Eliseo Diego

No hay algo más fantástico que la realidad. Eso del realismo mágico es una tontería, una redundancia. La realidad es magia. Tú fuiste un niño, ahora eres un joven, y después te pasará como a mí, serás un viejo. Es un hechizo. Dentro de mí está un muchacho de veinticuatro años. Tan terrible es que te conviertan en un cerdo como en un viejo. Cuando te caigan los años, sentirás que te han hechizado. Es muy desagradable, pero es fantástico. El proceso de cómo venimos al mundo es fantástico. No hay escritura de ciencia ficción que pueda imaginar criaturas como nosotros. Imagínate el proceso de la vista. Es una cosa increíble. La conciencia. El pensamiento. El misterio del mal y del bien. El hombre es el único animal que mata por placer. Qué raro es eso, ¿no? ¿Cómo es posible que un animal se complazca en el sufrimiento de otro? Este misterio es parte de las cosas que me azoran, que me asombran.

 

Eliseo Diego, 1992. citado en Los imposibles 6, de Leonardo Padrón, 2014, Planeta.

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Franconstein 3D

 

Tras cruzar una explanada que domina la cruz gigantesca de hormigón sobre el cerro ya no hay marcha atrás; como tampoco hay signos de vida, ni de guardias, ni de turistas entre los parterres, o bajo los arcos de mármol. Al cruzar el portón que da al vientre de la montaña, la goma de tus suelas rechina sobre el mármol. Bajo la bóveda de medio punto, en la penumbra, avanzas sigilosamente flanqueado por unas texturas de pórfido que se repiten hasta el fondo de la nave. El espacio va abriéndose paso ante ti, a medida que avanza tu nerviosismo, como si no fueras tú quien anduviera. No hay ni un alma. Demasiado tranquilo. Tu instinto te indica que el silencio y la soledad de la tumba parecen premeditados. Llegas a la cabecera cubierta por texturas marmóreas y graníticas; allí, bajo la luz eléctrica en forma de antorchas laterales, un altar se eleva ante dos tumbas pesadas, una de ellas abierta. Entonces, de los altavoces que hay colocados en las jambas adosadas redobla un tambor, una marcha, aquella que resonaba junto a las botas que conquistaron Europa. La tumba está vacía; la losa blanca ha sido apartada, y tras Johnny go marchin’ home… el zapador, que cae en la alambrada… SA marschiert, mit ruhig und festem Schritt… Tus ojos se centran en la puerta metálica del final de la nave. Apoyando mejor el fusil ametrallador sobre el antebrazo, das algo más de juego a la correa de munición. Empuñas el asa y corres la puerta hacia la derecha cuando, ya, sobresaltado, un aciago Guten Tag! ¡Arriba España!

Guten Tag! ¡Arriba España!

Guten Tag! ¡Arriba España!

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Vacaciones morales en Europa

Se ha instalado la impresión de que el pragmatismo es la opción que mejor se acomoda a este siglo XXI, donde las circunstancias actuales, desde la segunda mitad del siglo pasado, se vuelven tan “líquidas” que no hay idea que sobreviva fija al río global. En Europa, la política ha girado hacia el pragmatismo político; asistimos a reacciones y declaraciones que se apartan de los idearios y se acomodan a las circunstancias como vía de escape a la muerte o inutilidad de las ideas.

Por pragmatismo se entiende “ser práctico”, o “tener sentido común”. William James, psicólogo y uno de los divulgadores del pragmatismo filosófico norteamericano, nos ofrece una respuesta que puede encontrarse en uno de aquellos libros de la editorial folio, pongamos por caso, que los estudiantes pre-bolonia aún recordamos.

Pragmatismo. William James. (Ed. Folio)

Pragmatismo, de William James

James dio ocho conferencias que tuvieron lugar en Boston y New York, entre 1906 y 1907, en las que se expuso la filosofía pragmatista (de pragma, acción) que no es sino la antigua filosofía del sentido común —tal y como defiende el subtítulo de la obra: un nombre nuevo para algunas formas de pensar antiguas—. El concepto no es originario de James, ya que Charles Pierce y John Dewey lo habían acuñado el término mucho antes (1878), pero James analizó las consecuencias morales y metafísicas, y propuso algunas soluciones no exentas de polémica.

El pragmatismo no es una postura radical. No defiende ideas objetivas o absolutas, pero tampoco niega los conocimientos (puesto que las nuevas ideas se acomodan a las creencias o conocimientos previos), sino que los “armoniza” para que puedan, de alguna forma, coexistir dentro de los límites de la experiencia. Dicho de otra forma, el pragmatismo se coloca en los límites de la razón práctica, entre el espíritu delicado —racionalista—, y el espíritu rudo —empirista—, pero sin el dogmatismo ni el escepticismo de ambas posiciones.

El problema principal del pragmatismo es: ¿qué es la verdad, y para qué sirve? La respuesta es simple: todo lo verdadero es aquello que pueda ser verificable mediante la experiencia y tenga una utilidad que lo justifique. Es útil porque es verdadera, y es verdadera porque es útil. En consecuencia, toda idea es verdadera mientras la corrobore la experiencia que la produjo, e implique poder de actuación sobre el mundo. Cada forma de pensar es un modo de adaptación a la realidad.

Así expuesta, la verdad es un proceso; se va haciendo. Para que algo sea verdad debe superar un proceso de verificación y de validación. Pero éste requiere que nuestra conducta se oriente hacia lo que vale la pena, es decir, que nos permita hacer nuevas conexiones con hechos ventajosos y nos permita tratar con la realidad adaptando nuestra vida a su marco. Por ello, la experiencia posterior a la idea es imprescindible para validarla, aunque sea ésta indirecta, o potencial. Las verdades se validan sobre viejas verdades que han dejado de ser útiles, y así, también de las experiencias validas surgen nuevas ideas. Estas verdades son tales porque valen la pena y aportan una retribución, como la riqueza o la salud.

Sin embargo, el pragmatismo no aporta nuevo conocimiento, pero tiene dos ventajas: la primera es orientar la actitud hacia los hechos, y la segunda, suavizar las disputas entre dogmas trazando consecuencias prácticas en caso de que fueran o no ciertos. Por ejemplo, si entre dos ideas contrarias no existe ninguna diferencia práctica, el pragmatismo niega que ambas ideas sean diferentes u opuestas; o dicho de otro modo: las hipótesis inverificables, o que dan el mismo resultado, son igual de válidas dado que no cambian la experiencia en caso de ser ciertas o falsas.

La ética pragmática podría resumirse de la siguiente manera. Lo que es verdadero es una especie de lo bueno —lo ético—, porque es útil (nos da una ventaja que antes no conocíamos) y, por lo tanto, nos conviene, siempre que no contradiga otra ventaja vital. Este es el llamado sentido común de la experiencia, que se remonta a Sócrates y a Aristóteles, sobre todo.

William James

Las vacaciones morales

William James define el término “vacaciones morales” para definir la indiferencia que sentimos por el mundo, que sigue sin nosotros mientras nos consolamos en la creencia en nuestras ideas absolutas.

Hoy resuena un eco de “vacaciones morales” en el que la fe en un mercado o una Europa infalibles nos consuela y nos hace indiferentes frente a las catástrofes ajenas. Sin embargo, parece tener más éxito político la acepción literal de dicha expresión, es decir, como un lapso determinado por las circunstancias donde se puede actuar al margen de la norma.

Este punto de vista no defendido por William James, pero en cierta medida pragmático si aceptamos que saltarse las normas es bueno si es útil y verificable, es la esencia misma de la realpolitik. Es precisamente la suspensión de la moral —o de la ideología— durante un tiempo, lo que permite acomodar la nueva realidad a la práctica dejando de lado las viejas ideas. Sin embargo, el pragmatismo político sólo se parece al filosófico porque, en realidad, responde a motivaciones distintas: el poder en el primer caso y la utilidad (pública o privada) en el segundo. Aunque se parece en sus efectos, se trata de diferenciar entre Maquiavelo y John Stuart Mill, a quien William James dedica sus conferencias. James defendía que para la existencia humana es necesario tomarse alguna vez “vacaciones morales”, pero lo decía en el sentido de la búsqueda de consuelo dentro de las creencias de uno mismo, abandonando la inseguridad del mundo social.

Pragmatismo político europeo

La suspensión de la ideología durante un tiempo, actitud que recuerda a la del juego, para obtener una ventaja de la experiencia acumulada, sitúa el pragmatismo, en realidad, muy cerca de la acción política del partido liberal, cuya liberalidad se define precisamente por la iniciativa privada y la libertad individual frente a la ideología.

