EL ECO SIN PASOS

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Las nacionalidades

Portada de Las nacionalidades. Producciones editoriales. Barcelona, 1979.

En Las nacionalidades, publicada en Madrid en 1877 por Francesc Pi i Maragall, se halla el cuerpo doctrinal de lo viene a ser la primera gran síntesis del federalismo -pactista- contemporáneo en España, escrita de puño y letra por el fugaz segundo expresidente de la I República. Dado que la historia suele repetirse aunque de distinta manera, no está de más echarle un vistazo a esta obra considerada a veces de “teórica”, como el “camino no escogido”.

Hay que advertir que el lenguaje usado por Pi i Maragall es el de la política decimonónica con otros tintes, y que parte de sus referentes hoy ya no significan lo mismo. La federación y la confederación son usados como términos sinónimos y vienen a ser como el estado (federación) y el proceso (confederarse). Otros como región pueblo o nacionalidad se usan de forma indistinta y se relacionan con la provincia, lo que hoy en día serian las comunidades autónomas y no las provincias administrativas.

La obra está dividida en tres partes y unos apéndices. La primera de ellas, “Criterios para la reorganización de las naciones” recoge ejemplos históricos entre naciones, y analiza algunos criterios. La segunda, “La federación”, plantea los principios federativos y algunas de sus alternativas. Finalmente, en la tercera “La nación española”, expone los mismos principios federativos siguiendo el mismo desarrollo en la España de la Restauración. Los apéndices incluyen las cuatro constituciones de los EE.UU., Suiza, Austria-Hungría y Alemania, y dos textos: el programa del partido federal republicano, y un artículo llamado “el pacto”, donde se divulga todo su pensamiento.

Uno de los ejes principales del libro es el federalismo-unitarismo, como el mismo advierte nada más empezar:

Confieso que no estoy mucho por las grandes naciones, y estoy menos por las unitarias.

El Federalismo de Pi i Maragall se inspira principalmente en las constituciones de los Estados Unidos y Suiza. Su principio significa pacto o alianza entre contratantes libres, condición sin la cual solo puede existir la sumisión, y que implica igualdad de rango y autonomía entre provincias, que constituidas por pueblos conformarán la nación. “Fuera de esto no hay más que el principio unitario.”

Caricatura de 1873 de la I República debatida entre federales y unitarios. Publicada en la revista La Flaca.

Sobre las formas de gobierno unitarias, Pi i Maragall las ubica en la tradición del absolutismo. Dice: “el destino de las unitarias es ser turbulentas o despóticas”, dado que los criterios que rigen la nación unitaria no son igualitarios ni proporcionados, terminan gobernadas por minorías cuando no por gobiernos autoritarios, y “son teatros de incesantes luchas. Cuando llega el mal en su apogeo, no tienen más remedio que echarse en brazos de los dictadores.” Usan la fuerza para mantener una paz temporal, “efímera”, que desemboca en las pérdidas de libertades, la reacción y la revolución. Finalmente, concluye: “la unidad está en la existencia de unos mismos poderes para cada orden de intereses, no en la absorción de todos los intereses por un solo poder”.

No porque el organismo cambie la unidad se rompe. Se rompe solo cuando desaparece la fuerza que mantenía dentro del todo las partes.

Otro de los ejes es el tamaño de los estados, grande-pequeño como el Imperio ruso o Suiza. Se podría resumir en que los estados pequeños y federados son los que garantizan mayor libertad del individuo y de sus naciones, confederadas a través del pacto, donde la presencia del estado más se identifica con la vida de la nación; mientras que en los estados grandes, la presencia del estado se percibe como algo ajeno a la vida de la nación “tangible más que en el pago de los tributos”, y la vida se hace en las capitales donde la ambición y la corrupción toman el poder gracias a que los pueblos no conocen bien a sus representantes.

La nacionalidad, pueblo o nación, tal y como se expone en este libro, no deriva de ningún criterio historicista, étnico, o geográfico, dado que estos no son universales tal y como demuestran los casos expuestos, ni tampoco de una combinación de los mismos. Son relativos a cada caso, si bien, en el caso español, Pi i Maragall se decanta por los territorios históricos. A este respecto, se plantea que de usarse los criterios habituales para definir las nacionalidades, en el caso vasco tras perder la segunda guerra carlista, “tengo para mí que se habrá de estar por la independencia de los vascos.”

Las naciones son las que se agregan o disgregan por multitud de causas. Los pueblos los que permanecen inalterables.

El autor propone la siguiente tesis sobre su origen: las familias se reúnen por necesidad en ciudades, y estas se confederan en pueblos mediante su voluntad, de “abajo a arriba”. Los estados grandes, plurinacionales o estados-nación, son unidos por la necesidad o la violencia, principios que causan disgregación o debilidad cuando, al menos, no se permite la autonomía y no se establecen fuertes vínculos sin mengua de dicha autonomía. Defiende el pacto social entre provincias como principio nacional y critica la posición de los unitaristas para quienes la unidad es anterior a las provincias, y que son estas y los pueblos los que existen gracias a ella, tal y como defiende el autoritarismo.

Sobre Europa, dice que hay uno o dos pueblos que pretenden imponer su hegemonía sobre el resto, responsables de conflictos y reacciones entre amenazados y oprimidos. Añade que los pueblos dominadores deben dejar paso a que cada pueblo sea dueño de si mismo, si bien puede darse que los dominados acepten unirse al dominador cuando este respete su autonomía y no la menoscabe para sus intereses propios, ya que así es como cesa la razón para ejercer el derecho contra él, que no el derecho mismo del pueblo a ser soberano.

Aunque se decanta por el modelo suizo para las nacionalidades europeas, la expansión americana resume con sencillez el principio federativo: no privar a los pueblos (comprados o ocupados) de credo, habla, y leyes a cambio de un gobierno temporal, seguido de un representación política y una constitución en estado autónomo, de igual a igual con el resto de estados de la república, y sujeto a los poderes federales. Antes de reconstruir las naciones europeas usando criterios históricos, étnicos o geográficos, Pi i Maragall prefiere la restitución de su autonomía y federación con sus actuales centros “sólo para la defensa y el amparo de sus comunes intereses.” Concretamente, aboga por la existencia de una confederación de naciones europea, “además de la confederación de provincias y de los pueblos”.

III Constitución suiza, de 1999.

La confederación suiza es una federación de 26 cantones con sus propias constituciones y poderes.

La federación

 El federalismo intenta resolver la problemática de mantener la diversidad en la unidad, y puede extenderse desde pequeños estados hasta la humanidad entera. Además, el pacto de “abajo” a “arriba” nace por decisión mutua de las partes para confederarse. Es importante recordar que el sistema de federal no está reñido con la forma de gobierno, es decir, que las monarquías también pueden ser federales, como las repúblicas también ser unitarias (como la República Francesa).

El sistema federativo se estructura en tres niveles de atribuciones: el municipal, el provincial y el nacional. Las atribuciones -competencias- de cada nivel se corresponden con los intereses y necesidades de cada nivel, de abajo a arriba: las ciudades, con atribuciones, medios y poderes municipales, se confederan en las provincias, con atribuciones, medios y poderes provinciales, y estas se confederan en la nación que dispone de atribuciones, medios y poderes federales, entre los cuales se hallan la intervención armada, los derechos que afectan de igual manera a todos los estados (leyes tribunales, etc.), las relaciones exteriores, o los tributos para el mantenimiento de la confederación: en este último punto, hay que subrayar que los tributos federales solo deben bastar para el mantenimiento de la confederación mediante un cupo, cuando no se necesiten contribuciones especiales y que el resto de impuestos corresponden a cada provincia y municipio.

Entre un sistema asambleario o bicameral, Pi i Maragall se decanta por el Senado al estilo norteamericano como el contrapoder del ejecutivo, capaz de vetar al Parlamento siempre que concurran una mayoría de estados, y renovables dentro de la legislatura presidencial para garantizar el movimiento general de ideas. Estos poderes deberían ubicarse en un territorio neutral, sin injerencia de ningún estado. Por su lado, el poder judicial federal debería ser independiente del Parlamento y del Gobierno, elegido de la misma manera que el presidente de la república (en la constitución suiza es elegido por la Asamblea), y el poder judicial provincial o municipal, igualmente por sus respectivas jurisdicciones, de abajo a arriba.

