos ante un fenómeno de cambio de actitudes y aculturación de nuevos valores. Probablemente, esta ruptura no se haya dado fuera del soberanismo si bien los reformistas han reconocido al menos dos señales: el fin del bipartidismo y la crisis política del estado. Habrá que ver si el 1-O es la tercera señal y si la aculturación permite un cambio de actitud a favor de un nuevo modelo de estado.

Al desgaste de un TC forzado por el partido del gobierno, así como las contramedidas que se están tomando contra la autonomía catalana, se ha sumado el desencanto de la corrupción, las dudas sobre su legitimidad, la inconveniencia del inmovilismo, la crisis de la monarquía y, sobretodo, la crisis laboral y de deuda (en la que se incluyen las pensiones). Los soberanistas no desobedecen para dirigirse a un estado sin ley, sino para asumir el control de sus recursos y mejorar la vida de sus ciudadanos. Por descontado, la única forma no-traumática de hacerlo para ambos es pactando un referéndum o cambiando la constitución. Por descontado, eso no ha sido posible. Es más, hasta el 1-O, o dicho de otra forma, hasta que no estalle el problema no se empezará a plantear seriamente una solución: cuando lo probable esté en la calle y en boca de todos, empezará a hacerse posible.

El frente del humor.

La idea es sencilla: la ironía y su efecto, el humor, nos hace cómplices con el emisor. Claro que la ironía implica un referente cultural y cierto gusto compartido. Por otro lado, la burla o hasta el sarcasmo, es decir, el humor imitativo o mímico y su deformación, o el insulto, no disponen de tanta aceptación entre las filas contrarias que saben apreciar los efectos de una carcajada.

El frente del humor lo ha ganado el soberanismo, aunque haya que reconocer que no todo ha sido mérito de su ingenio: el gobierno, quizá dando por perdida esta batalla con su “ley mordaza” y su falta autocrítica, no sólo no ha sabido crear un grado de distensión a través del humor sino que lo ha rendido sin jugar. Con el humor la intimidación se desvanece por arte de chiste o meme, junto a fotografías, comentarios, o actos cuyos referentes culturales, como la orografía del terreno en que se vive, el bando local ha sabido aprovechar.

La última ocurrencia del ministro de interior, Zoido, los cruceros de la Warner, ha sido comparada con el hundimiento de “La Armada Invencible” o la de Santiago de Cuba; recompensa que provoca el “procés”, y que levanta sonrisas y adhesiones a Piolín, nuevo héroe de la independencia, prisionero de una guardia civil enjaulada por políticos en un barco de los Looney Tunes, los dibus de la infancia de España; o las canciones de La Trinca, pegadizas y conocidas por más de una generación;  las narices de payaso, los claveles, los vítores de las papeletas, las consignas humorísticas, la autoparodia (“Urna, grande y libre”) y las urnas frente a una movilización castrense cuya presencia es aceptada como actor necesario para la puesta en escena de mimos y actuaciones.

La “guasa” hoy dispone de las redes sociales. Así como durante el franquismo, las revistas satíricas hacían cómplices sus lectores aunque fuera autocensurándose, hoy, la difusión del humor, asumida en gran parte las redes sociales salvo por algunos medios (El Jueves, El Intermedio, Polònia, etc…) hace lo propio sin autocensura; los memes, las máximas, los calambures y el ingenio de toda la población al alcance de un dedo. Como se ha demostrado con Donald Trump o las Primaveras Árabes, las redes sociales funcionan de acelerador cultural cuando encuentran una amplia base social implicada que participa a tiempo real y se hace cómplice, como un eslabón forma parte de la cadena que lo tensa.

Convencer por el miedo o el odio a una sociedad con buena salud es inútil: siempre gana más adeptos una risa que los augures del temblor de dientes, una actitud más propia de sociedades controladas mediante la represión.

El desenlace

Habrá que esperar entre cinco o seis días para anticipar algo. Se descubrirán las cartas y terminará una ronda que empezó hace tres años. Podemos estar seguros de que la madre de todas las batallas por Catalunya va a ser la administrativa-judicial, y que el frente social va a reaccionar en auxilio de la Generalitat y sus competencias, y quien sabe si se van a sumar huelgas indefinidas. Corre el rumor que tras el choque, el frente político hará un alto el fuego para plantear un armisticio. De momento me remito a lo que fue publicado el 2015 en L’article que anava a publicar: el resultado dependerá del equilibrio de fuerzas y apoyos, y esto no se sabrá con certeza hasta que haya una declaración de independencia, o hasta el resultado de las próximas elecciones catalanas.

Carta de crisis del juego de mesa “Café para todos”

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El hombre que yace dentro de la piedra

  • (Algunos nombres han sido cambiados para mantener el anonimato)

(c) Ferran Escrig, 2017

En apenas dos años la política exterior cubana ha dado un giro inesperado —deseado o deseable—; ingerido, en parte, por la administración saliente de los EE.UU. y la necesidad de integrar la economía de la “llave del caribe” en la economía interregional y global. Sin embargo, con la entrada de la administración Trump, los viejos fantasmas de entreguerras empiezan a agitar las cadenas y nadie sabe si el ruido que se oye de lejos suena a tambores o a metal oxidado.

Infante en la caravana de la libertad.

Comemos juntos en casa, en Oriente, comentando cómo han subido los precios de la fruta por el aumento de los turistas. Al poco pregunto por Fidel, en lo que sospecho que ya debe ser un incordio para los nativos: “El cortejo recorrió toda la isla. Y la gente salió a recibirle de corazón.” “¿Lo vieron?” “No. No pasó por nuestra zona, pero lo vimos en la televisión.” Y lo que sigue es el relato narrado con mirada de porcelana, sin más movimientos que los indispensables para que no se estrelle en el sueño de toda una generación: la de quienes no pueden desagradecer a quien les ha hecho más bien que mal, dentro de un balance de cincuenta años.