España es hoy un escenario pragmatista: si la investidura no es posible, la pugna se ordenará en nuevas elecciones. Los poderes desean superar el conflicto, pero matemáticamente hoy no es posible sin un pacto entre poderes que defienden ideologías oponibles. Como estas contradicciones parecen —por el momento— irreconciliables, los partidos toman posiciones para sumar escaños o votos. Sin embargo, ante el miedo a unas nuevas elecciones, los partidos que se ven, o se saben débiles, es decir, los partidos que tienen más motivos para creerse perjudicados por nuevas elecciones, o que necesitan de otros partidos para gobernar, se orientan hacia el pragmatismo. Nos encontramos, pues, conservadores negociando con socialistas y estos con liberales en contra de lo que anunciaron durante la campaña y, repetidamente, durante las entrevistas televisadas.

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez y el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, durante la firma del acuerdo de investidura. (www.elconfidencial.com)

Estos partidos se aplican unas “vacaciones morales” para acomodarse a la investidura, y permitir entrar a cualquiera que este dispuesto a renunciar a su ideario, temporal y selectivamente. El objetivo es evitar el desgaste de nuevas elecciones con la creación de un centro pragmatista para mantener el control de la investidura. Los viejos socialistas no echan ascos a que Pedro Sánchez pacte con su oponente en una demostración más de que el PSOE es, en realidad, un partido que puede tomarse vacaciones morales. Dicho de otro modo, un partido de práctica liberal. Por su lado, la ideología conservadora del PP, como el socialradicalismo de PODEMOS, están más predispuestos a ir a la contienda.

La renuncia temporal al ideario sitúa la práctica socialdemócrata europea en las mismas posiciones que la de los liberales. En el caso español, además, las tensiones territoriales y financieras llevan a actuar a los socialistas conjuntamente con los conservadores (como en el caso del Parlamento Europeo). Está por ver si en España el conservadurismo también se tomará unas “vacaciones morales”, o si, por el contrario, está dispuesto a vencer a sus oponentes en unas nuevas elecciones.

El fin de una Europa que no llegamos a conocer.

Desde el fin de la política de bloques, hemos asistido, primero, de la mano del laborismo británico, y luego, por el mismo zapaterismo, a la derrota de las ideologías frente la utilidad; se trata del triunfo del estado de confort ideológico, político o moral, frente al conflicto de la dialéctica histórica. El pragmatismo político no creará una nueva idea de España, ni de Europa, ni pretenderá cambiar estructuras, porque eso implica superar e integrar contradicciones, asumir riesgos y errores; el pragmatismo europeo acomodará los partidos en una zona confortable en la que se pueda actuar al margen de sus idearios, siempre que sea útil. Verificable y útil. ¿Pero para quién? ¿Para quiénes? Esa es la cuestión.

En todos los casos, allí donde triunfa el pragmatismo se tiene la sensación de que se supera un obstáculo, pero me temo que esto no es así. No es lo mismo superar un obstáculo que resolver un problema. El pragmatismo requiere de una dosis de escepticismo por ambas partes, y con ésta se renuncia a una parte de la realidad; si el sentido común nos da mayor confort siempre será a costa de algo, y ese algo es a cambio de vivir únicamente en el presente, olvidando un futuro (que existe en la creencia) y el pasado (nuestra historia y nuestra moral), y para los que aún creen en la democracia representativa, a costa de la decepción que provoca la falta autenticidad y liderazgo en los representantes.

Otro ejemplo. Ante nuestras pantallas desfilan los cadáveres hinchados de la crisis de los refugiados sirios. El asunto, ya se ha dicho, nos retrotrae al pasado y nos impulsa a dudar de nuestros valores y nuestro futuro. Por un lado, indigna que esta situación haya vuelto a pasar, y por otro, nos decepciona el futuro hacia el que Europa se tambalea, si es que ha existido alguna vez esa Europa de la que alguna vez oímos hablar. Puede que hoy Europa resulte menos útil (y verificable) de lo que pensamos, dado que la resolución del problema no es realizable a causa del bloqueo político del sistema de membresía europeo, y la falta de una decisión ejecutiva convincente. En realidad, la solución ya fue acordada. Sólo hay que seguir lo que dicen las resoluciones y la carta de los Derechos Humanos.

Mientras que las reuniones y cumbres de refugiados evidencían la incapacidad ejecutiva de Europa, por otro lado, la conmoción que ha provocado la fragilidad de un niño con una sola fotografía ha hecho mucho más por conmovernos y empujarnos a resolver el problema. Es un hecho que da que pensar. ¿Nos hemos olvidado de las emociones? ¿Otra vez? Si Europa no se atreve a salir de su zona de confort y las ideologías fracasan dentro de su laberinto político y regional, ¿cuál será el futuro? ¿De quiénes? Pregúntese luego. ¿Qué lección sacaremos de aquí? Pero, sobretodo, recuérdese que Europa se está jugando su pasado.

Refugiados sirios esperan cruzar desde su país la frontera que les separa de Turquía, (http://www.elnuevoherald.com/)

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Los premios Rémmy 2015

La Academia de la Libervisión de Estados Unidos ha entregado los premios de la mejor temporada 2014-2015 en una gala que ha presentado el poeta Alberto Masa (Roberto Alcázar, Supongo). Para comenzar, Wiliam Shakespeare ha recogido su séptimo Rémmy, en esta ocasión por los sonetos escogidos, mientras que Ovidio Nasón se ha llevado el de vate amoroso por Ars Amatoria i Remedia Amoris. Como estaba previsto, Phillip Roth recogió el premio al mejor novelista protagonista de comedia por su papel en El mal de Portnoy. Sigmund Freud consigue su cuarto Rémmy por Totem y Tabú, el sexto de su carrera. En las categorías de miniserie, Miguel Morey ha recibido el premio por su papel en Deseo de ser piel roja, mientras que William Beckford lo consigue por Vathek. Martin Amis recibe el premio al mejor cronista vintage de miniserie por La invasión de los marcianitos, mientras que su compañero de reparto Anthony Burguess se lleva el Rémmy al mejor narrador-protagonista de miniserie por La naranja mecánica. Campo de Retamas, dirigida y producida por Rafael Sánchez-Ferlosio también se proclama como la mejor miniserie de la temporada. Mejor guion y mejor dirección para Historia natural de los cuentos de miedo, de Rafael Llopis. Arthur Schnitzler, Rémmy al mejor narrador de reparto por Història Sommiada. Zygmunt Bauman, mejor filosofo de reparto por Vida Líquida. Johan Huizinga por fin se lleva su Rémmy por dar vida al juego en Homo Ludens. Denis Diderot rompe con la racha de sus cuentos y ensayos y se lleva el premio a la mejor comedia por Esto no es un cuento.

WS. recoge el Rémmy por sus sonetos.

WS. recoge el Rémmy por sus sonetos.

(Agradecimientos a Alberto Masa y a El País)

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L’article que anava a publicar

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Entrevistem Ferdinand Frost, col·laborador i personatge de ficció, respecte a l’article que anava a publicar: “La independència de Catalunya serà beneficiosa per Espanya”, article que ha estat desestimat per la pressió de la campanya electoral.

 

—“La independència de Catalunya serà beneficiosa per Espanya”. No li sembla un titular una mica tendenciós en hores de campanya?

—Sí. Era el títol de l’article que anava a publicar. Si de cas deixi’m canviar-lo: “La tensió política abocarà al govern a buscar un enteniment que beneficiï a les parts”. Què li sembla?

—Més moderat. Però perquè no l’ha publicat?

—Perquè estem en campanya

—I pot explicar per què anava a publicar-lo?

—Vejam. Si ens fixem en l’evolució de la relació Madrid-Catalunya ens trobem diferents etapes. Veiem que cada una es correspon amb una crisi que es soluciona amb un pacte.

—Ja l’entenc. Vol dir que passi el que passi, la resolució d’aquest conflicte acabarà amb un pacte?

—Exactament. Hi ha molta gent disposada a canviar les coses només perquè al PP li interessa que tot segueixi igual.

—I aquest pacte com serà?

—No ho sabem, perquè això dependrà de les forces en conflicte i dels riscos que es vulguin assumir. Algú replanteja ara l’Estat Federal, d’altres una disposició addicional, un “cupo, o la cessió d’impostos. Fins i tot hem tornat a sentir la paraula “nació” en classes de didàctica socialista sobre estat i nació. També es coqueteja amb la regeneració, la reforma de la constitució, i fins hi tot, es fantasieja amb els Països catalans. A mesura que avança la campanya, més es polaritza i sembla que tot pogués passar. En resum, totes aquestes solucions no son noves sinó del passat que retorna a cada moment quan es va optar per un model pactat en base a les forces i jugadors que llavors participaven. Avui és curiós però sembla que tot torni a començar, com si fos una quarta temporada del 1895.