La reforma de la confederación corresponde a los estados que la conforman, e implica una amplia mayoría cuando no se traten de enmiendas o modificaciones surgidas por la necesidad. Este camino abierto a adaptarse a las realidades de cada momento debe ser consultado a los estados que mediante el mismo pacto por el que constituyeron la confederación que ahora quieren cambiar. Sobre la separación o unión de dos estados dentro de una confederación, Pi I Maragall es partidario de que sea competencia de la confederación siempre que no se trate de una necesidad: “una división a tiempo puede cortar el paso a grandes disturbios, y tal vez acelerar el movimiento de la riqueza; una reunión, favorece el progreso ya material, ya moral de dos pueblos.”

Pi i Maragall es de la opinión de que en España, el carácter de los pueblos favorece el principio federativo, pero con la expansión imperial tras la unión de los reinos de Castilla y Aragón se adoptó el despotismo contra los fueros de las provincias, provocando múltiples conflictos que posteriormente acabarían con la Guerra de Sucesión, el 1714, y la sumisión de Aragón, Valencia y Catalunya. Tras el imperio Napoleónico y las guerras carlistas (a lo que hoy añadiríamos todo el convulso siglo XX español), concluye que el desorden entre revolución y reacción y la pugna entre facciones reinante se debe al principio unitario y al “temor a la disgregación de las antiguas provincias.” El Estado, refiriéndose a la Restauración borbónica, “no habría sido de tan fácil asalto, ni viviría tan expuesto al vaivén de los partidos.” Así mismo, los costes de la administración pública no se habrían disparado (concretamente se menciona que los costes administrativos de recaudación superan la cuarta parte de los ingresos), así como la ineptitud, el exceso de cargos y la corrupción del momento, que parecen no dar abasto tampoco en el momento actual.

Mapa de España de 1854

Pi i Maragall hoy

En conclusión, la lectura de Las Nacionalidades nos permite ver con perspectiva el largo camino del federalismo español y sus diferencias con el modelo americano o suizo de entonces. De allí a las autonomías actuales tan sólo basta salvar las distancias con un salto interpretativo. No es España una federación, por mucho que el socialismo o el conservadurismo haya querido monopolizar la idea como contrargumentación al unitarismo o al independentismo, si bien contiene muchos elementos que un federalista decimonónico sí defendería. Un aviso para navegantes es la observación de que el autonomismo no está reñido con la federación, sino todo lo contrario, y ofrece mejores posibilidades de desarrollo, alejando el temor de la independencia de alguna de sus provincias mediante el pacto entre iguales.

Si creemos que España es una federación convendremos que estamos a medio camino: fracasa sobretodo en el sistema tributario, el peso territorial representado en el Senado disuelto por el sistema de partidos y su papel meramente accesorio del Parlamento, lo que va en detrimento de los pueblos y a favor de los partidos; fracasa por una instrumentalización de la administración y un sistema judicial que centraliza el poder en una provincia y pone freno a las iniciativas autonómicas que no se acomodan a ese modelo; impone la voz de los partidos frente a la de las comunidades y facilita el cohecho en las instituciones y la falta de pensamiento crítico sobre la pluralidad del país; estanca unas provincias en un régimen de subsidio que frena las iniciativa privada, y condena a otras a sufrir un déficit interregional bajo el imperativo moral de la solidaridad forzada.

Es de interés remarcar el caso de Euskadi y Navarra y sus sistemas forales como una prueba más del principio federativo. Tampoco hay que menospreciar la descentralización del país, que apuntaría hacia el principio federativo expuesto, dado que desde 1978 hasta la actualidad España ha gozado de relativa estabilidad si se descartan las últimas convulsiones del franquismo con el 23-F y el terrorismo, reacción heredera de la misma dictadura, si bien no ha sido acompañada de una reducción de la administración. Los periodos de relativa paz política se han dado siempre que las mayorías absolutas no han ido contra los intereses de las autonomías, y estas han llegado a un acuerdo con el poder central. Finalmente, la cohesión que han permitido los fondos de la Unión Europea se ofrece como otro aval más del principio federativo, a tener en cuenta.

Junts pel Sí y la CUP firman la declaración de independencia de Catalunya. La Vanguardia. 2017

¿Qué ha sucedido con la independencia de Catalunya? ¿Por qué una mayoría absoluta autonómica se ha enfrentado al Senado y a un bloque en el Parlamento? ¿Por qué se plantea la independencia como un proyecto factible cuando hace dos legislaturas no se contemplaba llegar hasta la declaración de independencia, a pesar de las advertencias constantes?

Si se descartan la disparatada propaganda de conspiración rusa y el adoctrinamiento escolar, se llegará a la conclusión de que en algún momento el pacto social se rompió, y las posibilidades de renovarlo fueron rechazadas. Quienes aún defienden que el independentismo es sólo producto de la crisis económica mal gestionada no pueden explicar su auge creciente sin mencionar dichas paparruchas por la misma razón que no pueden reconocer públicamente la soberanía de los pueblos de España, ni, como en cualquier pacto, que siempre hacen falta dos voluntades para llegar a un acuerdo.

¿Por qué no ha sucedido otro tanto con el País Vasco? La respuesta es fácil para quien quiere conocer las razones estructurales: su autonomía y sistema fiscal han salido reforzados. En Catalunya, el atacar sistemáticamente las leyes parlamentarias y su norma general, el Estatut, a base de humillaciones e instrumentalizando la justicia contra su aplicación, el principio unitario, el Partido Popular, con la connivencia del resto de partidos unitaristas, PSOE y Cs, ha terminado por deslegitimar el pacto autonómico, y tras la reacción catalana, la DUI, sustituirlo por un decreto de nueva planta: el 155.

Pi i Maragall ya advirtió, durante la guerra de la independencia cubana, algo que se lleva oyendo desde hace más de una década en Catalunya:

Los verdaderos separatistas no son los catalanes, sino los políticos del caciquismo y de la oligarquía de Madrid, con su falta de visión, con su encarnizado unitarismo centralizador y uniformizador.

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La batalla por Catalunya

Antoni Estruch Bros. L’onze de setembre de 1714. 1909.

A cuatro días del desenlace la tensión parece anunciar una ruptura inminente. El bote es muy alto y nadie va a renunciar a ganar la partida.

En 2015 cambió definitivamente la manera de percibir la cuestión catalana. Primero llegó el fervor del referéndum consultivo del 9-N del 2014 (80% a favor de un estado republicano), luego, el de las elecciones autonómicas plebiscitarias del 27-S del 2015 (mayoría absoluta soberanista). Hoy, el 1-O ha pillado a más de uno por sorpresa al no salirse del confort mental del relato autonómico, y por no comprender que el independentismo es un movimiento de transversal y pacífico.

A cuatro días del desenlace, asistimos perplejos a un campo de batalla donde no queda más “equidistancia” donde refugiarse que en el silencio. Estamos, por decirlo en cierta forma, en medio de la batalla por Catalunya.

El frente del discurso político

Reunión entre el presidente de la Generalitat y el presidente del Gobierno en funciones en la Moncloa (LVE). La Vanguardia. 2016.

Sin embargo, esta batalla no se ganará con balas ni bombardeos, si no con política. Este es el frente principal, donde se libra la guerra de las ideas, la superestructura. A cuatro días del desenlace ambos ejércitos se han atrincherado uno frente al otro, como en la batalla del Ebro. El frente está estancado aunque podría llegarse a una tregua en una zona neutral, quizá con el aval de una cumbre europea.

Se estilan dos maniobras: “el recon” y el “paco”: el “recon” o reconocimiento del terreno enemigo es rechazado como “añagazas” (en palabras del barón de Claret), y sirve de tanteo de las intenciones del otro; con reuniones, declaraciones, o cartas se atisban las posiciones tomadas y se provoca al otro bando. El paco, o francotirador, sin embargo, dispara cuando tiene ocasión y vuelve a su escondrijo. Tácticas para hacer brecha inútilmente en el discurso contrario. Balas perdidas.

El gobierno dispone de un discurso oficialista y homogéneo: abundante artillería legal, constitucionalismo, soberanía nacional, el relato del autonomismo. El govern, por su lado, esgrime un discurso heterogéneo contra los agravios del estado: la crítica a su legitimidad, la corrupción del partido del gobierno, las injerencias entre poderes, el cohecho, el relato del fracaso del posfranquismo

Los apoyos institucionales al discurso se inclinan a favor del gobierno desde la Comisión Europea y los EUA, aunque con dudas sobre su sinceridad, mientras que el bando soberanista dispone de la adhesión de individuales y asociaciones, armas ligeras pero de alcance internacional (cañones que requieren buenos artilleros), gracias al trabajo de Raul Romeva y las embajadas. El frente internacional bascula entre la injerencia o la no injerencia según el interlocutor.