En la televisión el relato del regreso del revolucionario al reposo final, junto a José Martí, alejado de su familia y transcendido en la Historia absolutoria, cobra tono emocionante; porque es en la televisión donde el tiempo no pasa para los documentales sobre playa Girón o la reforma agraria, álbum de biografías de astronautas, artistas, o músicos (ahora, el dominicano Daniel Santos). Las noticias, siempre excelentes y asertivas: siempre optimistas sobre el progreso de la revolución, como las del canal Tele Sur, la CNN venezolana. “Dentro de la Revolución todo; contra la Revolución, nada.” Se dice que fue la contestación de Fidel a los intelectuales. Y ahora, el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago: allí se concentran los elogios, los lloros y las flores; la meca de la izquierda para una Suramérica bajo el claroscuro de una conciencia colectiva maltratada: en la tumba de Fidel el romanticismo enraíza y aflora ante Piedad Córdoba, rodeada de periodistas y la llama eterna, anunciando su postulación como futura presidenta de Colombia.

Quito el volumen de la televisión y vuelvo a Tres tristes tigres: así rebautizó el exiliado Cabrera Infante su obra más conocida estando en Barcelona, y a resultas de la censura franquista y las sugerencias de Carlos Barral: un trabalenguas. Y es este el libro que preguntado en la librería de esta ciudad, la única que hay, nadie conoce, pues Infante no siguió —ni consiguió—, al parecer, la gracia revolucionaria.

Lo ojeo. Lo dejo en la mesita con apenas unas doscientas páginas leídas. Hay algo poético en todo ello: Infante dijo alguna vez que celebraría la muerte del dictador; y ahora, ambos muertos, su trabalenguas ha cruzado la frontera para encontrarse con los aplausos hertzianos del cortejo fúnebre de Castro. Como el encuentro fortuito sobre una mesa de disección. Y es que Tres tristes tigres (un ensayo del lenguaje, o del lenguaje oral transcrito y no del meramente escrito; tal vez, una mezcla entre Joyce y Flaubert; entre la música cubana y la clásica; o el cine americano y la vida nocturna, precisamente) celebra todo aquello que la revolución denostó, la música (o la voz) y el cine de influencia americana, no por ser antirrevolucionarios, a mi entender, sino por omisión: por no ser laudatorios con la revolución, ni fariseos con la dictadura de Batista. Tres tristes tigres sigue celebrando hoy el habla cubana antes de la Revolución y justo después —Hete aquí que Infante era funcionario cuando la terminó, y exiliado cuando la reeditó en Barcelona—. Y es que Tres tristes tigres parece una broma hecha por el materialismo histórico, o el propio Infante: una obra que rompe e integra la tradición: dialéctica maltratada tanto por el castrismo como por el franquismo: allí prohibida y aquí censurada, (censura benigna, a juzgar por las palabras del propio Infante dedicadas a su censor). La prohibición y reescritura de prácticamente todo el manuscrito y su posterior “afinado” podría considerarse un gran proceso de la dialéctica hegeliana aplicada al arte de la literatura hispana).

El hombre que yace dentro de la piedra

No lo vieron pasar, me dijeron. Quizás, por última vez, iba demasiado deprisa. Y otros muchos que no salieron por la televisión no la vieron pasar sencillamente porque no la esperaban. Al igual que hace dos años, el 2014, la sensibilidad se define según la generación: la de la revolución, la del periodo especial, y la de ahora, la del smartphone. Arsenio, joven exprofesor y panadero, por la noche, entre ron y cigarrillo criollo, indica: “Está bien lo que hizo. Bueno. Pongamos que de acuerdo. Pero ¿y luego? ¿Qué pasa con los que vinieron después? ¿A mí en qué me beneficia?” Arsenio, fue expulsado de la escuela por querer cambiar de trabajo, está desencantado pero no tiene motivos para dejar de trabajar por la mañana en la panadería y aportar a la economía familiar el lado práctico de la vida. Parece que la obsesión la llevamos los de fuera: “¿Fidel? ¿Muerto? Ese está más vivo que nunca. Fíjate, Ferran, que el padre de Castro, el gallego, en Birán, montó el economato y las instalaciones bajo su propiedad, de tal manera que el hijo, Fidel, cuando llegó al poder, ya lo tenía todo pensado: Cuba es como Birán, la versión paterna del economato, El sueño del padre de Fidel.”

En el bar musical, mientras se sirve cerveza por un dólar, Pablo comenta que estuvo por muy poco de irse a España con una valenciana, pero que le dio calabazas, y así, tras la aventura, Pablo, mulato atlético y resuelto que cocina en casa mientas fuma y mantiene el orden en el vecindario, tras regresar a esta realidad invariable que es el trabajo diario por y para la isla, a lo largo de estos años, lo único seguro que concibe es la impresión de que nada va a cambiar. “A Andorra, me iré a Rusia, y después, en Andorra, de ahí cruzo la frontera.” “Pablo, no hay aeropuerto en Andorra.” Pablo sonríe. A la siguiente cerveza nos añade anécdotas de Oriente: el encontronazo del secretario de la provincia con un artista local: el secretario, adusto ante los periodistas el día de la inauguración del local donde ahora estamos, le pide explicaciones al pintor sobre el mural que cuelga de nuestras cabezas: diversionismo ideológico de una representación del tío Sam montado en un cisne (representación que puede verse en el mural, pero que para un europeo, más que el tío Sam recuerda una variación de cuento escandinavo), exigiéndole que lo arrancara; y el artista le contesta que esa imagen representa la llegada del nuevo entendimiento entre los americanos y el cañizal azucarero de la isla. Los periodistas hicieron el resto, y el secretario se marchó, no sin conceder del todo la ventaja, pues dio indicaciones a Pablo de que en este local no podría escucharse música “bachata” ni “reggaetón”, sino ese jazz internacional para los turistas que han creado los Valdés.