—Què vol dir?

—En l’article que anava a publicar, li explicava que cada quatre dècades, una generació viu un augment de tensió entre poders que culmina amb un pacte. Com les onades d’un estany, l’eco de la història sembla que ens vulgui dir alguna cosa. Avui estem a la dècada dels 2010’s, en “el procés”, però als 1970’s començava “la Transició” cap a les autonomies, i als 1930’s s’aprovava “l’Estatut d’Autonomia” a  la nova república, i abans, cap als 1890’s, la Unió Catalanista proposava les Bases de Manresa i arrencava amb el “desastre del 98”. L’estructura econòmica també sembla seguir la mateixa línia ja que es correspon en cada cas amb un període de crisi socioeconòmica: el desastre del 98 i la Mancomunitat, la crisi de la monarquia i l’estatut, la transició i les autonomies, i avui, la crisi del deute i el procés. No sé si hauríem de ser hegelians o etnicistes amb això. Direm, doncs, que només és una consideració estètica que il·lustra una tendència.

—Hegelians o etnicistes?

—Idealistes o folkloristes.

—I l’intercanvi de cartes entre Felipe, Duran, i Mas? I les declaracions dels ministres, i les crides dels drets històrics? Això compta?

—La superestructura catalana ja té el discurs ben perfilat i avui és més madur però encara és novell i li falta feedback, resposta, per a ser pragmàtic. De totes maneres, la discussió superestructural només interessa per guanyar-se el valor moral de la partida, i és un debat d’idees enquistat que no aporta solucions; vull dir, que només té o bé un ús cultural o propagandístic i sovint emocional. Encara que es vulgui monopolitzar el discurs no crec que les ideologies del XX en l’era tova i líquida del pensament dèbil, l’era del Facebook, dels viatges “lowcost”, i Google, tinguin gaire cosa a monopolitzar. Són l’embolcall del paquet. El que importa es l’interior del paquet.

—I que hi ha dins el paquet?

Hi ha nous votants. Hi ha joves a l’atur que volen millorar com volien els seus pares al 78 i com volien els nostres besavis al 31. També hi ha una societat mitjana molt més madura i envellida, i una premsa amb poca autocrítica. Molt de soroll i poc respecte per l’adversari. Dins aquest paquet també hi ha una necessitat d’organització territorial més eficient, de reducció de dèficits i de millora de gestió. El gran problema avui és el deute i la reducció del mateix que origina l’austeritat, i això val per a tota Espanya. També hi ha l’aversió a les majories absolutes del bipartidisme, i a l’immobilisme del govern actual. Ara, les grans estructures financeres són les que no volen canvis. Fixi’s en les declaracions de la CEOE i de Foment. Són el mateix discurs que el govern de majoria absoluta del PP. Només la CECOT, que representa un menor volum de negoci, encara que un major nombre de petits empresaris, es desmarca, i mentre el fòrum del Cercle d’Economia diu que s’ha de pactar, els bancs de l’Ibex acaben d’entrar en campanya a la contra. L’alta burgesia no vol riscos, i la mitjana i la petita s’ho pensen, però els sindicats majoritaris passen de puntetes perquè no volen fer-li el joc a la dreta. I els proletaris? la classe baixa? amb un 24% d’atur i un sou mitjà baix, cap els 1000 €, entre conformada i indignada.

—Potser que després del 27S tot segueixi igual.

—Augmentarà el soroll perquè molt vot independentista és de protesta. Però sí, això és molt probable que sigui el que acabi passant, al menys aquest any, perquè el que farà agafar por als mercats internacionals serà el 20D, que s’articularà en base als resultats del 27S. Primer hem de saber el resultat de les catalanes i llavors les generals. Fins desembre no sabrem com s’esdevindrà la partida.

—Expliqui’s

—Veurà. Des d’aquí la campanya es plena de soroll, i des d’allí també. Però els candidats al 20D ja estan fent la campanya sucursalista a Catalunya, i si el 27S dóna majoria sobiranista, el 20D molt probablement hi hagi llista comuna catalanista. Hi ha molt d’interès per saber com seran les generals, un joc de pes internacional on el pot és molt alt, i que depèn molt del 27S. Com reaccionaran els partits estatals després del 27S? Ara tothom vol escombrar cap a casa, però hi ha un fet que no s’escolta i que serà el fil conductor del 20D: així com hi ha una Catalunya que li interessa la independència, hi ha una Espanya que li interessa la regeneració, i és aquesta Espanya que vol el canvi la que ara no té veu ni poder. En L’article que anava a publicar deia que aquest és el fat del país, com en el 78 i el 31. Només per ambdues bandes es pot encaixar un projecte comú, però aquest encaix implica renúncies.

—Quin tipus?

Renúncies per part de l’Estat i de Catalunya, per suposat, tot i que dependrà, sobretot, del muscle polític de cada part, perquè sense majories fortes ningú es pren en sèrio l’adversari, i les renúncies al pacte fiscal i a la modificació de l’estatut indiquen clarament que el bipartidisme no vol canviar de regles ni de joc. Una via escocesa donaria anys de marge i calma, però també una reforma de l’estat que centralitzi més el poder a Madrid a canvi de donar major poder a Catalunya, o un lliberal “café para todos” que impliqués una confederació de 4 o 5 estats, etc. De fórmules n’hi ha, sempre que el poder financer i econòmic, que té la última paraula i és la força viva, no surti greument perjudicat. És, ara per ara, el que se m’acut. Hauria de preguntar a un expert en administració.

—Vol dir que, potser d’aquí un any tindrem referèndum vinculant, reforma de les diputacions i de les comunitats?

—No. Vull dir que la possibilitat està present, però cal veure les voluntats polítiques al marge de les declaracions i, sobretot, el joc del poder. Pensi que en aquest país la força se’n va sempre per la boca. Tot dependrà de si guanya la candidatura JXS+CUP amb majoria absoluta i de si no fan trampes ni estupideses. Si succeeix poden venir canvis.

—I l’avís de la UE?

—En efecte, es tracta d’un advertència que no tindrà molta influència el 27S. Però la tindria en les negociacions després del 20D.

—Però com pot ajudar el sobiranisme a millorar Espanya?

—En L’article que anava a publicar, deia que el moviment del 15M es va convertir en la mobilització d’electorat que li calia a Podemos, i recordava un malagueny de Podemos de visita a Barcelona que em va preguntar què en pensava. Podemos és (o era) la reacció contra un estat immobilista que defensa el mercat i el R78, però a Catalunya, la forma tradicional de protesta exterior ha estat la mobilització catalanista, tant de dretes com d’esquerres, i avui en dia és tant catalanista com sobiranista segons el grau d’intensitat. Afora d’aquí no s’entén perquè juguem amb dues baralles, la de la classe (dreta o esquerra) i la de la nació (sobiranisme o espanyolisme), i això és el que genera estupor a jugadors com Pablo Iglesias, o a observadors com Julio Anguita, o a d’altres que només juguen amb una sola baralla, la de classe (dreta nacionalista o esquerra pluralista). 15M i 27S no han de ser discursos incompatibles si s’assumeix que ambdós volen canviar el joc i la baralla.

—El joc del poder?

—Sí. A l’article que anava a publicar imaginava que Espanya és una partida de “tute”, o de “tute cabrón”. La partida fa temps que ha començat, però l’actual, la R78, es juga amb una baralla i unes regles de la casa bastant conegudes però amb les cartes gastades i marcades per l’ús. Tothom pot intuir la jugada de l’altre i en aquest joc “quasi” sempre acaben guanyant els de sempre: gats vells (ministres, expresidents, etc.) que fan recelar els jugadors joves i inexperts. Vostè i jo estem mirant la partida. A taula seuen els poders polítics. Posem que dos d’ells són en Mas i en Rajoy i allò que representen avui. Ha llegit Huizinga?

—Sí

—Els últims deu anys de partida, dos poders s’han anat enfrontant més i més; no és que s’hagi canviat el joc, és que un jugador amb moltes fitxes bloqueja l’altre sistemàticament, que te bones mans però no suficients fitxes i va fent jugades que no li surten i fa el ridícul. Però arriba la crisi i els moviments socials. El 2012, 2013, 2014, etc. De cop i volta, el jugador (Mas) veu que té fitxes si aprofita els moviments. Canvia de discurs i es recolza en el públic que porta quatre anys mirant la partida i no és necessàriament votant seu, escridassant al govern Rajoy que es fa el sord. Aquesta massa inclou els que es van desencantar amb el PSC i amb Zapatero. L’oposició i la negativa a negociar converteix la protesta en una pugna que desferma l’instint agonal i competitiu de la tribu.