El discurso económico dispone de tantos detractores como defensores, y un estado con una deuda del 100% del PIB y una economía que crece a base de recortes, con la bolsa de las pensiones agotadas tras 35 años de desigualdades territoriales no corregidas, no ofrece demasiada confianza al debate del autonomismo, o de la “solidaridad” entre comunidades. Es importante comprender que ya no sirven de nada las promesas de De Guindos ni las amenazas de Montoro al govern. Llegan tarde, o demasiado pronto. El govern ha asumido que el estado no va a negociar ni de mala fe: ha pasado del “seny” a la “rauxa”, concepto que a veces se olvida sobre los catalanes. El momento de negociar fue antes del 2012, cuando se publicaron las balanzas fiscales y el catalanismo no era independentista. Lo cierto es que la viabilidad de una España y Catalunya separadas, ahora mismo, en una sociedad incapaz de prever sus crisis y dependiente de las subastas del tesoro, no está claro: se trataría de evitar el peor de los males, o probar con un nuevo acuerdo que mutualizara la deuda, etc. Terreno desconocido que parece no afectar a las finanzas internacionales, a pesar de las declaraciones de estos últimos días.

Repliegue estratégico tras las líneas rojas. Claro que hubo una breve “operación diálogo”, centrada a buscar acuerdos, pero dentro del inmovilismo y mediante amenazas, además de los agravios institucionales, magnificados por la propaganda, lo que resultó en fracaso. Como en todo entendimiento debe haber confianza entre las partes, y la guerra hoy no permite dejar un flanco abierto hasta que no se esté en posición de ventaja, ambas se ven obligadas a seguir en liza y dejar para más adelante un acuerdo. Habrá que esperar al desenlace para ver cambios en este frente, aunque ya se lee en algunas editoriales nacionales el cambio de discurso hacia la comprensión del soberanismo.

Si hubiera un relato alternativo en Catalunya y no sólo la consigna “no hagáis nada, mejor unidos que fuera de la UE, donde hace frío”, probablemente el soberanismo no representaría a la sociedad catalana. Al haber fracasado el socialismo, primero con el autonomismo de Maragall, recortado y humillado por PSOE y PP, luego el federalismo de Navarro, decapitado por Rubalcaba, y luego con el plurilacionalismo fantasmal de Sánchez y su inocua propuesta del traslado del Senado, defenestrado y revivido por los susanistas, el campo del proyecto común está yermo. También, hay que sumar el fracaso del catalanismo de derechas con el rechazo del pacte fiscal y la impugnación del 9-N.

Por su lado, los comunes y algunos excomunistas han descubierto que cavar sobre roca es su muerte política, y han desobedecido sus secretarías instaladas en la comodidad de la oposición parlamentaria en Madrid. Otros han previsto que es mejor estar a favor de la corriente que en la oposición con la derecha no-catalanista. La ausencia de un proyecto común de izquierdas alternativo al inmovilismo de PP y C’s, junto al silencio cómplice del PSOE aunque sea por táctica, mientras en Catalunya el PSC pacta con la oposición antiprocesista, no ofrece confianza suficiente en Catalunya. Es normal que no se dialogue ya que, al sacar la cabeza de la trinchera se corre el riesgo de ser abatido por un paco del mismo partido!

El frente administrativo.


© Casa de S.M. el Rey. Su Majestad el Rey, con el nuevo fiscal general del Estado, José Manuel Maza, junto con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, el presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ, Carlos Lesmes, y el ministro de Justicia, Rafael Catalá

La batalla administrativa y judicial está ganada por el gobierno: dispone de todo el aparato ejecutivo y judicial. El govern ha tenido que crear una ley a medida, forzando el reglamento del Parlament, para ampararse legalmente y de esta manera poder desobedecer al TC. Unos defienden la ley y los otros el “mandat democràtic” de dar respuesta a una mayoría absoluta en el Parlament mediante un referéndum. Entre la ley y la moral está claro que ganará la ley a base de incoaciones administrativas, pero esta derrota podría alargarse en tribunales europeos e internacionales y volverse contraproducente: ante la intervención de la autonomía catalana el govern ha contratacado interponiendo recursos y denuncias.

El estado tan solo tiene que esperar. Los soberanistas, sin embargo, necesitan ganar tiempo como sea en este frente, ya sea mediante la movilización del 1-O o aliados de última hora; y aun con los despistes del gobierno o vulneraciones de derechos: actuaciones como registros sin orden judicial, apertura de correspondencia privada y bloqueos de cuentas, prohibición de renunión y manifestación, decomisos y detenciones sin lecturas de derechos, incluso vulneraciones del estatut del 2006 enmendado por el propio TC. Ya se verá cuáles son y si podrán jugarse como ventaja por un govern que también ha cometido errores de forma. En resumidas cuentas: este frente es el que generará mayor desgaste y los soberanistas solo pueden estancarlo con errores del adversario o “brigadas internacionales” que defiendan la autodeterminación de los pueblos y la tradición liberal.

¿Cuáles serán las actuaciones el día después? Aquí, tanto Soraya Saez como el govern han dicho que no van a dar pistas al enemigo. Las iremos descubriendo día a día, noticia tras noticia, como una guerra de posiciones. Se espera que el estado aplaste administrativa y judicialmente el govern y se convoquen elecciones anticipadas. El destino de los sublevados se considera un asunto de orden judicial y no sólo con las amenazas de inhabilitación, sino con multas diarias de 12000 euros para los miembros de la sindicatura de garantías. Estas actuaciones “sui generis” en una democracia joven, defendidas por el Fiscal general y los juicios que provocarán desabastecerán los partidos de activos políticos y sentarán un precedente “preocupante” para la convivencia que ya ha hecho dudar al PNV, y al PP ordenar un repliegue de los PGE.

¿Qué hará el govern si el estado comete algún error? A juzgar por el boicot de gobierno y oposición, si no se impide físicamente el referéndum el resultado será la declaración de independencia, no reconocida por España y amparada en Ley de transitoriedad, ilegal dentro del marco español. El resultado internacionalizará el conflicto y de aplicarse el 155 la solución pasará por negociar con avales europeos una situación de excepción para Catalunya. Es improbable que salga el No dado que la oposición ha decidido no hacer campaña ni participar.

Si se impide físicamente el referéndum este domingo no queda otra que convocar elecciones anticipadas, aunque podría suceder que el govern se atrincherara en el Parlament a la espera de una salida negociada, apoyado por movilizaciones y hasta huelgas generales, al más viejo estilo cenetista. Es un caso improbable porque el estado está dispuesto a ganar sin negociación, y la oposición no apoya el referéndum de marras, y además, unas elecciones anticipadas darían tiempo a los soberanistas para recuperar terreno y frenar durante unas semanas la ofensiva estatal. Tampoco una DUI en caso de boicot del referéndum no seria posible, ya que anularía el maltrecho frente de la legalidad del propio govern (sería una jugada desesperada que se puede jugar al amparo de unas nuevas elecciones plebiscitarias que permitirían ganar más tiempo).

En caso de elecciones, éstas se leerán en clave plebiscitaria y probablemente sea el último cartucho que les quede al soberanismo antes de la DUI. Si no obtuvieran mayoría, pongamos, porque la oposición ofrece pacto, abriría el camino de la normalización y, quizás, la negociación, aunque es difícil creerlo por parte de un gobierno que prefiere dejar las cosas como estaban; pero si el soberanismo ganara por mayoría absoluta, otra vez, no hay duda de que habrá declaración unilateral de independencia, lo que nos llevaría al caso de que se realice el referéndum.

El frente social.

@ David Airob. La Vanguardia.

Este frente está ganado por el govern. Los unionistas y la mayoría silenciosa que se deja posicionar según las encuestas no han movilizado a tiempo sus efectivos y han renunciado a hacer campaña por el No, jugándoselo todo al boicot del referéndum y dando carta blanca al gobierno. Aunque hay intentos de penetrar la línea enemiga por ambos bandos, la polarización social es evidente tras años de movilizaciones y ninguneo del gabinete Rajoy. Al menos hay unos dos millones y poco de votantes del Sí, y es posible que cada día haya más (la historia es harto conocida, así que no voy a extenderme sobre sus razones). Además, casi un 80% de catalanes estaría dispuesto a participar en un referéndum acordado, según El País.