Pablo habla como escribiera Infante (en realidad, Infante escribiera como habla el tal Pablo), como sabe el cubano que no es de la Habana y se dedica al trato con el cliente, es decir: como todos. El relato narrado resulta relevante por su conclusión estéticopolítica: la relaciones cubanoamericanas han dejado de ser lo que eran desde que Raúl pronunciara su discurso aperturista. Sin embargo, Pablo indica que “aquí todo sigue igual”. “¿Atado, y bien atado?” Le pregunto con ironía histórica. “Sí, tal y como quiere el hombre que yace dentro de la piedra.” Pablo se santigua, y en voz baja y le pide a la Virgen que le perdone, esbozando una sonrisa.

Fuente: El Nuevo Herald, 2016

“Fuck”. El yuma —guiri— murmura al terminar su Cristal. Al poco cambia su expresión a la de un enfurruñamiento pálido. Habla en inglés y Pablo busca un par de parroquianos que dialogan con él. El hombre está agitado. Dicen que le han robado ahora mismo, y que ya ha visto suficiente de esta ciudad. El anglófono se marcha (no volveremos a verlo), se hospeda en el barrio de Pablo. Fue una mulata, una “guajirita” de uñas –espuelas—largas, con abundante bisutería barata: quizá una jinetera venida de fuera a cazar yumas para ganarse unos cuantos pesos ahora que cada vez más americanos, canadienses y europeos paseamos por sus aceras y sus parques.

WI-FI y motos eléctricas

Pero en dos años ha habido cambios visibles. Por las noches hay policía armada: chalecos antibalas y lecheras (como las llamamos en casa), y en algunos clubs usan detectores de metales. Al anochecer echan la nueva telenovela, Tras las huellas: un CSI de producción nacional con que conlleva de estereotipable: extraña mezcla de géneros cubanoamericanos en la que los diálogos son más forzados que los gestos; panfleto del relato oficial para los conflictos de la isla: ayer seis balseros eran asesinados por las mafias y sus familias perdían todo el dinero (sucedió un día antes de la noticia del 12 de enero, de la que se habla más adelante).

Ostensibles, las motos eléctricas vendidas por 2000 cuc, cuyo precio de fábrica son unos 300$, han arribado no porque el mercado las pidiera, sino porque estaban disponibles debido a que al ser eléctricas pasaban la aduana tras pagar sus correspondientes aranceles. Y su silencio mecánico contrasta con el bullicio diario de los bicitaxis, los carricoches, los almendrones y el stock del campo socialista. Y ésta es la segunda señal de que algo empieza a alterar el paisaje de las calles y los parques; la primera fue el turismo rampante; o quizá sea que con el tiempo no me acostumbro a las diferencias.

Otra señal: las viejas mesa-taller de relojero o mercero, mesillas con un marco donde cuelgan las bombillas que permitieron reparar o remendar, hoy siguen funcionando para el cubano, pero bajo sus bombillas hay móviles de importación de todo tipo, con los laptop encendidos, descargando aplicaciones para facilitar la entrada al portal de ETECSA.

(c) Ferran Escrig, 2017

Y es que este cambio señala la globalización filtrándose por los acuerdos y las demandas de un mercado negro, o gris, y salpica el paisaje como nunca se había visto nunca antes: los parques, antes lugar de especulación –dícese, de exposición y fatuidad—, son ahora Call Centers improvisados a la luz de las farolas o las sombras de los árboles, donde la concurrencia se engancha a la señal que no es gratuita ni libre por ser pública, sino de pago por ser estatal.

Uno escucha y ve los gestos de los familiares de WI-FI, generación del periodo especial, hablando con la generación smartphone, en consignas y el desconcierto dispar: miles de pesos para llegar al Dorado perdidos; más gastos para pagar abogados; más dinero para las mafias y así cruzar ilegalmente; la derrota completa de perder los billetes para sortear el istmo del Caribe, naufragados y perdidos para siempre con la estampa del regreso a casa con los bolsillos vacíos y una deuda de miles de cuc que pagar a los prestamistas; la venta de la casa, su hipoteca, que ya no podrá ser pagada por las divisas que habían de llegar del extranjero. Pero con todo, el deseo del cubano sigue siendo más fuerte que la propia realidad: “Obama cambiará de opinión en el último momento”; “Los abogados harán presión”; “Cruzaremos la frontera con la esperanza que no nos deporten y el amigo americano se apiade de nosotros”; “Trump lo va a cambiar todo porque quiere cambiar todo lo que hizo Obama”; “México no permitirá que miles de cubanos campen por su país, indocumentados, sino que negociará de águila a águila”.

Las noticias se filtraban bajo el paraguas de la desgracia. Y así, esa desesperación familiar se alza como uno de los temas, tal vez el gran tema junto la migración y las deudas, de las familias cubanas que no viven fuera de Cuba.

Calzándose los pies secos y mojados.

No es infrecuente encontrar un familiar que conoce alguien que se ha ido a hacer “la América”, como diríamos: la única que en el campo de los sueños del cubano está a la altura de sus deseos: deseos, tal vez, inconscientes y reprimidos por un padre demasiado duro con sus hijos, de quienes los complejos les devoran por dentro. Este “Dorado” es en el horizonte de las expectativas un punto lejano e inalcanzable pero destacable y comprensible, del que se puede hablar y planear; la meta final, que no es otra cosa que un hito del camino, ya que éste prosigue después de la meta; de la misma manera que el cubano necesita respirar y dormir tras una larga jornada avanzando por la selva americana, remando en patera o cruzando salas de inmigración, o interrogatorio, habitaciones de hoteles o despachos de abogados.