—Es podria fer un filmet electoral.

—Continuo. Tant un jugador com l’altre fan trampes. La trampa, però, està tolerada pels jugadors vells: corrupció, especulació, retallades express i altres maniobres de dubtosa legitimitat. Molts observadors critiquen la falta de moral però això NO atura el joc, perquè com que tothom fa trampes, com a Itàlia, l’argument moral s’invalida, entén? Aquí, llavors, prenen rellevància els jugadors joves o “nets” que volen canviar les regles i s’atorguen el valor moral i que veurem en els partits nous. Mentrestant, què feia Mas? Mas, que seguia la doctrina d’austeritat imposada, proposa que s’ha de canviar la baralla amb un pacte fiscal però no li fan cas. Llavors, diu que si no es canvien les cartes s’ha de canviar de joc (el procés), i com que tampoc li fan cas, adopta el discurs d’una part de la societat catalana que porta mobilitzada des del 2006 que diu que ja en té prou i vol abandonar la partida (DUI).

—Però això em sembla avui dia del tot improbable.

—És una declaració, és a dir, un farol fins que es demostri el contrari. Llavors, la resta de jugadors es mira i enraona que si un jugador se’n va no hi ha més remei que canviar de joc (administracions, diputacions, mercats, inversions, etc.) i que seria millor canviar de regles abans que de joc. El govern, que va guanyant, òbviament, està en contra d’aquest canvi de regles perquè està lligat pels mercats i el BCE, i pressiona perquè no s’abandoni la taula, primer amb amenaces i després amb altres veus que parlen del veto i l’expulsió de la UE. Cada jugador, mentre dura l’amenaça en campanya electoral, declara les seves jugades que són només això, declaracions, és a dir, possibles farols. Però la incomoditat de Mas, l’aixafaguitarres, va cada dia en augment segons les enquestes. De fet, interessa el xoc de trens perquè el que interessa és provocar una crisi que canviï el joc.

—Si no deixen canviar les regles es canvia el joc. Com que no es vol canviar de joc es canvien les regles.

—Més o menys. El que els interessa a tots els altres jugadors és que l’aixafaguitarres es calmi, però com que no se li permet negociar amb avantatge, és impossible. Ell ho sap, i la seva posició és ben còmoda: a cada amenaça apujar el to, mentre l’estratègia del govern és la de mantenir la ilul·lsió de que el seu joc és el bo, de què guanyaran per ser els bons i els espera el pitjor als dolents. L’estratègia del PP sembla la de guanyar els màxims vots pel 20D i, a jutjar per les declaracions de Margallo, esperar que la “suposada” recuperació econòmica apaivagui les ànsies sobiranistes. D’aquesta manera es desaprofita l’oportunitat de canviar el R78. L’estratègia del PSC sembla la de moderar el to prometent un pacte perquè en Sánchez obtingui el màxim suport el 20D.

—Llavors a qui recomana votar?

—Personalment, no escoltar la crida del vot útil, ni la de la majoria silenciosa. Són fal·làcies. Ningú vota per vostè i el seu vot val el mateix, tan si el fa servir com no: no té cap valor útil individual. Votar creient en la utilitat del seu vot és un acte de fe, de raó pràctica, o d’imperatiu categòric. A la massa li és igual. El vot de les masses és el que té valor i aquestes s’organitzen des de les bases militants i els mitjans de comunicació, la memòria col·lectiva, la mobilització del vot i les enquestes. Ah, i les xarxes socials, l’efecte de les quals resulta imprevisible, com ja es va demostrar en les revolucions àrabs.

Enquesta a 20 de setembre de 2015, EL PAIS

—Però, si hagués de votar a algú?

—En un poble petit, un municipi on tothom es conegui, o amb democràcia directa, m’ho pensaria. Però si no creus en el sistema no votis, o fes un vot sense valor: vota inútil o nul. Ara, si admets que els demés hi creuen, cedeix el teu vot a algú que hi cregui però no pugui votar. El joc seguirà en marxa votis o no, i els teus problemes no canviaran a curt termini.

—Vostè esquiva la pregunta.

—En l’article que anava a publicar, deia que t’has de plantejar si t’interessa que es canviï el joc, les regles del joc, o deixar-ho tot igual. Passi el que passi el 27S el joc continuarà el 20D, i pel que hem vist a Grècia, a Espanya, malgrat les bones intencions d’un país tou i endeutat, no hi ha res que ens garanteixi les promeses dels seus polítics.

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Salario, precio y ganancia

Salario, precio y ganancia. K.Marx.

Salario, precio y ganancia. K.Marx.

En este “país de porteras”, como algún periodista ha dicho, ser portero tiene ciertas ventajas. El chisme es como el cigarrillo en la cárcel. “Oye, que me he enterado que… Ah sí, qué cabrón… ya decía yo que este no era trigo limpio… ¿Pues sabes de qué me he enterado?” Y así se pueden pasar horas hasta la libertad, montando el guión de una película que nunca se va a rodar.

A veces entran clientes que te dan la mano con un billete plegado en la palma. Este es un gesto muy de película, sobretodo, de película de Almodóvar, pues el cliente, normalmente un caribeño atlético y guapo, va acompañado de un hombre maduro y extranjero. Esos días, el equipo de guionistas tiene trabajo extra.

En estos guiones cabe de todo. El último, tiene que ver con una noticia sobre los salarios de las camareras de piso que salió hace unas semanas.

Un día se presenta en recepción un chico dominicano. Mientras espera a la gobernanta intercambiamos saludos. “Vengo a por la oferta. He sido valet y limpiador, y ahora estoy buscando de camarero de piso.” El hombre es joven pero no está nervioso, tiene la mirada tranquila y el gesto decidido. Aparece la gobernanta y bajan al despacho. “Que tengas suerte.”

El chico sale a los diez minutos. El rostro fruncido. “¿Pero qué se han creído? ¿Dos euros por habitación? Pero con eso no llego ni a ochocientos al mes.”

Las chicas camareras de piso cobran 2,40 por habitación. Suelen tardar 45 minutos, media hora si se dan prisa, con lo que el sueldo es de 3,6 € a 4,8 € la hora.

“Qué esclavistas.” Además, están escamoteando esos 40 céntimos que ya cobran las camareras antiguas. Uno tiende a cabrearse, pero luego pienso que ese salario es el mío y que este inmigrante se ha indignado por ese salario, cuando yo he aceptado el trabajo. Nos saludamos y el chico se va.

Ese día y el siguiente fueron viniendo más candidatos. El 11 de septiembre, mientras las calles se llenaban de cuatribarradas y estrellas, los pasillos inferiores del hotel se plagaban con una nueva brigada de camareros para el “briefing”, quienes trabajando en festivo no cobrarán más de 2€ la habitación. Todos eran inmigrantes.

Este es el reflejo de la noticia a la que me refería. Esta imagen del pasillo, lleno de hombres a la espera, vestidos de negro y haciendo bromas entre ellos, es lo que está produciendo la NEP española, el NWO merkeliano, la gran recuperación de la economía, el despegue del turismo, “eshpañooleeeesss”, etc… Una “puta mierda” de salario que aceptarás porque tienes el marido o la esposa en paro, y dos niños que van a la escuela, o debes mandar dinero para mejorar la calidad de vida de los tuyos. Pero esto no es lo más humillante.

Lo humillante es cuando conoces los casos particulares, cuando, por una equivocación a la hora de lavar una camisa Ralph Lauren, el hotel le dice al cliente que lo paga él, y en cambio, la sirvienta es extorsionada por la gobernanta para que le pague 100 euros de su salario, es decir una camisa Ralph Lauren equivale a esa mujer la limpieza de 50 habitaciones, y luego verla en silencio, apagada, sin decir ni mus porque no tiene elección.

Pero esto no acaba aquí. Desde la reforma del estatuto de los trabajadores, gracias al R78, cocos y ugetes, los convenios están vinculados a la productividad, pero se olvidan de que ésta también está vinculada a la reducción de costes. Peor aún, cuando se externalizan servicios contratando auxiliares el convenio no es el propio del sector, sino de otro hecho a medida de la empresa, o uno sectorial que reduce más los costes, y así la empresa se aprovecha de la NEP. La guinda es que quien controla la empresa de servicios auxiliares es amigo, familiar, o el mismo propietario de la empresa que los contrata. Y esto no sólo es en hostelería, por las noticias que me llegan, sino que está pasando en todas las empresas. Jugada redonda.