La sociedad movilizada a favor del Sí y del derecho a decidir goza de buena moral, como se ha ido demostrando los últimos años. Al ser la responsable en sus inicios de haber movilizado el soberanismo de los partidos catalanistas, y estos de haberla escuchado, tiene una salud de hierro que dará muestras de su músculo en los próximos días y meses.

La ventaja para el govern está clara: dejar al gobierno la papeleta de usar el argumento de los “tumultos” y amenazar con la guardia civil, lo que se acomoda perfectamente en el relato “colonialista” de la represión contra una masa cada vez más convencida con cada acción ejecutiva de un gobierno inmovilista. Además, la imagen de un barco “represor” en el puerto tiene ecos de Setmana Tràgica, o de 1934, y despierta la resistencia pasiva, aunque sea a golpe de cacerola, manifestaciones o empapeladas. Por si fuera poco, recrea el escenario para una inminente representación de una “Revolución de terciopelo”, o incluso, una “Primavera catalana”.

A diferencia de lo que se dice en la prensa de Madrid, quienes lo han vivido de cerca comparten la actitud pacífica y lúdica de las manifestaciones, más que su aparato ideológico: su grado de civismo es algo que no se “palpa” fuera de aquí y que al compararse con el nazismo, o con los movimientos violentos de forma repetida e inane en otro torticero intento de criminalizar hechos puntuales, da como resultado mayores adhesiones. Además, no son pocos los que han descubierto que se puede estar a favor de un referéndum sin necesidad de hablar catalán en la intimidad, ni de colgar carteles u ondear una bandera estrellada: incluso sindicatos, estibadores, bomberos, abogados, profesores, y está por ver si los mossos d’esquadra.

El gobierno solo puede vencer socialmente fuera de Catalunya y aun así, decenas de ciudades españolas ya han mostrado parte de ese “republicanismo” latente y descontento, que en algunos casos ha despertado reacciones violentas, tras el deseo de cambiar sus vidas; o por decirlo de otro modo, se les ha ofrecido la utopía a través de actos reales, no con meras palabras sino mediante una “acción directa” contra un estado inmóvil y un gobierno corrupto. La única alternativa que le queda al estado para inmovilizar la sociedad catalana es declarar el estado de emergencia, pero aún necesita una coartada: los deseados “tumultos” del 1-O. Un nuevo error, o triunfo, según se mire, en caso de cometerse.

El frente cultural

“Manifiesto de intelectuales” publicado el 18-9-2017

La lengua y la historia son los dos caballos de batalla del frente cultural, y el fracaso de una ley de enseñanza que se acomode a la diversidad cultural del país es una víctima más de este frente.

Respecto a los símbolos nacionales, la normalización de la estelada es un signo de victoria del soberanismo. Durante el autonomismo, la estelada nunca gozó de buena salud ente las clases medias, pero hoy es un símbolo de la lucha contra la intransigencia del estado, las prohibiciones y la censura, y se vende en cualquier chino junto a la autonómica y la española. Hay que recordar que la estelada no es una bandera de un país, sino de una actitud combativa, ya que la bandera catalana es la “senyera”.

Lo más interesante del frente cultural en Catalunya es la superación del debate de la lengua. La lengua catalana, entendida como símbolo, ha ganado las trincheras que colocó el ministro Wert y que intenta recuperar Ciudadanos. Aún se oye el disparo de algún paco, pero el frente cultural ha sabido maniobrar entre el control gubernamental y el exceso del manifiesto Koiné, aunque fuera mal interpretado, e integrar el catalán y el castellano en el mismo bando con el mismo grado de aceptación, gracias también al apoyo de asociaciones como Súmate: el ministro de cultura ha rendido una de las armas más poderosas de la guerra cultural y los soberanistas, en vez de usarla, la ha desmantelado.

En este frente combaten asociaciones culturales, medios, y gurús, junto a los “intelectuales y artistas”. Sin embargo, estamos lejos de los años donde el intelectual desempeñaba una función social, y cabe preguntarse si aún existe ese rol en la sociedad postindustrial. Una vez empezada la batalla hemos asistido a una adhesión constante de manifiestos, artículos y tiros de tweet.

Snowden y Assange, gurús del star-system de la libertad global de expresión, también han aportado su granito de arena, e incluso un duelo de insultos entre Assange y Pérez-Reverte para mayor polémica; mientras los herederos de esa escuela de Barcelona, esa “gauche caviar” admirada por el socialismo que ha sabido satirizar ingeniosamente Albert Pla en un doble golpe de humor, también ha saltado a la palestra. Es interesante leer algunas de estas opiniones que, en general, solo quieren defender su creencia sin dar lecciones a nadie, pero también lo es el descubrir a los voceros incondicionales que se esconden bajo una mascarada de intelectual liberal y “hombre de mundo”, ya sea un deportista, un periodista, un escritor o un cantante, que se desentienden de querer hacerle el juego a un bando, cuando precisamente es lo que hacen. Al final resulta que sus opiniones valen tanto como les cueste mantener su reputación. Y finalmente están las patrullas de presentadores y tertulianos que hacen de agitadores y palmeros.

Los bandos utilizan intelectuales como propaganda. Es cierto que algunas voces, sobretodo extranjeras, van por libre, pero lo aficionados a los manifiestos locales  quizá deberían redactar uno nuevo a favor del silencio y del boicot a los políticos, o mejor aún, a favor de ellos mismos en vez de regalar munición.  El intelectual de trinchera rápidamente es abatido: su posción y actitud frente el poder los puede delatar. El PSOE dispuso de ”La banda de la ceja”, el PP de sus premios nacionales, los escritores catalanes no soberanistas, atrapados entre dos fuegos, acusados de connivencia como “botiflers” o “caragirats”. En Madrid, la brigada “Vargas-Llosa”, el nobel de literatura tras el cual se acuclillan la jet-set y los lobbies mediáticos, y la patrulla de la RAE, con sus premiados Pérez-Reverte, Javier Marías, o Muñoz Molina, y los “Queipo de Llano” de la cultura como Albert Boadella, o Félix de Azúa, y demás, frente a la Pilar Rahola, Empar Moliner, Juanjo Puigcorbé, Quim Monzó o Eduard Punset. El resultado final es tan aterrador como el grado de conformismo con el bando que los ha utilizado. Antes de sacar la cabeza del hoyo, deberían saber que si estamos “en guerra” toda opinión puede ser usada en su contra, como el rebote de una bala.

La polarización del debate ha dejado al descubierto a los pragmáticos y “equidistantes.” La batalla cultural no ofrece tregua ni hace prisioneros y es como un yermo lleno de cráteres donde acechan los pacos y se libran escaramuzas que responden a las consignas de editoriales, grupos, partidos y asociaciones, y que terminan instrumentalizando la cultura como propaganda, mientras los politólogos e historiadores pasan a un discreto segundo plano. A veces, empero, una ambulancia aparece y socorre a los heridos demostrando que el ser humano puede dar lo mejor de si en los peores momentos.

El bando unionista es unánime, si bien algo más equívoco por el ala de los reformistas. En España, los medios no representan la opción soberanista. En Catalunya, a pesar de lo que digan los medios de comunicación nacionales, coexisten ambos discursos y hay diversidad de posicionamientos, junto a una importante masa a favor del No, sobre un 40% de la población. El clamor del soberanismo en Catalunya es ensordecedor no porque haya censura, como se deja creer en los medios nacionales, sino por que está mejor organizado y movilizado. También hay que añadir que a nivel internacional la reacción de los intelectuales y algunas cabeceras de periódicos se decanta mayoritariamente a favor del discurso soberanista, o al menos, del derecho a decidir (ya van cinco nóbeles de la paz a favor), mientras que el inmovilista tiene poca repercusión en los medios catalanes. Este hecho no puede explicarse sólo viendo TVE, o los medios de Atresmedia y Prisa, ni tampoco escuchando sólo TV3, o la radio, y menos aún las declaraciones del fiscal Maza: “están abducidos”.

La caída del Tótem.