(c) Ferran Escrig, 2017

El 12 de enero, a las 17:00, la ley de ajuste cubano fue enmendada con un decreto presidencial y el compromiso entre el lagarto verde con el águila. Dicha ley, aprobada durante el periodo especial, tuvo el poderoso efecto de un imán para las voluntades férreas: cualquier ciudadano cubano que tocase territorio americano podía acogerse a dicha ley para adquirir residencia y el derecho a las ayudas. La medida, destinada a doblegar el comunismo tocado de muerte tas el derrumbe de la URSS, cumplió su función desde el campo americano: permitió que el necesitado cruzara el muro, bajo su cuenta y riesgo, claro; un muro, el muro de Cuba, el mar Caribe, las aduanas y su burocracia, que no iba a ser menos muro que el de Berlín, o el de Palestina, o el del mismo Trump en México, pero que la política exterior americana consiguió romper.

Los cubanos fueron desapareciendo poco a poco de la isla, y ésta fue quedándose sin su “Primavera”, y a su vez, sin el capital humano que se cotiza mejor en el extranjero, algo que los Castro han entendido, demasiado bien. Sin embargo, para los pies secos o los pies mojados, el riesgo era la oportunidad de cumplir su sueño; sueño deformado, incluso mito, sobretodo, cuando el deseo quiere vencer la realidad con la idea ingenua de que los americanos aman los cubanos inmigrantes porque estos vienen de odiar la dictadura.

El filo de este decreto ha cortado los amarres del siglo XX. De repente, el cubano inmigrante despierta del mito: los americanos no nos quieren. Obama, el amigo yanqui, es un traidor (ni Pánfilo lo sospechaba). América no es ya el mismo sueño, o en todo caso, seguirá siendo el sueño de una administración soñado por una isla que chocará con la realidad de la próxima administración. Los cubanos que brindaron con champán la muerte del dictador y su putrefacción en el infierno, ahora aplauden el final de una era que les dio lo que tenían: unos padres que pudieron emigrar y adquirir la residencia para darles bienestar.

Al igual que con las “Latinas por Trump”, el americanismo lo puede todo para las minorías, incluso, movilizar sus miembros asentados contra su intrahistoria, como ese cubano-americano que cree que todo le viene dado, o aquel que olvida las razones de la historia. Incluso, para el imigrante ilegal, quien aún no se acostumbra a una América que le hizo soñar lo que ya no es sueño y ha dejado de existir. Hoy, el pies mojados —o secos— que cruza la frontera americana, sin visado, cruzará al siglo XXI: no tiene más privilegios que cualquier otro imigrante, y mientras evalua la jugada de la historia, y, probablemente, renuncia al sueño americano, los brillos de un nuevo Dorado empiezan a aurear sobre su frente: los destellos de un crucero de Norwegian Cruise Line, arribando.

Llega a Cuba primer crucero de Norwegian. La empresa con base en Florida espera que el presidente Donald Trump no altere las relaciones comerciales con la isla

Fuente: El Nuevo Herald, 2017

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L’aixovar del lector

El llibreferit mira ensinistrat, com un gos d’atura. Escruta els lloms, els títols, i les portades. Reconeix els signes que li indiquen la presència d’un autor determinat, una editorial, o la seva vàlua bibliòfila; fins i tot, ho identifica pels colors i les mides.

Entrar en una llibreria, però, on tot està  endreçat i els llibreters coneixen les referències, no proporciona el mateix grau d’excitació que entrar a una botiga de llibres vells, uns encants, un rastro, o una botiga de segona mà. Quan s’entra en un d’aquests espais s’obre el ventall del possible, tan excitant com ho és pel caçador la topada amb una peça major, o pel cercador de tresors, uns bocins d’argila. És aquesta excitació pel risc positiu, on l’única cosa per perdre és el desig de tenir-lo, el plaer únic que proporciona una cacera “estocàstica” de llibres de segona mà.

Ráfols-Casamada. Font: www.lacerverinadart.com

Penso que el cas de la biblioteca Ràfols-Casamada de l’any passat també anava de tot això. No pel trasbals de les “consciències pàtries” sinó per l’excitació dels instints selvàtics dels qui sortim a “caçar llibres”. El dia de la notícia, recordo que hi era als mateixos Encants, a la part de dalt, observant com uns periodistes entrevistaven l’afamat venedor d’accent magrebí, i com uns nens s’abocaven a la barana i els hi cridaven “aquí, aquí, queremos salir por la tele. Aquí, aquí.” En arribar a casa vaig saber de la notícia, i llavors vaig interpretar la fressa d’aquella tarda al voltant d’aquella parada carregada de llibres.

Em vaig quedar amb les ganes, però al dia següent ja només quedaven llibres d’edicions sobre arquitectura, il·lustració i política. No va tardar massa, però, en haver-hi un incert rebombori. Com és que l’administració catalana no havia tutelat ni s’havia fet càrrec de la biblioteca personal del pintor? Algunes veus van afirmar que s’havia fet una oferta, però que aquesta va fer-se després d’haver aparaulat la venta amb un col·leccionista privat; d’altres, que l’oferta no era massa sucosa ni decent; i finalment, que el col·leccionista va pagar 2440€ pels ex-libris sobrants del pintor, o que, fins i tot, no tenien prou valor per donar-les a la mateixa fundació del pintor, qui es va mostrar inexplicablement dolguda (no ho sabien, doncs?). El cert es que l’eco d’aquest fenomen, més corrent del que la gent sol pensar-se, va arribar per la denúncia d’un tal Joan Pinyol, filòleg, qui sembla no va poder suportar el canibalisme pornogràfic d’aquella tarda, i del qual els diaris van fer-se un pèl de ressò, no massa tampoc.