“Así es, así, es. Esto es lo que hay.” me dice una limpiadora. “Yo con mi sueldo de mil euros ya me conformo” “Sí, pero tú tienes un convenio antiguo. Si entrases ahora a trabajar te contratarían de una empresa externalizada.”

El día pasa. Un japonés me pregunta donde está la meridiana. Viste el uniforme del barça, camiseta de Messi y lleva una estelada. Me dice que le encanta Barcelona y que le gusta todo lo que hacemos aquí. Se va y el día pasa. Hoy tampoco han llovido demasiadas propinas; de hecho, todo el hotel confirma que este año ha sido pobre en propinas y que han tenido que llenar bajando precios. El tipo de turismo ha cambiado. Y entonces pienso en este turista que ha venido a pasárselo bien el día festivo, y me lo imagino como un niño inocente al que, además, no sé si tengo que darle las gracias.

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El hombre que juega (final)

En la presente entrada finalizamos el artículo de tres partes que reseña la obra de Johan Huizinga, Homo Ludens, y aporta propuestas y observaciones.

El rapto de las sabinas (1799). Jacques-Louis David.

La competición y el estado

En palabras de Ortega y Gasset, la competición es anterior al origen del estado. Su tesis no es muy diferente de la de Huizinga, para quien el juego es anterior a la cultura, que la incorpora (la pugna, la lucha, el triunfo, etc., aparecen en todas las mitologías arcaicas). Si Ortega y Gasset está en lo cierto, el impulso “deportivo” es lo que ha ido construyendo el estado de forma irracional:

“No ha sido el obrero, ni el intelectual, ni el sacerdote, propiamente dicho, ni el comerciante quien inicia el gran proceso político; ha sido la juventud, preocupada de feminidad y resuelta al combate; ha sido el amador, el guerrero y el deportista.”

Para Huizinga, este impulso agonal es el que da pie a las pugnas: la pugna por honor, de habilidad o lucha, de alabanza y celebración de la virtus (intercambio de elogios), los torneos de agravios (en el Islam), las fanfarronadas (al estilo de Carlomagno), los duelos, o el plotlach de las tribus de Norte de América (quién dona más al otro) son algunos ejemplos.

En Occidente ésta se generaliza con la moral agonal, u homérica:ser siempre mejor y superar a los demás.” En la sociedad agonal de la Grecia clásica la competición se desarrollaba durante las celebraciones sagradas con el objetivo de mejorar en lo terrenal y en lo divino. No se diferenciaba la competición del acto sagrado, pero es con el imperio romano que el juego adquiere la forma de competición profana (ludus) y pasa a cumplir la función del panem et circenses, que es la que llega hasta hoy mediante el fútbol. Y es con este juego industrial creado por el capitalismo inglés que este espíritu agonal se ha globalizado.

Final de la copa del rey 2015

Final de la copa del rey, 2015

Las competiciones de hoy están despojadas de lo sagrado, de su élan, y los elementos serios del juego han ido desplazando a los no-serios. El liberalismo y su iniciativa privada han desplazado la competición al terreno de los negocios, despojada de su sentido inicial; Así, los juegos de invierno, Eurovisión, o las Olimpiadas, son ejemplos de una industria que juega para el mercado, es decir, “en serio”. Siempre queda el esfuerzo individual y la victoria personal, pero es muy dudoso pensar que los millones que los patrocinadores y gobiernos invierten vayan destinados a preservar un elemento subjetivo como un espíritu fraternal de moral homérica.

Por ejemplo, Eurovisión 2008 fue la edición dotada con mayor cantidad de bromistas y “aguafiestas”, en el sentido de Huizinga. El efecto que causó Rodolfo Chikilicuatre en el escenario y el resultado de las votaciones indican claramente que la población estaba a favor de romper la “seriedad” de una competición, de querer participar con la broma, y por lo tanto, de romper su seriedad. Al año siguiente, la organización prohibió la presencia de “friquis” para evitar que el “efecto chikilicuatre” rompiera la ilusio de que Europa escoge su mejor cantante. Quienes siguen jugando a Eurovisión hoy, siguen “haciendo ver” que es un certamen serio y no una industria.

¿Homo economicus, o Homo ludens?

Huizinga separa el homo economicus del homo ludens, aunque en realidad no haya tanta diferencia entre ambos. ¿Cuál podría ser la diferencia entre trabajar para ganar y jugar para ganar? En ambos es necesaria una cosa: libertad, pero en el segundo caso, en el caso del juego, éste puede ser abandonado sin necesidad.

Huizinga compara las leyes del mercado -juego serio- y las del juego de azar, indicando con ello que el capitalismo no se diferencia demasiado de un juego:

“La inseguridad de la línea de separación entre el juego y lo serio se manifiesta en el siguiente caso: se juega a la ruleta y se juega a la bolsa. El jugador admitirá en el primer caso que juega de verdad, pero no en el segundo. El comprar y el vender, con las esperanzas puestas en una subida o en un descenso de los precios, se considera como una parte de la vida de negocios, de la función económica de la sociedad. En ambos casos lo decisivo es el empeño por obtener una ganancia. En el primero se admite el carácter puramente azaroso, aunque no del todo, puesto que existen “sistemas” para ganar. En el otro, el jugador se figura que de algún modo que puede prever la tendencia futura del mercado. La diferencia de actitud es en extremo pequeña.”

¿Jugar o ganar?

En lo que se refiere a jugar o ganar, el primero no incluye el segundo término. Además, jugar es una actitud primaria, mientras que ganar es una conducta social. Extendiendo esta diferencia, no creo que sea la misma respuesta el goce de jugar y el goce de ganar. Con esto no me refiero al “fair play”, o a “lo importante es participar” (convenciones agonales), sino a que en toda actividad lúdica hay un valor que se gana ejecutando el juego independientemente del desenlace.

“Ganar quiere decir: mostrarse, en el desenlace de un juego, superior a otro. Lo ganado se generaliza (se transmite del individuo al grupo) y beneficia con prestigio y honor. Se gana una puesta, simbólica o material, o ideal, no es una ganancia, que corresponde al trabajo, sino un premio, que corresponde a la competición. Por otro lado, el valor del juego, no del premio, es la esencia de la actitud lúdica: la recompensa es el juego, y cuánto mayor sea la tensión e inseguridad.”

Quizá tenga razón lo que defiende el paleontólogo Eduald Carbonell, que nuestra cultura es un reflejo de nuestro estado evolutivo, una etapa donde el sistema liberal es la respuesta organizada al impulso de la competición, a diferencia de otros sistemas más igualitarios para los que nuestra especie aún no estaria adaptada.

El arte poética

Huizinga dedica dos capítulos a hablar de las conexiones de la poesía como juego, y la representación poética —personificación y mito— como juego arcaico integrado en nuestra inteligencia infantil, como defendería Jean Piaget. Del jugar infantil nace la poesía, y de los primeros juegos, la poesia arcaica con sus estilos y reglas de composición.

La poesía “juega” con la representación y el lenguaje de lo que resulta la metáfora, el mito, las figuras, o el ingenio verbal. Además, la poesía nace en y como juego sagrado, fundamentado en el juego de enigmas, oráculos e imágenes que representan un misterio cuya resolución permite iniciarse en ellos. En sus inicios, poesía y mito era la misma cosa. Cuando el mito se vuelve mitología o la poesía literatura, estos se vuelven “serios”, pierden su función lúdica y se vuelven “litúrgicos.”

Se trata del hermetismo, la tradición hermética es el juego de la búsqueda de significado a través de la propia experiencia y los símbolos. Desde los oráculos a los textos religiosos, la poesía orfista, la pura, las vanguardias, la metafísica, el haikú, el ocultismo, etc., el juego hermético viene siendo lo mismo: un desvelo mediante la resolución de juego lingüístico; un “no saber sabiendo” que decía San Juan de la Cruz.

Huizinga es claro: “Llamar a la poesía, como ha hecho Paul Valery, un juego con palabras y el lenguaje no es ninguna metáfora. Es la verdad precisa y literal.”. Las figuras poéticas tienen un papel significador: “Lo que el lenguaje poético hace con imágenes es jugar con ellas. Las dispone en estilo, les confiere misterio de manera que cada imagen contiene una respuesta a un enigma.