Uno de los fenómenos más interesantes a nivel psíquico es la pérdida del tabú constitucional. La constitución, ese tótem erigido como poder omnipresente ha caído como un falso dios de la mente de los soberanistas. No ha sido únicamente por las reiteradas embestidas contra “la estaca” que lo ata, sino porque éste, tras amparar los derechos civiles junto a todo tipo de corruptelas y omisiones de derechos (de expresión, o de vivienda, por ejemplo), se pudrió y al quererlo asentar a mazazos ha terminado por resquebrajarse. Además, la sentencia del TC contra el estatut tuvo el efecto de la carcoma: el poder judicial, controlado por los partidos desde el CGPJ estaba por encima de un referéndum, la voluntad del pueblo,  y de la aprovación del legislativo y el ejecutivo.

Estamos ante un fenómeno de cambio de actitudes y aculturación de nuevos valores. Probablemente, esta ruptura no se haya dado fuera del soberanismo si bien los reformistas han reconocido al menos dos señales: el fin del bipartidismo y la crisis política del estado. Habrá que ver si el 1-O es la tercera señal y si la aculturación permite un cambio de actitud a favor de un nuevo modelo de estado.

Al desgaste de un TC forzado por el partido del gobierno, así como las contramedidas que se están tomando contra la autonomía catalana, se ha sumado el desencanto de la corrupción, las dudas sobre su legitimidad, la inconveniencia del inmovilismo, la crisis de la monarquía y, sobretodo, la crisis laboral y de deuda (en la que se incluyen las pensiones). Los soberanistas no desobedecen para dirigirse a un estado sin ley, sino para asumir el control de sus recursos y mejorar la vida de sus ciudadanos. Por descontado, la única forma no-traumática de hacerlo para ambos es pactando un referéndum o cambiando la constitución. Por descontado, eso no ha sido posible. Es más, hasta el 1-O, o dicho de otra forma, hasta que no estalle el problema no se empezará a plantear seriamente una solución: cuando lo probable esté en la calle y en boca de todos, empezará a hacerse posible.

El frente del humor.

La idea es sencilla: la ironía y su efecto, el humor, nos hace cómplices con el emisor. Claro que la ironía implica un referente cultural y cierto gusto compartido. Por otro lado, la burla o hasta el sarcasmo, es decir, el humor imitativo o mímico y su deformación, o el insulto, no disponen de tanta aceptación entre las filas contrarias que saben apreciar los efectos de una carcajada.

El frente del humor lo ha ganado el soberanismo, aunque haya que reconocer que no todo ha sido mérito de su ingenio: el gobierno, quizá dando por perdida esta batalla con su “ley mordaza” y su falta autocrítica, no sólo no ha sabido crear un grado de distensión a través del humor sino que lo ha rendido sin jugar. Con el humor la intimidación se desvanece por arte de chiste o meme, junto a fotografías, comentarios, o actos cuyos referentes culturales, como la orografía del terreno en que se vive, el bando local ha sabido aprovechar.

La última ocurrencia del ministro de interior, Zoido, los cruceros de la Warner, ha sido comparada con el hundimiento de “La Armada Invencible” o la de Santiago de Cuba; recompensa que provoca el “procés”, y que levanta sonrisas y adhesiones a Piolín, nuevo héroe de la independencia, prisionero de una guardia civil enjaulada por políticos en un barco de los Looney Tunes, los dibus de la infancia de España; o las canciones de La Trinca, pegadizas y conocidas por más de una generación;  las narices de payaso, los claveles, los vítores de las papeletas, las consignas humorísticas, la autoparodia (“Urna, grande y libre”) y las urnas frente a una movilización castrense cuya presencia es aceptada como actor necesario para la puesta en escena de mimos y actuaciones.

La “guasa” hoy dispone de las redes sociales. Así como durante el franquismo, las revistas satíricas hacían cómplices sus lectores aunque fuera autocensurándose, hoy, la difusión del humor, asumida en gran parte las redes sociales salvo por algunos medios (El Jueves, El Intermedio, Polònia, etc…) hace lo propio sin autocensura; los memes, las máximas, los calambures y el ingenio de toda la población al alcance de un dedo. Como se ha demostrado con Donald Trump o las Primaveras Árabes, las redes sociales funcionan de acelerador cultural cuando encuentran una amplia base social implicada que participa a tiempo real y se hace cómplice, como un eslabón forma parte de la cadena que lo tensa.

Convencer por el miedo o el odio a una sociedad con buena salud es inútil: siempre gana más adeptos una risa que los augures del temblor de dientes, una actitud más propia de sociedades controladas mediante la represión.

El desenlace

Habrá que esperar entre cinco o seis días para anticipar algo. Se descubrirán las cartas y terminará una ronda que empezó hace tres años. Podemos estar seguros de que la madre de todas las batallas por Catalunya va a ser la administrativa-judicial, y que el frente social va a reaccionar en auxilio de la Generalitat y sus competencias, y quien sabe si se van a sumar huelgas indefinidas. Corre el rumor que tras el choque, el frente político hará un alto el fuego para plantear un armisticio. De momento me remito a lo que fue publicado el 2015 en L’article que anava a publicar: el resultado dependerá del equilibrio de fuerzas y apoyos, y esto no se sabrá con certeza hasta que haya una declaración de independencia, o hasta el resultado de las próximas elecciones catalanas.

Carta de crisis del juego de mesa “Café para todos”

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300 días para crear un juego

La primera vez que surgió la posibilidad de crear un entretenimiento con la política del estado fue por el 2010, de la mano de Xavier Poy, viejo amigo aficionado, como un servidor, a los juegos de mesa; hablábamos de un tablero y de dos modos de juego: bipartidismo y pluripartidismo. A modo de ejemplo, decíamos cosas tales, en colores distintos, como:

—Tot i així, crec que tant en l’eix econòmic com en el social es podria afegir una “propietat” més que representés la distribució. Per exemple, pots tenir una província molt rica, però amb una mala distribució (molta gent rica i molta gent pobre). El mateix en l’eix social, pots tenir una província molt “contenta” globalment però mal distribuïda (Un sector molt content i un altre que no, per exemple catòlics o laics).

—Bé, la idea es bona. Potser podríem fer que cada província tingués una puntuació variable d’ EQUILIBRI TERRITORIAL (serveis inversions, etc.): si el número es igual que el del poder econòmic, la província esta equilibrada x-y=0. Si hi ha menys equilibri hi ha mala distribució (excés, o defecte d’inversions: els punts resultants serien punts negatius).

Comentábamos que el mapa de las provincias de España daba bastante juego, y que cada una de ellas disponía de un valor económico y político, que sumados daban lugar a un valor total. También, que las comunidades daban influencia, y sopesamos la idea de hacer un Monopoly donde en vez de hoteles, en realidad, se “ganaban” provincias.  El objetivo del juego era hacer una reforma del estado, ganar por mayoría absoluta o el estallido de una revolución.

Sin embargo, como nos suele ocurrir, el proyecto de seis páginas acabó en el dropbox del olvido eterno, tras lo cual, nos dedicamos a diseñar un nuevo juego sobre la especulación inmobiliaria que corrió la misma suerte (aunque en esta ocasión, llegamos a hacer un pequeño playtesting).

No volví a recordar el proyecto hasta que en el 2012, de la mano de Sergio Fonseca la plataforma Portaldjuegos.com, surgió el tema en largas conversaciones telefónicas motivadas, en parte, por el 15M y los escándalos de corrupción. Eran tiempos interesantes, y tal y como estábamos enfrascados en un proyecto de promotora de juegos en Barcelona, la idea regresó, y con ella empezamos a darle vueltas al diseño.

Una de las ventajas de ser algo “veteranos” es que podemos partir de estructuras de juegos previos con las que resolver cuestiones de dinámica de reglas. Algunos de estos juegos se han quedado grabados en la memoria por la facilidad con que permitían comprender las relaciones entre grupos o facciones políticas. Algunos de estos fueron, Red Empire, Republic of Rome, Twilight Struggle, Gallactica, o Junta, sin desmerecer el “tute subastao.”

Sin embargo, el proyecto Portaldjuegos.com echó el cierre al cabo de dos años, en el 2014. Por un lado, nos hacíamos padres, y nos quedábamos sin tiempo y sin dinero; por otro, tras dos años de pruebas no supimos qué orientación dar a la plataforma: ¿queríamos convertirnos en tienda? ¿Distribuidora? ¿Queríamos seguir como promotora sin ánimo de lucro? Por aquel entonces ya habían empezado a salir juegos de mesa que representaban la crisis española, y recuerdo que en las jornadas uno empezaba a encontrarse con Troika, y Crisis, juegos a los que no he podido jugar, aún.