Dit això, el fat de la “Ràfols–Casamada” i el d’altres persones, conegudes i anònimes, no ens hauria de preocupar gaire. S’ha de considerar que els llibres que acumulem durant la vida, com a part íntegra d’aquesta? O és que volem creure que per contacte, o fent un gargot a l’interior, es converteixen en una peça intransferible? El fet és que el destí final dels llibres no hauria de ser gaire diferent al d’acabar en els Encants: allí, al menys es potinegen, es palpen, s’oloren, es fullegen, es miren, es compren, es regategen, en definitiva, s’erotitzen: cobren una segona vida, la de la segona mà. I la pornografia bibliòfila és morbosa i excitant.

Ser llegit quan s’està mort, o usar l’aixovar d’un mort, tot i que no et serveix per res, és una manera d’estar viu en l’altre. Que un llibre acabi en mans d’un altre i que aquest pugui descobrir el teu ex-libris, les teves notes, una carta a mig escriure entre pàgines, una corol·la premuda, una postal rebuda, una entrada de teatre, o una caricatura, és d’un transcendentalisme gens a envejar del de qualsevol ètica o religió.

També és cert, però, que els llibres poden patir desperfectes i ser destruïts parcialment, o totalment. Però això, més que un fet advers en un llibre del que es poden obtenir còpies, és un element estocàstic que eleva el seu valor. No és així que les àmfores malmeses i els derelictes obtenen major reconeixement per l’estat final d’aquesta lluita contra el temps i els elements, entre la conservació i la destrucció? Les antigalles, quan més malmeses i més úniques, millor. És la vida passada de l’objecte, l’ús que se’n va fer, la que li atorga valor en aquesta segona.

Personalitzar-los pels qui vindran, o ser únic per ser escàs. Vet aquí un dels fats del llibre de segona mà. Un botí que no se li hauria de negar a cap caçador de llibres.

El País. La biblioteca de Ràfols-Casamada

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300 días para crear un juego

La primera vez que surgió la posibilidad de crear un entretenimiento con la política del estado fue por el 2010, de la mano de Xavier Poy, viejo amigo aficionado, como un servidor, a los juegos de mesa; hablábamos de un tablero y de dos modos de juego: bipartidismo y pluripartidismo. A modo de ejemplo, decíamos cosas tales, en colores distintos, como:

—Tot i així, crec que tant en l’eix econòmic com en el social es podria afegir una “propietat” més que representés la distribució. Per exemple, pots tenir una província molt rica, però amb una mala distribució (molta gent rica i molta gent pobre). El mateix en l’eix social, pots tenir una província molt “contenta” globalment però mal distribuïda (Un sector molt content i un altre que no, per exemple catòlics o laics).

—Bé, la idea es bona. Potser podríem fer que cada província tingués una puntuació variable d’ EQUILIBRI TERRITORIAL (serveis inversions, etc.): si el número es igual que el del poder econòmic, la província esta equilibrada x-y=0. Si hi ha menys equilibri hi ha mala distribució (excés, o defecte d’inversions: els punts resultants serien punts negatius).

Comentábamos que el mapa de las provincias de España daba bastante juego, y que cada una de ellas disponía de un valor económico y político, que sumados daban lugar a un valor total. También, que las comunidades daban influencia, y sopesamos la idea de hacer un Monopoly donde en vez de hoteles, en realidad, se “ganaban” provincias.  El objetivo del juego era hacer una reforma del estado, ganar por mayoría absoluta o el estallido de una revolución.

Sin embargo, como nos suele ocurrir, el proyecto de seis páginas acabó en el dropbox del olvido eterno, tras lo cual, nos dedicamos a diseñar un nuevo juego sobre la especulación inmobiliaria que corrió la misma suerte (aunque en esta ocasión, llegamos a hacer un pequeño playtesting).

No volví a recordar el proyecto hasta que en el 2012, de la mano de Sergio Fonseca la plataforma Portaldjuegos.com, surgió el tema en largas conversaciones telefónicas motivadas, en parte, por el 15M y los escándalos de corrupción. Eran tiempos interesantes, y tal y como estábamos enfrascados en un proyecto de promotora de juegos en Barcelona, la idea regresó, y con ella empezamos a darle vueltas al diseño.

Una de las ventajas de ser algo “veteranos” es que podemos partir de estructuras de juegos previos con las que resolver cuestiones de dinámica de reglas. Algunos de estos juegos se han quedado grabados en la memoria por la facilidad con que permitían comprender las relaciones entre grupos o facciones políticas. Algunos de estos fueron, Red Empire, Republic of Rome, Twilight Struggle, Gallactica, o Junta, sin desmerecer el “tute subastao.”

Sin embargo, el proyecto Portaldjuegos.com echó el cierre al cabo de dos años, en el 2014. Por un lado, nos hacíamos padres, y nos quedábamos sin tiempo y sin dinero; por otro, tras dos años de pruebas no supimos qué orientación dar a la plataforma: ¿queríamos convertirnos en tienda? ¿Distribuidora? ¿Queríamos seguir como promotora sin ánimo de lucro? Por aquel entonces ya habían empezado a salir juegos de mesa que representaban la crisis española, y recuerdo que en las jornadas uno empezaba a encontrarse con Troika, y Crisis, juegos a los que no he podido jugar, aún.