La guerra o la barbarie

“Mientras las cosas van con iguales, se puede estar animado por un sentimiento de honor, al que se vincula un estado de ánimo de apuesta y una exigencia de cierta moderación, etc. Pero en cuando se dirige la lucha contra los que son considerados como inferiores —ya se les llame bárbaros u otra cosa— cesa toda limitación de la violencia y vemos la historia de la humanidad manchada con las espantosas crueldades de que se gloriaban los reyes sirios y babilonios como de un hecho que placía a la divinidad.”

La guerra se distingue de la guerra total o de dominación porque se limita respetando una serie de normas, como que el enemigo se considere par del otro, o que ambos bandos posean legítimo derecho, o convenciones. Sin embargo no siempre es así. No todas las tácticas usadas en la guerra son convenidas, a pesar de que la propaganda se encargue de reducir el elemento bárbaro de la contienda; el problema de la guerra o la barbarie es que no es posible ponderarlo exactamente.

En la guerra total, tradición originada con las conquistas asirio-babilónicas, es, por el contrario, la guerra de exterminio que se inspira en el mandato divino y se realiza por la gloria sagrada. Este tipo de guerra total imperialista, totalitaria, de limpieza étnica, de castigo y barbarie sin norma, que sobrepasa las limitaciones de la guerra “culturizada” preescrita por convenciones.

Cabe añadir que la relación entre la táctica y la estrategia con el juego —la pugna— es suficientemente clara como para mencionarla y hacer referencia no solo a los juegos de guerra o “wargames” (desde el Risk hasta el Third Reich), sino a todo tipo de juegos de mesa como las damas, el ajedrez, el póker, o el mankalé; excepción hecha de “el juego de la oca”, probablemente el juego de mesa más existencialista de nuestra cultura. Además, se ha de entender que el juego tiene lugar durante tiempo de ocio, pero su táctica o estrategia, su jugabilidad pongamos, es de la misma naturaleza que la guerra.

Lo serio y la broma

Huizinga advierte que lo contrario de lo serio no es el juego sino “la broma“; ésta, como la risa, lo cómico, lo necio, o la diversión, es una reacción que proviene del juego, y por lo tanto lo acompaña, pero no es el juego en sí. Hay juegos serios y juegos para reír. Desde la antigüedad, ambos contrarios han establecido sus límites y sus tolerancias, y en cada cultura se han preescrito una serie de códigos para identificarlos. El código cambia con la cultura; sin embargo, el sentido del humor es algo tan básico y fundamental en el ser humano como la actitud lúdica.

La broma, o la risa —añado— hace cómplice a quien la disfruta con quien la ejecuta. Es una complicidad lúdica, un “acepto tu juego, lo veo, y puedo mejorarlo”. Aceptar estos juegos o convenciones —ironía, calambur, sarcasmo, chiste, caricatura, etc…— permite participar de la broma.

Ahora bien. ¿Qué sucede cuando el código no es compartido? La broma no surge. Y peor aún. ¿Qué sucede cuando el código es interpretado como una ofensa? Qué la respuesta es “seria”. El ejemplo más extremo que creo recordar es el de las Caricaturas de Mahoma. En este caso, el juego se difunde para lectores de cultura liberal, pero el código se interpreta como ofensa por la cultura islámica, que siente aversión por las representaciones no serias y el sarcásticas de lo sagrado. Además, el ofendido, en tanto que creyente, se siente doblemente ofendido, pues lo sagrado en toda educación religiosa es tabú, se le prohibe jugar con ello, y menos aún en broma.

Dijimos que lo sagrado es una identificación con el acto o la ley, no una representación “como sí” de un acto o ley. El fanático religioso, pues, nunca puede tomarse a broma o como un juego el contenido religioso. No es que no sepa jugar ni reír, es que no comparte el mismo código y, además, su identificación con lo divino le está prohibido desacralizarlo.

Más allá está la reacción extrema, el integrismo, el totalitarismo, el patriotismo, las ideas fijas, la religión, en fin, todo extremismo es intolerante con la broma. Por ello, uno puede conocer la salud mental —o higiene social— de una persona o una cultura (incluso de un gobierno) conociendo su tolerancia a la broma, e incluso su capacidad para hacerse cómplice de la misma, aunque sean adversarios, y seguirle el juego.

Portada de la revista satírica Charlie Hebdo después de los atentados integristas.

Observaciones

Como ya han notado algunos historiadores Huizinga no trata el sexo ni el juego sexual. La historia antigua, como la conducta humana, tiene suficientes casos como para dedicarle varios capítulos aparte. El lector podría encontrar seguramente en las obras de Ovidio (Ars amandi y Remedia Amoris) un el primer catálogo occidental de estrategias y conductas destinadas a la conquista, lo que indica la vinculación del arte de amar, la seducción, con el juego. Además, la mitología es bastante explícita en cuanto a juegos amorosos y la literatura medieval ha relacionado el amor no solo con el vasallaje, sino con actitudes agonales como la guerra, o la toma de un castillo (por ejemplo, en Jorge Manrique).

Otro elemento a desarrollar es la trampa. Hacer trampas en un juego es aplicar la norma no escrita —no pactada—. Su función es hacer perder a un adversario, o ganar ventaja sobre él, y quizá la partida. Hacer trampas depende de la confianza que se tenga con uno mismo y los demás jugadores. Quien necesita hacer trampas, diría, es aquel que no tolera perder y por lo tanto, no desea el juego, que le es adverso, pero quiere tomar ventaja.

El tramposo sabe que mientras no sea descubierto mantiene la ventaja. Pero lo irónico del tramposo es que solo puede haberlo cuando hay reglas pactadas. Si todos los jugadores hacen trampas, en realidad, no existe ventaja alguna. Siguiendo a Huizinga, si el tramposo suele salir más bien parado que el aguafiestas es porque a pesar de las trampas no rompe la ilusión del juego, lo que permite seguir jugando a sus adversarios.

Otro aspecto que no queda cubierto por la obra del filósofo holandés es el de aportar una base biológica del homo ludens. La base biológica de la actitud lúdica representativa (no competitiva) se podría encontrar, quizás, en los procesos imitativos y el papel de las neuronas Cubelli o espejo. De igual forma, la base del elemento agonal de la actitud lúdica podría hallarse en los centros y neurotransmisores de recompensa.

El alcance del tema puede producir vértigo. Vamos a terminar con dos puntos. El menos trascendente es el de los video-juegos y la realidad virtual, pues evidencian que la economía y la revolución tecnológica llevan la industria hacia el juego de representación “ultrarreal”, la realidad virtual, mientras el elemento competitivo sigue sofisticándose pero sin cambios. Es en este contexto de representaciones audiovisuales y no escritas, el descrito en el “homo-videns” de Giovanni Sartori, donde el videojuego y otros derivados menores parecen acercarnos al simulacro de una vida soñada, un “más allá” de píxel.

El segundo punto la utilidad del juego para la vida, o si se prefiere, el enfoque lúdico o ludificador de la vida. Dentro de ese “estar ahí haciéndose” que proponen los existencialismos, quizá se haya olvidado el “divertirse”, o el “representarse en algo”. Quizá la razón vital, útil, o histórica, (las razones serias) se haya olvidado de la risa, y de divertirse. Siempre me ha resultado sospechoso que la filosofía intente evitar la risa, el desenfado y el juego. Es cierto que no hay nada nuevo bajo el sol, pero quizá no hemos considerado debidamente la actitud lúdica frente a la vida, un ludovitalismo.

También veo que muchas situaciones reales “serias” se pueden aprender mejor cuando son “simuladas”. El hecho es que en el juego “se simula” una conducta cuyo resultado no afecta a la vida real, mientras ésta no esté en juego. Así pues, el juego puede acercarnos a situaciones teóricas, históricas, sociales, o imaginarias con perspectiva y objetividad, situaciones complejas con información contradictoria o incompleta, y en la toma de decisiones se puede comprender mejor las decisiones de los demás y sus motivaciones.

Lo que quiero decir es que tanto la ludificación (gaming) de una situación como la interpretación de la vida como juego merecen mayor atención. Los conflictos, en tanto que son situaciones agonales, se pueden ludificar perfectamente. La crisis griega, la crisis financiera, las guerras, el estallido de la burbuja en España, o las elecciones, etc., una vez ludificados y jugados se comprenden mejor.

Partida de Twilight Struggle. Medio siglo de Guerra Fría ludificado en una partida de dos jugadores y tres horas de duración.

Recomendación

Huizinga es aconsejable para todo buen jugador que quiera mantener el “tono” y la “armonía” de su juego sin sobrepasar los límites. Consigue que reflexionemos sobre algunos malentendidos, y creo que no me equivoco defendiendo que su trabajo implica las siguientes recomendaciones:

—Restituir el juego a la categoría de actividad humana principal, condición necesaria para la aparición de la cultura.