No ha sido hasta hace unas semanas que me enteré de la existencia de “D€mocracia”, un juego diseñado por aficionados madrileños, y editado por Verkami, con cierto eco mediático, que fue presentado durante la fase de mayor indignación política que se recuerde en España. Quizás sea el juego satírico sobre política española más desarrollado que haya podido encontrar en la web, aunque desconozco bien su funcionamiento.

Ha sido en el 2016, con el “bloqueo de los 300 días” y el “motín del PSOE”, que la vieja idea de crear un juego sobre la política española regresó. Esta vez, de la mano del Homo Ludens de Johan Huizinga y con los contenidos de elecosinpasos.com, se dio una simbiosis paradójica con la que extraer la motivación necesaria para ludificar la política española del ahora.

Este “ahora” es tal y como lo comprendo del relato que crean los medios y los políticos. En todo caso es una representación y, por lo tanto, un tipo de arte más que un tipo de ciencia. En ningún caso pretende ser una clase de historia, aunque los juegos y la historia tengan un punto en común (la comprensión de las relaciones entre grupos o clases rivales).

La confección de un juego político es también una manera de proyectar entelequias y problemas sociopolíticos sobre una estructura de reglas y de relaciones interpersonales entre intérpretes, es decir, los jugadores. Es, cómo decirlo, una forma de aclarar un problema entre varios; de especularlo, de colocarse por encima de él —de su tablero—desde donde observar las fuerzas que lo dominan y ejercerlas.

Periodistas, escritores, blogueros, narradores del relato y de sus subtramas, todos ellos han llenado de apologías y prosélitos las redes en los últimos dos años. Recuerdo la fiebre por opinar a favor o en contra durante “el procés”, o la “crisis del PSOE”, o el “bloqueo de los 300 días”; recuerdo el fanatismo con que muchos hábiles oradores arengaban rebaños a favor o en contra a cambio de simpatías y banderas. Lo recuerdo con cierta decepción pero, en todo caso, como resultado de un momento importante de cambios que no sabemos a dónde nos llevarán.

En este estado de ánimo me he lanzado a escribir un guión y hacer algunos bocetos.

Y hoy, tras unos dos meses y medio intensos, ya está hecha la primera versión.

mano

 

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La aznaridad

La Aznaridad. Manuel Vázquez Montalbán.

La aznaridad. Manuel Vázquez Montalbán. Mondadori. 2003

Leer la obra póstuma de M.V. Montalbán trece años después de su publicación es un ejercicio de arqueología política. Sus 372 páginas conmemoran –o mejor dicho, anticonmemoran–, como una lápida erigida en tiempos imperiales, el final del “aznarato”, es decir, de la legislatura VII antes de las elecciones del 2004. En aquel tiempo, el gobierno de derecha gastaba retórica imperialista mientras batallaba al PNV en el País Vasco y a ETA por todo el territorio, y se sumaba a la guerra contra el “Terror” islamista tras la ocupación de Irak. Fueron los años del “Prestige”, del “Yak-42”, del “No a la guerra”, y del islote del “Perejil”; los años de pasar de hablar catalán en la intimidad a tener mayoría absoluta.

El libro fue publicado cuatro meses antes de las elecciones del 2004, y por lo tanto, antes del  11-M. Relata una fe de vida del apogeo aznariano, lo que, según el autor, fue un ridículo internacional y un fracaso de gestión. Aznar, quien había prometido no volverse a presentar, y habiendo elegido ya a Mariano Rajoy como su sucesor, sería víctima de su propia política internacional. También, por entonces, nadie sospechaba que el PSOE, a la deriva tras intentar renovarse sin demasiado éxito, ganaría las elecciones a través del 11-M. Montalbán no llegó a saber qué sucedería ni tenía motivos para sospecharlo, aunque sus opiniones ya indicaban la importancia de las consecuencias en política internacional del “Trío de las Azores”.

Trío de las Azores

Trío de las Azores. Blair, Bush y Aznar.

En este sentido, el autor relata las tácticas políticas y enumera las consecuencias de la aventura personal de Aznar (de Dios hacia el Imperio) para la imagen de una España aliada con los EE.UU. en su campaña contra Irak, y de rebote, a modo de advertencia, contra Irán (e indirectamente China). Dibuja el emperador Bush como una especie de modelo para Aznar (por el Imperio hacia Bush), representación no exenta de meteduras de pata y ridículos castizos (como la toma del islote de Perejil a Marruecos, aliado americano) que reflejan el personalismo del expresidente. Ni Bush ni Aznar llegaron a Dios, ni tampoco encontraron armas de destrucción masiva. Pero el 11-M no tardaría en poner al expresidente en su lugar.

…no encontró armas de destrucción masiva y regaló al terrorismo islámico la coartada del terrorismo del Eje Atlántico. P. 341

Leer al Montalbán es ver reflejada una media sonrisa y escuchar su lengua ácida y mordaz, engarzando léxico religioso, político, humorístico y filosófico-festivo, digamos, aplicado al panorama nacional, lo que parece restarle imparcialidad a sus opiniones. Sin embargo, hay análisis de táctica política. Montalbán no pretende pasar por moderado ni socialista. Por un lado, los dardos van contra el presidente J.M. Aznar y su entorno, dardos bien envenenados y bien dirigidos, que hacen del grueso del libro un libelo contra el nacionalcatolicismo y el imperialismo del Aznar y su entorno, meras marionetas de los mercados y de los EE.UU; dardos contra su afición por los círculos de poetas afines y a su poema de cabecera, If, de Kipling, (que introduce el libro en la traducción de Luís Cremades), o contra su sistema de señales: una parodia exagerada de si mismo.

Estoy de acuerdo que la risa de Aznar es chapliniana, pero no de Charles, sino de Geraldine Chaplin, más triste y ensimismada.

El otro blanco, el PSOE, es atacado con artillería pesada, descargando contra la crisis de la socialdemocracia en su propia y denigrante contrariedad: desde el felipismo, pasando por el borrellismo, el alumniismo, y como no, el papel de Javier Solana en la OTAN durante las guerras Yugoslavas, Montalbán nos recuerda el cinismo imperante de la socialdemocracia española y europea; en España, despliega el diorama de la contradicción de un partido inaugurado por Felipe González, de rabiosa actualidad, para quien también hay algunos disparos.

Felipe González ya no funciona ahora a toque de pito de sondeo de opinión. Va por libre. P. 134

…González en el fondo compartía el gesto de autoridad del gobierno, porque como todos los políticos con voluntad de poder real, creía en la autonomía hegemónica del poder ejecutivo y en el largo brazo de ese poder más allá del ángulo de visión de la ciudadanía y de las injerencias restrictivas de los otros poderes. P. 24

En el plano territorial, Montalbán retrata el papel del PNV y de CIU, principalmente, siguiendo la lógica de la gobernanza que existía entonces, y que no era otra que la del pacto por “correlación de fuerzas”, algo que hoy en día suena a canción lejana del bipartidismo.

Vázquez no es muy dado a la moralina clásica ni a tomar partido entusiásticamente, pero no por ello deja de dar su crítica al capitalismo, como muchos otros sociólogos, sin dejar de aportar reflexiones, ya sea mediante el lenguaje irónico, ya sea mediante una idea incómoda. Este antiguo militante comunista quiere convencernos con el humor; este crítico con la crisis de la izquierda, novelista, poeta, “culer”, periodista, y ensayista, quizá tenga algo nuevo que decir a los jóvenes de hoy, pero para los mayores, lo mejor de su obra póstuma es su juego de piernas que hace botar el balón entre lo serio y lo grotesco.

Manuel Vázquez Montalbán

Manuel Vázquez Montalbán

Sin embargo, su voz pertenece hoy a otro orden de cosas: las de su época, desde luego, cuyo ecosistema político y socioeconómico ha dejado de existir hoy. Montalbán nos habla del bipartidismo, del posfranquismo entrando en la goblalización, sin apenas prever un futuro imprevisible entonces: una España sin ETA, sin bipartidismo, con un PP rampante y un PSOE desintegrándose; sin la gobernanza del pujolismo de CIU ni la irrupción de la izquierda crítica de Podemos y sus “mareas”, fenómeno nacido de la crisis global y, por supuesto, un soberanismo rampante reflejo de esa España inacabada en la transición. La España del 2003 era todavía un país como el de los 1990, espejado en sus fantasmas.