No ha sido hasta hace unas semanas que me enteré de la existencia de “D€mocracia”, un juego diseñado por aficionados madrileños, y editado por Verkami, con cierto eco mediático, que fue presentado durante la fase de mayor indignación política que se recuerde en España. Quizás sea el juego satírico sobre política española más desarrollado que haya podido encontrar en la web, aunque desconozco bien su funcionamiento.

Ha sido en el 2016, con el “bloqueo de los 300 días” y el “motín del PSOE”, que la vieja idea de crear un juego sobre la política española regresó. Esta vez, de la mano del Homo Ludens de Johan Huizinga y con los contenidos de elecosinpasos.com, se dio una simbiosis paradójica con la que extraer la motivación necesaria para ludificar la política española del ahora.

Este “ahora” es tal y como lo comprendo del relato que crean los medios y los políticos. En todo caso es una representación y, por lo tanto, un tipo de arte más que un tipo de ciencia. En ningún caso pretende ser una clase de historia, aunque los juegos y la historia tengan un punto en común (la comprensión de las relaciones entre grupos o clases rivales).

La confección de un juego político es también una manera de proyectar entelequias y problemas sociopolíticos sobre una estructura de reglas y de relaciones interpersonales entre intérpretes, es decir, los jugadores. Es, cómo decirlo, una forma de aclarar un problema entre varios; de especularlo, de colocarse por encima de él —de su tablero—desde donde observar las fuerzas que lo dominan y ejercerlas.

Periodistas, escritores, blogueros, narradores del relato y de sus subtramas, todos ellos han llenado de apologías y prosélitos las redes en los últimos dos años. Recuerdo la fiebre por opinar a favor o en contra durante “el procés”, o la “crisis del PSOE”, o el “bloqueo de los 300 días”; recuerdo el fanatismo con que muchos hábiles oradores arengaban rebaños a favor o en contra a cambio de simpatías y banderas. Lo recuerdo con cierta decepción pero, en todo caso, como resultado de un momento importante de cambios que no sabemos a dónde nos llevarán.

En este estado de ánimo me he lanzado a escribir un guión y hacer algunos bocetos.

Y hoy, tras unos dos meses y medio intensos, ya está hecha la primera versión.

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L’article que anava a publicar

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Entrevistem Ferdinand Frost, col·laborador i personatge de ficció, respecte a l’article que anava a publicar: “La independència de Catalunya serà beneficiosa per Espanya”, article que ha estat desestimat per la pressió de la campanya electoral.

 

—“La independència de Catalunya serà beneficiosa per Espanya”. No li sembla un titular una mica tendenciós en hores de campanya?

—Sí. Era el títol de l’article que anava a publicar. Si de cas deixi’m canviar-lo: “La tensió política abocarà al govern a buscar un enteniment que beneficiï a les parts”. Què li sembla?

—Més moderat. Però perquè no l’ha publicat?

—Perquè estem en campanya

—I pot explicar per què anava a publicar-lo?

—Vejam. Si ens fixem en l’evolució de la relació Madrid-Catalunya ens trobem diferents etapes. Veiem que cada una es correspon amb una crisi que es soluciona amb un pacte.

—Ja l’entenc. Vol dir que passi el que passi, la resolució d’aquest conflicte acabarà amb un pacte?

—Exactament. Hi ha molta gent disposada a canviar les coses només perquè al PP li interessa que tot segueixi igual.

—I aquest pacte com serà?

—No ho sabem, perquè això dependrà de les forces en conflicte i dels riscos que es vulguin assumir. Algú replanteja ara l’Estat Federal, d’altres una disposició addicional, un “cupo, o la cessió d’impostos. Fins i tot hem tornat a sentir la paraula “nació” en classes de didàctica socialista sobre estat i nació. També es coqueteja amb la regeneració, la reforma de la constitució, i fins hi tot, es fantasieja amb els Països catalans. A mesura que avança la campanya, més es polaritza i sembla que tot pogués passar. En resum, totes aquestes solucions no son noves sinó del passat que retorna a cada moment quan es va optar per un model pactat en base a les forces i jugadors que llavors participaven. Avui és curiós però sembla que tot torni a començar, com si fos una quarta temporada del 1895.

—Què vol dir?

—En l’article que anava a publicar, li explicava que cada quatre dècades, una generació viu un augment de tensió entre poders que culmina amb un pacte. Com les onades d’un estany, l’eco de la història sembla que ens vulgui dir alguna cosa. Avui estem a la dècada dels 2010’s, en “el procés”, però als 1970’s començava “la Transició” cap a les autonomies, i als 1930’s s’aprovava “l’Estatut d’Autonomia” a  la nova república, i abans, cap als 1890’s, la Unió Catalanista proposava les Bases de Manresa i arrencava amb el “desastre del 98”. L’estructura econòmica també sembla seguir la mateixa línia ja que es correspon en cada cas amb un període de crisi socioeconòmica: el desastre del 98 i la Mancomunitat, la crisi de la monarquia i l’estatut, la transició i les autonomies, i avui, la crisi del deute i el procés. No sé si hauríem de ser hegelians o etnicistes amb això. Direm, doncs, que només és una consideració estètica que il·lustra una tendència.

—Hegelians o etnicistes?

—Idealistes o folkloristes.

—I l’intercanvi de cartes entre Felipe, Duran, i Mas? I les declaracions dels ministres, i les crides dels drets històrics? Això compta?

—La superestructura catalana ja té el discurs ben perfilat i avui és més madur però encara és novell i li falta feedback, resposta, per a ser pragmàtic. De totes maneres, la discussió superestructural només interessa per guanyar-se el valor moral de la partida, i és un debat d’idees enquistat que no aporta solucions; vull dir, que només té o bé un ús cultural o propagandístic i sovint emocional. Encara que es vulgui monopolitzar el discurs no crec que les ideologies del XX en l’era tova i líquida del pensament dèbil, l’era del Facebook, dels viatges “lowcost”, i Google, tinguin gaire cosa a monopolitzar. Són l’embolcall del paquet. El que importa es l’interior del paquet.