—Definirlo para poder identificar cuando es juego y cuando no es juego.

—Ponerlo en perspectiva histórica, para evaluar su universalidad, y sus variantes culturales.

—Tomar conciencia de que la sociedad de masas y de consumo han reducido el juego a una actividad utilitaria, muy reglamentada, que se aparta de su esencia.

—La necesidad de tomarse como juego actividades más “serias” que han sido despojadas de su espontaneidad.

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Con la técnica de Monsieur Dupin

Campo de retamas (2015)

Campo de retamas es la antología definitiva de lo que podríamos llamar el “pensamiento disperso” de Rafael Sánchez Ferlosio. Un espíritu crítico, de libertad envidiable (en palabras de Luís Mateo Díez), nada fácil para los no iniciados pero una caja de sorpresas para quienes no conozcan su faceta de filósofo.

La obra recopila los pensamientos del autor publicados anteriormente (La hija de la guerra y la madre de la patria, Vendrán más años malos y nos harán más ciegos), corregidos, expurgados, variados y ampliados en los llamados “pecios unidos”. El resultado es un compendio del “pensamiento ferlosiano” compactado y disponible a mano en “comprimidos” (en palabras de Fernando Savater, aunque tal vez habría que llamarlos anfetaminas) en la línea de autores de máximas y reflexiones como Gracián, La Rochefoucauld, Nietzsche, o Machado.

Dada la gran variedad de “retamas” que pueblan este “campo” estructurado en cuatro partes, no hay otro orden con el que guiar la lectura que un inicio, un final, y tres transiciones. Los pecios, a pesar de estar unidos, no están reconstruidos; no se desprende una estructura o forma general, sino que el contenido se diluye en la variedad, los niveles de profundidad/superficie, y los recuerdos. Lo único que nos advierte del sentido del pecio es una palabra o lema entre paréntesis que lo acompaña, y sin el cuál nos encontraríamos perdidos entre las retamas.

Con esto, los sistematizadores se decepcionarán al no poder abarcar razones directoras ni disponer de un índice temático con el que agrupar los pensamientos por tema. Pues hay que advertir que la obra de Ferlosio, como su propio estilo o su biografía (ver más abajo), no se deja atrapar. Su antiencasillamiento, a veces denominado extravagancia, es su propia fuerza, aunque su pereza reconocida sea la justificación de una obra escurridiza con la que pretende disculparse un autor sutilmente irónico.

Y es que tanto la escritura de máximas, así como los pensamientos dispersos, son ideas estancas no sujetas a sistematización. Dichas figuras de pensamiento responden, en unos casos, a cuestiones de estilo, y en otros, a cuestiones más prácticas. Recordemos que los pensamientos de Nietzsche resultaron en parte por la incapacidad visual de fijar demasiado la vista sobre el papel. Ferlosio ha llenado miles de hojas con sus pensamientos que ahora empezaría a recopilar (ya que según sus propias palabras, tan sólo ha publicado una pequeña parte de sus textos); añadir que, probablemente, se deba a la incapacidad de poder estructurar el todo errático en uno sistemático; o tal vez, sólo se trate, nuevamente, de sana pereza.

Puede que, en este sentido, Carlos Prieto (El cultural), aporte alguna pista biográfica sobre la irregularidad de la obra ensayística de Ferlosio. En el siguiente enlace se puede leer una cómica biografía de su mano en el blog Animales de compañía.

Con aliento largo, un trabajo de orfebrería sintáctica a diversos niveles de subordinación (las llamadas hipoxtasis) entre lo espontáneo y lo corriente se combina con versos cortos, ideas sencillas y textos largos. Los pecios están grabados con punzón y siguen la forma del arabesco hasta llegar a la frase o pensamiento “clave” que permite ver su forma completa; pero como los arabescos, intentar atrapar el conjunto de formas marea y confunde. A veces se encadenan siguiendo un tema o forma que no suele alargarse más allá del tercer pecio.

Lo que se entiende como profundidad se ataca como fraude, fetiche y servidumbre. La razón es no dar juego ni al hermetismo ni a la sacralización del lenguaje, origen de la necedad y la obediencia. Por ello, con leve ironía Ferlosio nos advierte de si mismo, de tomarlo en serio, de sacralizarlo, y al final de la obra defiende el uso de una crítica exenta de profundidad de la mano de Edgar Allan Poe; usando el método de Monsieur Dupin (El Auguste Dupin del misterio e Marie Rogêt) defiende la comparación de declaraciones de distintas fuentes y periódicos para hallar en el contraste de dichas superficialidades la “ideología represora” que las promueve. Usando este método “analógico-superficial”, aunque nunca nos libremos de la sensación de que juegue con el lector, Ferlosio indica que la verdad no se oculta, sino que está frente a nuestras narices, en las contradicciones de los discursos en los que vivimos inmersos.

Ilustración del Misterio de Marie Rogêt, E.A.Poe, 1852

El valor del pecio está en el tratamiento de su contenido: es decir, la sospecha, el revelado del truco, el descubrimiento de la ilusión. Porque si algo se puede aprender de esta antología, más que algunas máximas ingeniosas, reversos inopinados, o chascarrillos, es la actitud crítica de la sospecha, de huida del discurso oficialista, de la declaración política y de la actitud autocomplaciente; pues no sólo no hay nada nuevo bajo el sol, sino que seguimos siendo igual de humanos, aunque algo más ciegos e idiotas.

Quienes hayan leído Mientras no cambien los dioses nada ha cambiado, encontrarán la recurrencia de algunos de sus principales desarrollos. Comparando ambas obras, con unos treinta años de diferencia, pueden indicarse algunos temas preferidos del autor: el papel del estado “deportivo”, la crueldad el “dios” de la Historia y del progreso, la justicia como estructura de control social, la ideología represora, el fariseísmo como moral perversa, entre otros. Además, Campo de retamas incluye una sutil crónica política y sentimental de la España de esa democracia que aún no se libera de su pasado, y que contiene algunas “perlas” dedicadas a unos pocos de sus protagonistas, o a los estereotipos “patrios”.

RSF (EFE).

RSF (EFE).

Y a propósito de lo patrio, les invito a leer algunos de rabiosa actualidad:

La nación débil esgrime argumentos pragmáticos para acogerse a la sombra de la nación fuerte, pero ésta, por su parte, apela a argumentos morales para imponer su hegemonía sobre aquélla.

(Palabras-fuerza) No hay razón sin palabras, pero tampoco puede haber sin ellas fanatismo. En la palabra se manifiesta la salud de la razón, pero, a su vez, el fanatismo siempre aparece como una enfermedad de la palabra, una especie de inflamación absolutista de los significados. Toda predilección por una palabra en sí, al margen de un contexto, es un temible síntoma de predisposición al fanatismo.

… la expresión del poder excede siempre la realidad del poder mismo.

 (Agradecimientos a Animales de compañía, de El Cultural)

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El hombre que juega (II)

Johan Huizinga (tomtenney.com)

Homo Ludens deja la puerta abierta a explorar la estructura del juego en toda manifestación cultural. A pesar de que el marco de actuación de la obra está limitado a la cultura, la filosofía, el derecho, la poesía, el conocimiento o el arte (aun la pugna entre científicos, los premios, los juicios, la danza, etc., no menos importantes y extensos), su perspectiva puede alcanzar todos los ámbitos que terminan en la frontera del “no juego” y que no es siempre “lo serio.”

Para E. Gombrich, el elemento más importante que engloba la propia actitud frente al juego como representación es el “pretending” o el actuar “como si.” Este fingimiento de hacer como si la ejecución fuera “real”, que se ve tanto en los juegos infantiles como en la pintura o la escultura, es una actitud común a todas las esferas humanas. Se trata de actuar sin un convencimiento absoluto en el acto, de interpretar el acto “como si” lo representado fuera cierto.

Éste es, en efecto, un concepto clave con el que se podría fundar toda una filosofía. Queda perfectamente reflejado en Miguel de Unamuno y su San Andrés Bueno, Mártir; acaso sea un homo ludens autoconsciente aquel cura que ha descubierto el vacío y sabe que la salvación es actuar sin creer, ejecutar la ilusión como si ésta fuese cierta. No es de balde que los existencialistas consideraran lo único real, lo existente, como lo aparente, aquello que se muestra.