España deberá ser un compromiso entre gentes, pero me parece hoy insalvable una idea de España fundamentada en la metafísica o en la identificación marxista: clase obrera unitaria igual a Estado Unitario y mercado nacional igual a Estado nacional. P. 102

Sin dejar de lado la “frontera de fondo”:

Que los nacionalistas se sientan tranquilos cuanto antes, para que se supere esta ya agotador comistrajo y podamos volver a pensar en un mundo solidario por encima de la frontera de fondo. Lo que separa la riqueza de la pobreza. P. 120

Políticos

Fuente Moncloa.

Fuente Moncloa.

Montalbán no se olvida de caricaturizar los políticos del aznarato a los que dedica un capitulo entero en “caballeros y caballeras de la mesa redonda.” De seguir vivo hoy, es más que probable que nos hubiera regalado otro libro dedicado al actual presidente en funciones, M. Rajoy, y a su carácter gallego.

Gatuno es el señor Rajoy, pero evoca sobre todo al gato astuto de movimientos silenciosos que no tiene un miau malo para nadie. P. 351

En el star system de la política, Aznar (y hoy Rajoy) sería un ejemplo de una de las tesis más sarcásticas del libro, a saber: que las caricaturas acaban suplantando a sus políticos, hasta el punto de que éstos las imitan. Las salidas gallegas y tautológicas de Rajoy son lo que fueron, durante la aznaridad, los “cero patatero”, las “risas tontas”, y la gestualidad de los tiempos del Guiñol del C+ y del CQC de T5; si acaso, hoy, añadiríamos el programa satírico Polonia, en Cataluña, válido para todos los “expresidents”, ya que:

…en la España posfranquista los políticos o enloquecen o mejoran gracias a sus caricaturizadores. P. 209

…las caricaturas políticas en España han conseguido que los caricaturizados acaben por asumir la imagen distorsionada y actúen como si fueran su propia entidad. P. 67

Esta risa tonta forma parte del síndrome de la Moncloa, porque Felipe González se echaba a reír cuando le estallaban los escándalos.p24

Globalización y otras citas sobre la aznaridad.

Montalbán carga la tinta contra la globalización y la cultura del simulacro que desarrollan los medios, así como los problemas más de fondo de la sociedad occidental y el reto de la izquierda del nuevo siglo: la reformulación de un sujeto histórico crítico.

Con la lucha de clases ocurre lo mismo que con la Historia, la burguesía y la novela. Periódicamente aparecen necrológicas que anuncian su muerte, pero luego se comprueba que la historia, la burguesía, la novela y la lucha de clases son cadáveres que gozan de excelente salud. P. 281

De la crisis de representatividad de las democracias convencionales, consecuencia del poder fáctico determinante de la macroeconomía servida por políticos a medida, se derivarán insumisiones de la sociedad civil crítica, siempre y cuando haya circulación de ideas y saberes críticos. De ahí la importancia de copar las estructuras de poder de los medios de comunicación, para que con la teoría liberal de la libertad de iniciativa, los medios no tengan otra iniciativa que la de sus propietarios. P. 206

La única idea común que tiene el plural pastiche ideológico de la derecha del siglo XXI es la de privatizar, privatizar, privatizar, y no procede estrictamente de la ideología política sino de la economicista, la madre de todas las ideologías exhibidas en las grandes superficies comerciales del espíritu. P. 193

Normalmente la razón de Estado es una máscara de la razón de los grupos y sectores sociales que controlan el Estado… P. 176

En las provincias del orden global, se llamen España o Chile, la única soberanía que nos queda es proteger a nuestros matarifes. No somos soberanos ni en economía, ni en política, ni en estrategia militar, pero en represión sí. Ese es el cometido reservado al Estado de provincias: mantener el orden en la periferia. P. 177

…cuando los socialistas están en la oposición larvada siempre parecen de izquierdas. P. 53

Europa

Europa es una entidad improbable asediada por toda clase de invasiones de los otros, para empezar, los inmigrantes que le llegan desde los pueblos inmersos en el rencor contra la estrategia de la globalización. Y mientras Europa defiende sus fronteras interiores y exteriores de los asaltos migratorios, cuando mira hacia el cielo lo ve ocupado por los misiles inteligentes norteamericanos al servicio de la Teología de la Seguridad. P. 301

La virtud teologal más obvia es la que demanda el freno de la inmigración. El extranjero es el peligro exterior de pronto instalado como peligro interior y buena parte de las capas populares de Europa comparten esta inquietud, mejor o peor contrarrestada por una racionalidad política en horas bajas. Lo que Le Pen pedía demagógicamente y Berlusconi desde su bien utilizada adolescencia política, los demás lo asumirán como un mal menor europeísta y democrático: cerrar las fronteras ante la invasión de los bárbaros y aplicar la teología de la seguridad sobre los bárbaros ya instalados en casa. P. 304

El ala izquierda socialdemócrata es la reserva espiritual de un ecosistema perfectamente preparado para la esquizofrenia entre el pragmatismo y la utopía, entre el poder y su sombra. P. 46

…haya o no haya democracia, el poder se funda sobre un doble lenguaje, la doble moral y la doble contabilidad. P. 44

España

…En cambio todavía muchos políticos de países de medio pelo utilizan la argucia de viajar a otros países y desde allí promocionarse demostrando que son capaces de aparecer en las fotografías junto a gentes importantes y de paso hacer declaraciones, casi siempre clarividentes, sobre los problemas del mundo y del propio país. España salió del largo túnel franquista con complejo de nada espléndido aislamiento u los políticos democráticos siempre se han interesado por demostrar que se movían a sus anchas por el extranjero. p. 199

A medida que bajan las cifras del paro, suben las de la muerte entre trabajadores fast food, trabajadores engullidos como comida rápida, a bajo costo, a los que no se les pide la experiencia necesaria para sobrevivir en condiciones laborales de alto riesgo.  P. 147

Los que cuestionamos el nacionalismo como razón suprema de la voluntad política y en ese sentido no asumimos los integrismos nacionalistas, ni el español ni el serbio, a veces parecemos atraídos y agradecidos por la ascensión de los nacionalismos vascos y catalán. No se trata del síndrome de Estocolmo, sino de la ultimación racional de una crisis de la cohabitación española. Cuanto antes consigan el derecho a la autodeterminación en Cataluña y el País Vasco, antes podremos afrontar el rediseño de esa cohabitación ya sin el menor complejo de culpa de nacionalismo español dominante. P. 103.

…cuando en buena parte de las Españas oyen hablar en catalán, gallego o euskera les suena a frotamiento de hojas de tijera podadera empeñada en la castración del pene lingüístico de la patria, una unidad idiomática absolutista y totalitaria que en la práctica jamás existió y que sólo la dictadura franquista estuvo a punto de conseguir. Desde la prepotencia o desde la ignorancia condicionada por la perversidad de los libros de Historia que nos han hecho tal como somos, el hispanohablante sectario tiende a pensar que el gallego, el catalán y el euskera son inventos de la frágil democracia y más concretamente de líderes nacionalistas separatistas empeñados en acumular hechos diferenciales y separadores cueste lo que cueste. P. 31

Los augures del CIS van marcando la ruta de la verdad o de la mentira según marque victoria o derrota electoral. La verdad es ganar la mentira es perder… P. 130

Las elecciones vuelven metafísicos a los políticos que recuperan transitoriamente esencias, principios, identidades. P. 121

El PP

…Si se acaba la reivindicación identificativa se acaba el nacionalismo. Esta tendencia ideológica se basa en la defensa de una identidad frente a necesarios enemigos interiores o  frente a necesarios enemigos interiores o exteriores, y para los nacionalismos aplazados en España el enemigo siempre, siempre ha sido el centralismo españolista nacionalcatólico que ahora encarna sobre todo el PP. P. 95

El PP ha descubierto que defender la vertebración de España vende, sin necesidad siquiera de remodelar esa vertebración según la lógica federal derivada del Estado de las autonomías como ensayo general. P. 92

¿Hasta que punto la estrategia del PP moviliza a su favor a los jubilados, pero la de la izquierda real no atrae a un nuevo sujeto histórico crítico plural, incomprensible para los cánones de la izquierda establecida? P. 68