—I que hi ha dins el paquet?

Hi ha nous votants. Hi ha joves a l’atur que volen millorar com volien els seus pares al 78 i com volien els nostres besavis al 31. També hi ha una societat mitjana molt més madura i envellida, i una premsa amb poca autocrítica. Molt de soroll i poc respecte per l’adversari. Dins aquest paquet també hi ha una necessitat d’organització territorial més eficient, de reducció de dèficits i de millora de gestió. El gran problema avui és el deute i la reducció del mateix que origina l’austeritat, i això val per a tota Espanya. També hi ha l’aversió a les majories absolutes del bipartidisme, i a l’immobilisme del govern actual. Ara, les grans estructures financeres són les que no volen canvis. Fixi’s en les declaracions de la CEOE i de Foment. Són el mateix discurs que el govern de majoria absoluta del PP. Només la CECOT, que representa un menor volum de negoci, encara que un major nombre de petits empresaris, es desmarca, i mentre el fòrum del Cercle d’Economia diu que s’ha de pactar, els bancs de l’Ibex acaben d’entrar en campanya a la contra. L’alta burgesia no vol riscos, i la mitjana i la petita s’ho pensen, però els sindicats majoritaris passen de puntetes perquè no volen fer-li el joc a la dreta. I els proletaris? la classe baixa? amb un 24% d’atur i un sou mitjà baix, cap els 1000 €, entre conformada i indignada.

—Potser que després del 27S tot segueixi igual.

—Augmentarà el soroll perquè molt vot independentista és de protesta. Però sí, això és molt probable que sigui el que acabi passant, al menys aquest any, perquè el que farà agafar por als mercats internacionals serà el 20D, que s’articularà en base als resultats del 27S. Primer hem de saber el resultat de les catalanes i llavors les generals. Fins desembre no sabrem com s’esdevindrà la partida.

—Expliqui’s

—Veurà. Des d’aquí la campanya es plena de soroll, i des d’allí també. Però els candidats al 20D ja estan fent la campanya sucursalista a Catalunya, i si el 27S dóna majoria sobiranista, el 20D molt probablement hi hagi llista comuna catalanista. Hi ha molt d’interès per saber com seran les generals, un joc de pes internacional on el pot és molt alt, i que depèn molt del 27S. Com reaccionaran els partits estatals després del 27S? Ara tothom vol escombrar cap a casa, però hi ha un fet que no s’escolta i que serà el fil conductor del 20D: així com hi ha una Catalunya que li interessa la independència, hi ha una Espanya que li interessa la regeneració, i és aquesta Espanya que vol el canvi la que ara no té veu ni poder. En L’article que anava a publicar deia que aquest és el fat del país, com en el 78 i el 31. Només per ambdues bandes es pot encaixar un projecte comú, però aquest encaix implica renúncies.

—Quin tipus?

Renúncies per part de l’Estat i de Catalunya, per suposat, tot i que dependrà, sobretot, del muscle polític de cada part, perquè sense majories fortes ningú es pren en sèrio l’adversari, i les renúncies al pacte fiscal i a la modificació de l’estatut indiquen clarament que el bipartidisme no vol canviar de regles ni de joc. Una via escocesa donaria anys de marge i calma, però també una reforma de l’estat que centralitzi més el poder a Madrid a canvi de donar major poder a Catalunya, o un lliberal “café para todos” que impliqués una confederació de 4 o 5 estats, etc. De fórmules n’hi ha, sempre que el poder financer i econòmic, que té la última paraula i és la força viva, no surti greument perjudicat. És, ara per ara, el que se m’acut. Hauria de preguntar a un expert en administració.

—Vol dir que, potser d’aquí un any tindrem referèndum vinculant, reforma de les diputacions i de les comunitats?

—No. Vull dir que la possibilitat està present, però cal veure les voluntats polítiques al marge de les declaracions i, sobretot, el joc del poder. Pensi que en aquest país la força se’n va sempre per la boca. Tot dependrà de si guanya la candidatura JXS+CUP amb majoria absoluta i de si no fan trampes ni estupideses. Si succeeix poden venir canvis.

—I l’avís de la UE?

—En efecte, es tracta d’un advertència que no tindrà molta influència el 27S. Però la tindria en les negociacions després del 20D.

—Però com pot ajudar el sobiranisme a millorar Espanya?

—En L’article que anava a publicar, deia que el moviment del 15M es va convertir en la mobilització d’electorat que li calia a Podemos, i recordava un malagueny de Podemos de visita a Barcelona que em va preguntar què en pensava. Podemos és (o era) la reacció contra un estat immobilista que defensa el mercat i el R78, però a Catalunya, la forma tradicional de protesta exterior ha estat la mobilització catalanista, tant de dretes com d’esquerres, i avui en dia és tant catalanista com sobiranista segons el grau d’intensitat. Afora d’aquí no s’entén perquè juguem amb dues baralles, la de la classe (dreta o esquerra) i la de la nació (sobiranisme o espanyolisme), i això és el que genera estupor a jugadors com Pablo Iglesias, o a observadors com Julio Anguita, o a d’altres que només juguen amb una sola baralla, la de classe (dreta nacionalista o esquerra pluralista). 15M i 27S no han de ser discursos incompatibles si s’assumeix que ambdós volen canviar el joc i la baralla.

—El joc del poder?