La política

La política da para mucho juego, mucho pretending, pero ésta a penas está analizada en Huizinga. Me pregunto si cuando un candidato persuade al auditorio con sus ideales pretende representar esos ideales —crear una ilusio—. El político ejerce la retórica, marca los tiempos, sabe que juega a persuadir y que el auditorio está dispuesto a creerle si se ejecuta bien (menos cuando se trata de un baño de masas, donde no hay necesidad de ejecutarse como si se identificara con sus ideas), “como si” lo que representa fuera cierto.

Me pregunto si, al igual que el sacerdote al oficiar misa, el político ejecuta un sacramento; cuando al terminar y mirar a su auditorio descubre si se ha mantenido la ilusio con los aplausos de los que goza. Es más, el auditorio, o parte de él, a su vez, juega y “como si” creyera lo que representa y lo manifiesta con sus aplausos e himnos (o rituales). Podría decirse, incluso, que el hecho religioso de “creer”, hoy en día desligado de lo sagrado, es el mismo juego tanto en política como en religión.

La parte lúdica del sistema de partidos, o de una asamblea, es la misma que la de un juego de mesa: establecer y seguir una serie de reglas y estatus para el grupo. En algunos procesos políticos, tras toda la reglamentación, turnos, propuestas, declaraciones, mociones y votaciones, se palpa una tendencia competitiva, agonal, frente al adversario por un lado. Ahora bien. Si la política es esencialmente pacto ésta es esencialmente juego. ¿Pero qué tipo de juego? Un juego serio, sin duda, el juego por el poder (desde Maquiavelo) entre otros, con el que regula la socioeconomía de un grupo. Es de suponer que como en todos los juegos, se puede tomar partido, hacer trampas, e incluso romper la ilusio del juego.

¿Joc sèrio?

Artur Mas i Mariano Rajoy a la Moncloa. Diari ARA. 2014

El hombre que juega

Retomando el aspecto filosófico, a Schopenhauer le faltaba una tercera vía para anular “el ego”. Así, cuando habla del ascetismo y de la música para olvidarse de la razón suficiente, habría que añadir el juego como una actividad que permite la evasión. En este sentido, creo que son los irracionalistas como Nietzsche quienes más se han acercado a una universalización de la tesis de Huizinga: “El hombre quiere peligro y juego”, o cuando dice que “el niño juega y crea sus propias normas” como modelo del superhombre.

Pero no todos juegan. Otros se abstienen, y algunos, muy pocos, se esfuerzan por romper la ilusio. Este es el caso del aguafiestas, figura central para E. Gombrich, porque evidencia la necesidad del juego amenazando su existencia. La actuación del aguafiestas suspende el juego y devuelve a todos los participantes a la realidad, no por hacer trampas, puesto que el tramposo es el que toma ventaja incumpliendo las reglas pero sin romper el juego, sino por acabar con el pacto. “Los tramposos, salen mejor parados que los aguafiestas.” dice Huizinga. El aguafiestas es quien rasga el velo, el que explica el truco; puede ser, por qué no, un arquetipo de revolucionario, de hereje, de profanador o saboteador. Su papel es demasiado profundo y su alcance demasiado vasto, pero su existencia es universal.

Usando la terminología de los juegos de rol, el aguafiestas es el que metajuega, es decir, que juega desde fuera de la ilusión del juego, del pacto. El metajuego, es una aportación de los juegos de rol donde el azar se mezcla con las reglas y la aceptación de ciertas convenciones para mantener una ilusión narrativa. Por definición, el juego de rol es “representativo”, si bien puede ser también agonal, competitivo. En el jdr, el metajuego se define como la actuación de un jugador fuera de su personaje, es decir, jugar dentro del juego con información externa a la representación, la convención pactada.

Lo sagrado

Uno de los límites del juego es lo sagrado. Huizinga indica una serie de pueblos antiguos donde los juegos forman parte de las prácticas religiosas y defiende que “el acto sagrado es juego”, pues tanto el azar como la representación son elementos que conforman el culto mágico y religioso —adivinación, hechicería, consulta divina, providencia, destino, etc.—. Huizinga defiende que el acto sagrado en la antigüedad se realizaba identificando la ejecución con la representación durante un tiempo y un lugar excepcionales, consagrados (tiempo de recreeo en los niños), tras lo cual todo regresaba a la normalidad.

Hoy en día, lo sagrado es representación, no identificación; de hecho, la tesis de Huizinga (1938) defiende que cualquier actividad mágica, religiosa, o científica, puede convertirse en acto sagrado siempre que se ejecute “como si” fuera representación, sin necesidad de fe. Me pregunto si acaso no será el mismo juego hacer como si se cree en los átomos y hacer como si se cree en la existencia de formas sobrenaturales.

El interprete de lo sagrado, el vate, el místico, el hechicero, el “hombre de poder”, el científico hoy, domina el lenguaje, pues sabe que éste es un código mágico de control. El hombre primitivo jugaba representando un papel con unas víctimas que temían más su papel que el hecho sobrenatural. Es decir, vivían con la magia como una convención que cumple una función social. Como en la “omnipresencia de las ideas” del Freud de Totem y tabú¸ Huizinga observa respecto del juego arcaico que tanto “el niño, el poeta y el salvaje se sienten a sus anchas”, y “la sensibilidad estética moderna del hombre se le acercan”.

Si la naturaleza no es juego de azar como dejo dicho Albert Einstein con su Dios no juega a los dados”, en la mitología los dioses juegan, pierden, hacen trampas, o boicotean las leyes naturales, representando una naturaleza caprichosa, en constante cambio; homérica y heraclitiana. La metáfora de Einstein, que podría contraponerse el verso del poeta Stéphane Mallarmé (“una tirada de dados jamás abolirá el azar.”) representa la regla inmutable. Pero frente a esta se alza la representación del azar, elemento básico del juego, que se encuentra en la mitología y la poesía, frente al lógos o razón primera; como el animismo y el del monoteísmo, el epicureísmo y el estoicismo; la mecánica cuántica y la relatividad. La naturaleza representada como juego o no juego, como la realidad que se escapa o que contenemos.

Aquiles y Áyax jugando a los dados

Quizá a nuestros científicos modernos les falte algo de la actitud lúdica de los viejos dioses.

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El papel de un escritor es un papel bastante vano; es el de un hombre que se cree en grado de dar lecciones al público. ¿Y el papel del crítico? Es más vano aún; es el de un hombre que s cree en grado de dar lecciones a quien se cree en grado de darlas al público.

El escritor dice: “señores, escuchadme, puesto que soy vuestro maestro.” ¡Y el crítico! “Es a mí, señores, a quien hay que escuchar puesto que soy el maestro de vuestros maestros.”

Por su parte, el público toma partido. Si la obra del escritor es mala, se burla de ella; igual que de las observaciones del crítico si son falsas.

Tras lo cual, el crítico exclama: “!Oh tiempos!, ¡oh costumbres! ¡Se ha perdido el buen gusto!” Y ya se ha consolado.

Por su cuenta, el escritor acusa a los espectadores, a los actores y a la camarilla. Llama a sus amigos; les lee su obra antes de representarla: está destinada al triunfo. Pero vuestros amigos, ciegos o pusilánimes, no se atreven a deciros que es una pieza sin carácter, sin personajes y sin estilo; y creedme, el público casi nunca se equivoca. Vuestra obra fracasa porque es mala.

La crítica se comporta de modo diverso con los vivos y con los muertos. ¿Ha muerto un escritor? Se encarga de destacar sus cualidades y de paliar sus defectos. ¿Vive? Lo contrario: destaca sus defectos y olvida sus cualidades. Y esto tiene una explicación: se puede corregir a los vivos; con los muertos no hay nada que hacer.

Sin embargo, el censor más severo de una obra es el propio escritor. ¡Cuánto se mortifica a sí mismo! Sólo él conoce el defecto secreto; casi nunca es el que señala la crítica. Esto me ha recordado a menudo lo que decía un filósofo: “¿Hablan mal de mi? Ah si me conocieran como yo me conozco…

Los escritores y los críticos de la antigüedad empezaban por instruirse; no entraban en las carreras de letras hasta no haber salido de las escuelas de filosofía. ¡Cuánto tiempo guardaba el escritor su obra antes de darla a conocer al público! De ahí esa corrección que no se debe más que a los consejos, la lima y al tiempo.

Nosotros nos preocupamos demasiado por publicar: pero quizá nos falta inspiración y honestidad cuando cogemos la pluma.

Denis Diderot

L’Encyclopédie

(De “Autores y críticos”, dentro de “Esto no es un cuento”, Ed. Alianza. Trad. Luís Pancorbo.)

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Publicado el por F.E. | Deja un comentario