El sentido de Estado del PP es el de la derecha española que siempre ha pregonado preferir una España roja antes que rota, aunque a la hora de la verdad haya hecho toda clase de barbaridades para que no fuera ni roja ni rota. En cambio, el sentido de Estado del PSOE proviene de la original, arqueológica cultura socialista: una clase obrera un Estado. A la sombra de esta regla, más que al papel de la clase obrera real en los designios estratégicos del PSOE, cabe atribuir su empecinado sentir en el País Vasco a un cálculo electoral que ha contado hasta con los dedos de las manos cuántos votos quita o aporta hacer españolismo. P. 58

Catalunya

Cataluña, esa abstracción que el pujolismo ha convertido en un aplec interclasista consensuado sobre todo con el empresariado de puente aéreo de altos vuelos. P.71

El sueño del nacionalismo catalán interpretado por Pujol es que algún día España sea un mero vecino geográfico y Cataluña se entienda, factualmente, directamente con Europa. P.39

En cierto sentido la hora de la verdad en la relación España-País Vasco-Cataluña, está aplazada desde la crisis de Estado de 1898 contando con los cuarenta años enmascaradores, militarizados y perdidos bajo Franco. P. 119

Y por si faltara algo el president Pujol dijo que España no es una nación. Que Cataluña sí, pero España no. ¿Y eso es malo? Tal vez, por fin, España haya dejado de ser una nación y trate de convertirse en algo muchísimo más sensato y menos peligroso: una unidad pactada de gentes demasiado implicadas entre sí como para inventarse otro imaginario. P. 117

El rearme frente al castellano o español me parece necesario no ya porque todavía hoy la correlación de fuerzas objetiva se inclina por el idioma del Estado, sino porque sigue sin clarificarse la condición de cohabitación entre el catalán y el español en Cataluña preferentemente, pero también en la totalidad de España. Una mera actitud a la defensiva del idioma pequeño frente al idioma gigante ayuda a perpetuar una filosofía del desquite que puede hacer más daño que bien a la cohabitación. Obsérvese que utilizo cohabitación lingüística y no bilingüismo, desde la perspectiva de que el bilingüismo o el trilingüismo es una situación social y la cohabitación es a la vez situación y disposición cultural. Al tiempo que el catalán se defiende reafirmándose como lengua hegemónica, el sujeto histórico que guía esa operación debería abordar sin prejuicios ni segundas intenciones las reglas de cohabitación con la lengua española que no se resuelven mediante reglamentaciones de pupitres y codazos escolares o de padres de escolares. O se crea una atmósfera de cohabitación que, junto a la afirmación de naturalidad hegemónica del catalán, no ejerza una no siempre soterrada operación de atrofia, incruenta pero progresiva del castellano en Cataluña, o la crispación a este respecto aparecerá y desaparecerá como un Guadiana con las compuertas trucadas por las correlaciones de fuerzas políticas. La última trifulca debería servirnos de experiencia. Los denunciadores del genocidio catalán contra el castellano eran utilizados por los interesados para que fracasara el pacto PSOE-Convergencia, y la vida de las lenguas está por encima de las conjuntas superestructurales de la política. P. 105

Nacionalfutbolismo

La difusión audiovisual permite que el fútbol sea un gran negocio y conserve el carácter de religión laica de diseño hegemónica en Europa y América Latina, pero se trata de una militancia conscientemente irracional explícitamente higienista, terapéutica, sin fe ni esperanza, consideradas como virtudes no teologales. P. 159

Las antítesis no se crean así como así y la Dialéctica entre el Barcelona y el Real Madrid se remonta a los tiempos del conde-duque de Olivares. P. 157

Es sabido que el Barcelona Futbol Club ha asumido desde los años veinte la condición simbólica de ejército desarmado de Cataluña y que el Real Madrid fue un tercio de Flandes más en manos de la propaganda franquista. P. 31

Sobre la aznaridad

El punto fuerte del libro es la ironía. La verdad es que tampoco le faltan motivos al autor para criticar la gestión del PP a lo largo de ocho años, pero no hay balanza sin fiel: Montalbán no le interesa hacer ensayo objetivo de la gestión del PP sino recopilar el “libro de agravios” de lo que considera un gobierno personalista que hizo retroceder el país en términos democráticos. “La España va bien” de Aznar, sólo existió como máscara del posfranquismo. En este sentido, casi podría decirse que el libro es una obra antipolítica. Quizá aluda a demasiadas maniobras políticas, y por ello no sea fácil navegar por algunos capítulos, pero no se deja de plantear los problemas estructurales de un proyecto inacabado de país. Puede que la voluntad de memoria, para que no caiga en “la fosa común de la historia”, provoque cierta sensación de fatiga por acumulación de datos. Para solventarlo, empero, existe un índice analítico para saltar directamente al nombre, sigla o lugar en cuestión, sin tener que cruzar pasajes ingratos para los andares ligeros.

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La alegoría del divorcio

En lo que se refiere a las tendencias sobre la realidad política entre España y Cataluña, hace algún tiempo que algunos opinadores mediáticos usan una manida alegoría de género; una imagen móvil, bastante recurrente, de la relación de pareja. En este país —y en otros, tal vez— existe un idiosincrático placer en representar el conflicto de estructuras nacionales (problema, además, bastante complejo que engloba varios millones de opiniones y voluntades diferentes) con una escena doméstica de resonancias microhistóricas —o de telenovela—: un estereotipo demodé que pervive gracias a una cultura sedimentaria, lenta, y poco predispuesta a la modernidad; hablamos de la “escena” de la discusión matrimonial entre varón y hembra mal llevados. Cada vez que aumenta la tensión regional, dicha imagen es invocada a modo de parábola para instrucción de lectores de periódicos, familiares poco críticos y cuñados en general. Pero se detecta que ciertos periodistas maduros y algunos más verdes la reutilizan en sus artículos con cierto regodeo e ingenio opinatorio, rayano al “cuñadismo periodístico”. En líneas generales, por un lado, España es representada por al marido dominante, y al otro lado, Cataluña es la mujer díscola: una fierecilla caprichosa que está por domar. El movimiento de dicha imagen lleva el dilema a dos posibles desenlaces: o la esposa rebelde se somete a la autoridad del marido, o hace las maletas y se va de casa; y en este último caso, el desenlace da lugar a una serie de capítulos que incluyen el reparto de bienes, la expulsión del hogar, la amenaza con no poder regresar, la caída en el arrollo, y aun —y sobretodo entre los más destacables—, ese “par de hostias” que hay que darle a una mujer “mal follada” (sic). Cabría añadir que las nuevas generaciones añaden posibilidades acordes con la realidad social de la pareja en el siglo actual: el eterno retorno, por ejemplo, representado por la idea de la “novia” que no puede olvidarse y por la cual se acepta su rebeldía en forma de discusión interminable e inútil; o los más “calzonazos” que proponen la que hay que aguantar a la mujer que discute “por discutir” hasta que después de agotarse en su esfuerzo y rebeldía, con el pelo suelto y la frente perlada de sudor, se calma y regresa junto al abrazo protector de su esposo quien la sigue deseando algo más en secreto. Además, la alegoría tiene dos variaciones importantes: la alegoría del compañero de piso, y la alegoría de la comunidad de vecinos. Las posibilidades de la “alegoría del divorcio” dejan entrever la actitud del opinador frente a las mujeres, y la forma de resolver la parabola, su afinidad ideológica. Por ello, no resulta extraño que aún no se use la alegoría de la “mujer independiente” que se emancipa y decide tener hijos sola; o, por imaginar, incluso, la alegoria de “la boda homosexual”, y aun un cambio de roles de géneros, o hasta una familia tribal. Podríamos estar hablando del un cambio de actitudes a nivel dialéctico respecto a la relación entre Cataluña y España, pero lo cierto es que la vieja alegoría del divorcio sigue usándose a la defensiva, con los roles de género representados por relaciones de dominancia patriarcal. Dicho esto, no es creíble que la idiosincrasia de estos opinadores no esté relacionada, en última instancia, con las experiencias domésticas que compartan los editores del periódico junto con una parte de sus lectores; ésta, en definitiva, lo que transmite es la atávica actitud franquista frente la mujer, diluida y fijada por la democracia mediante la ley del divorcio de la Transición.

España-Catalunya

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