—Sí. A l’article que anava a publicar imaginava que Espanya és una partida de “tute”, o de “tute cabrón”. La partida fa temps que ha començat, però l’actual, la R78, es juga amb una baralla i unes regles de la casa bastant conegudes però amb les cartes gastades i marcades per l’ús. Tothom pot intuir la jugada de l’altre i en aquest joc “quasi” sempre acaben guanyant els de sempre: gats vells (ministres, expresidents, etc.) que fan recelar els jugadors joves i inexperts. Vostè i jo estem mirant la partida. A taula seuen els poders polítics. Posem que dos d’ells són en Mas i en Rajoy i allò que representen avui. Ha llegit Huizinga?

—Sí

—Els últims deu anys de partida, dos poders s’han anat enfrontant més i més; no és que s’hagi canviat el joc, és que un jugador amb moltes fitxes bloqueja l’altre sistemàticament, que te bones mans però no suficients fitxes i va fent jugades que no li surten i fa el ridícul. Però arriba la crisi i els moviments socials. El 2012, 2013, 2014, etc. De cop i volta, el jugador (Mas) veu que té fitxes si aprofita els moviments. Canvia de discurs i es recolza en el públic que porta quatre anys mirant la partida i no és necessàriament votant seu, escridassant al govern Rajoy que es fa el sord. Aquesta massa inclou els que es van desencantar amb el PSC i amb Zapatero. L’oposició i la negativa a negociar converteix la protesta en una pugna que desferma l’instint agonal i competitiu de la tribu.

—Es podria fer un filmet electoral.

—Continuo. Tant un jugador com l’altre fan trampes. La trampa, però, està tolerada pels jugadors vells: corrupció, especulació, retallades express i altres maniobres de dubtosa legitimitat. Molts observadors critiquen la falta de moral però això NO atura el joc, perquè com que tothom fa trampes, com a Itàlia, l’argument moral s’invalida, entén? Aquí, llavors, prenen rellevància els jugadors joves o “nets” que volen canviar les regles i s’atorguen el valor moral i que veurem en els partits nous. Mentrestant, què feia Mas? Mas, que seguia la doctrina d’austeritat imposada, proposa que s’ha de canviar la baralla amb un pacte fiscal però no li fan cas. Llavors, diu que si no es canvien les cartes s’ha de canviar de joc (el procés), i com que tampoc li fan cas, adopta el discurs d’una part de la societat catalana que porta mobilitzada des del 2006 que diu que ja en té prou i vol abandonar la partida (DUI).

—Però això em sembla avui dia del tot improbable.

—És una declaració, és a dir, un farol fins que es demostri el contrari. Llavors, la resta de jugadors es mira i enraona que si un jugador se’n va no hi ha més remei que canviar de joc (administracions, diputacions, mercats, inversions, etc.) i que seria millor canviar de regles abans que de joc. El govern, que va guanyant, òbviament, està en contra d’aquest canvi de regles perquè està lligat pels mercats i el BCE, i pressiona perquè no s’abandoni la taula, primer amb amenaces i després amb altres veus que parlen del veto i l’expulsió de la UE. Cada jugador, mentre dura l’amenaça en campanya electoral, declara les seves jugades que són només això, declaracions, és a dir, possibles farols. Però la incomoditat de Mas, l’aixafaguitarres, va cada dia en augment segons les enquestes. De fet, interessa el xoc de trens perquè el que interessa és provocar una crisi que canviï el joc.

—Si no deixen canviar les regles es canvia el joc. Com que no es vol canviar de joc es canvien les regles.

—Més o menys. El que els interessa a tots els altres jugadors és que l’aixafaguitarres es calmi, però com que no se li permet negociar amb avantatge, és impossible. Ell ho sap, i la seva posició és ben còmoda: a cada amenaça apujar el to, mentre l’estratègia del govern és la de mantenir la ilul·lsió de que el seu joc és el bo, de què guanyaran per ser els bons i els espera el pitjor als dolents. L’estratègia del PP sembla la de guanyar els màxims vots pel 20D i, a jutjar per les declaracions de Margallo, esperar que la “suposada” recuperació econòmica apaivagui les ànsies sobiranistes. D’aquesta manera es desaprofita l’oportunitat de canviar el R78. L’estratègia del PSC sembla la de moderar el to prometent un pacte perquè en Sánchez obtingui el màxim suport el 20D.

—Llavors a qui recomana votar?

—Personalment, no escoltar la crida del vot útil, ni la de la majoria silenciosa. Són fal·làcies. Ningú vota per vostè i el seu vot val el mateix, tan si el fa servir com no: no té cap valor útil individual. Votar creient en la utilitat del seu vot és un acte de fe, de raó pràctica, o d’imperatiu categòric. A la massa li és igual. El vot de les masses és el que té valor i aquestes s’organitzen des de les bases militants i els mitjans de comunicació, la memòria col·lectiva, la mobilització del vot i les enquestes. Ah, i les xarxes socials, l’efecte de les quals resulta imprevisible, com ja es va demostrar en les revolucions àrabs.

Enquesta a 20 de setembre de 2015, EL PAIS

—Però, si hagués de votar a algú?

—En un poble petit, un municipi on tothom es conegui, o amb democràcia directa, m’ho pensaria. Però si no creus en el sistema no votis, o fes un vot sense valor: vota inútil o nul. Ara, si admets que els demés hi creuen, cedeix el teu vot a algú que hi cregui però no pugui votar. El joc seguirà en marxa votis o no, i els teus problemes no canviaran a curt termini.

—Vostè esquiva la pregunta.

—En l’article que anava a publicar, deia que t’has de plantejar si t’interessa que es canviï el joc, les regles del joc, o deixar-ho tot igual. Passi el que passi el 27S el joc continuarà el 20D, i pel que hem vist a Grècia, a Espanya, malgrat les bones intencions d’un país tou i endeutat, no hi ha res que ens garanteixi les promeses dels seus polítics.

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