EL ECO SIN PASOS

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La aznaridad

La Aznaridad. Manuel Vázquez Montalbán.

La aznaridad. Manuel Vázquez Montalbán. Mondadori. 2003

Leer la obra póstuma de M.V. Montalbán trece años después de su publicación es un ejercicio de arqueología política. Sus 372 páginas conmemoran –o mejor dicho, anticonmemoran–, como una lápida erigida en tiempos imperiales, el final del “aznarato”, es decir, de la legislatura VII antes de las elecciones del 2004. En aquel tiempo, el gobierno de derecha gastaba retórica imperialista mientras batallaba al PNV en el País Vasco y a ETA por todo el territorio, y se sumaba a la guerra contra el “Terror” islamista tras la ocupación de Irak. Fueron los años del “Prestige”, del “Yak-42”, del “No a la guerra”, y del islote del “Perejil”; los años de pasar de hablar catalán en la intimidad a tener mayoría absoluta.

El libro fue publicado cuatro meses antes de las elecciones del 2004, y por lo tanto, antes del  11-M. Relata una fe de vida del apogeo aznariano, lo que, según el autor, fue un ridículo internacional y un fracaso de gestión. Aznar, quien había prometido no volverse a presentar, y habiendo elegido ya a Mariano Rajoy como su sucesor, sería víctima de su propia política internacional. También, por entonces, nadie sospechaba que el PSOE, a la deriva tras intentar renovarse sin demasiado éxito, ganaría las elecciones a través del 11-M. Montalbán no llegó a saber qué sucedería ni tenía motivos para sospecharlo, aunque sus opiniones ya indicaban la importancia de las consecuencias en política internacional del “Trío de las Azores”.

Trío de las Azores

Trío de las Azores. Blair, Bush y Aznar.

En este sentido, el autor relata las tácticas políticas y enumera las consecuencias de la aventura personal de Aznar (de Dios hacia el Imperio) para la imagen de una España aliada con los EE.UU. en su campaña contra Irak, y de rebote, a modo de advertencia, contra Irán (e indirectamente China). Dibuja el emperador Bush como una especie de modelo para Aznar (por el Imperio hacia Bush), representación no exenta de meteduras de pata y ridículos castizos (como la toma del islote de Perejil a Marruecos, aliado americano) que reflejan el personalismo del expresidente. Ni Bush ni Aznar llegaron a Dios, ni tampoco encontraron armas de destrucción masiva. Pero el 11-M no tardaría en poner al expresidente en su lugar.

…no encontró armas de destrucción masiva y regaló al terrorismo islámico la coartada del terrorismo del Eje Atlántico. P. 341

Leer al Montalbán es ver reflejada una media sonrisa y escuchar su lengua ácida y mordaz, engarzando léxico religioso, político, humorístico y filosófico-festivo, digamos, aplicado al panorama nacional, lo que parece restarle imparcialidad a sus opiniones. Sin embargo, hay análisis de táctica política. Montalbán no pretende pasar por moderado ni socialista. Por un lado, los dardos van contra el presidente J.M. Aznar y su entorno, dardos bien envenenados y bien dirigidos, que hacen del grueso del libro un libelo contra el nacionalcatolicismo y el imperialismo del Aznar y su entorno, meras marionetas de los mercados y de los EE.UU; dardos contra su afición por los círculos de poetas afines y a su poema de cabecera, If, de Kipling, (que introduce el libro en la traducción de Luís Cremades), o contra su sistema de señales: una parodia exagerada de si mismo.

Estoy de acuerdo que la risa de Aznar es chapliniana, pero no de Charles, sino de Geraldine Chaplin, más triste y ensimismada.

El otro blanco, el PSOE, es atacado con artillería pesada, descargando contra la crisis de la socialdemocracia en su propia y denigrante contrariedad: desde el felipismo, pasando por el borrellismo, el alumniismo, y como no, el papel de Javier Solana en la OTAN durante las guerras Yugoslavas, Montalbán nos recuerda el cinismo imperante de la socialdemocracia española y europea; en España, despliega el diorama de la contradicción de un partido inaugurado por Felipe González, de rabiosa actualidad, para quien también hay algunos disparos.

Felipe González ya no funciona ahora a toque de pito de sondeo de opinión. Va por libre. P. 134

…González en el fondo compartía el gesto de autoridad del gobierno, porque como todos los políticos con voluntad de poder real, creía en la autonomía hegemónica del poder ejecutivo y en el largo brazo de ese poder más allá del ángulo de visión de la ciudadanía y de las injerencias restrictivas de los otros poderes. P. 24

En el plano territorial, Montalbán retrata el papel del PNV y de CIU, principalmente, siguiendo la lógica de la gobernanza que existía entonces, y que no era otra que la del pacto por “correlación de fuerzas”, algo que hoy en día suena a canción lejana del bipartidismo.

Vázquez no es muy dado a la moralina clásica ni a tomar partido entusiásticamente, pero no por ello deja de dar su crítica al capitalismo, como muchos otros sociólogos, sin dejar de aportar reflexiones, ya sea mediante el lenguaje irónico, ya sea mediante una idea incómoda. Este antiguo militante comunista quiere convencernos con el humor; este crítico con la crisis de la izquierda, novelista, poeta, “culer”, periodista, y ensayista, quizá tenga algo nuevo que decir a los jóvenes de hoy, pero para los mayores, lo mejor de su obra póstuma es su juego de piernas que hace botar el balón entre lo serio y lo grotesco.

Manuel Vázquez Montalbán

Manuel Vázquez Montalbán

Sin embargo, su voz pertenece hoy a otro orden de cosas: las de su época, desde luego, cuyo ecosistema político y socioeconómico ha dejado de existir hoy. Montalbán nos habla del bipartidismo, del posfranquismo entrando en la goblalización, sin apenas prever un futuro imprevisible entonces: una España sin ETA, sin bipartidismo, con un PP rampante y un PSOE desintegrándose; sin la gobernanza del pujolismo de CIU ni la irrupción de la izquierda crítica de Podemos y sus “mareas”, fenómeno nacido de la crisis global y, por supuesto, un soberanismo rampante reflejo de esa España inacabada en la transición. La España del 2003 era todavía un país como el de los 1990, espejado en sus fantasmas.

España deberá ser un compromiso entre gentes, pero me parece hoy insalvable una idea de España fundamentada en la metafísica o en la identificación marxista: clase obrera unitaria igual a Estado Unitario y mercado nacional igual a Estado nacional. P. 102

Sin dejar de lado la “frontera de fondo”:

Que los nacionalistas se sientan tranquilos cuanto antes, para que se supere esta ya agotador comistrajo y podamos volver a pensar en un mundo solidario por encima de la frontera de fondo. Lo que separa la riqueza de la pobreza. P. 120

Políticos

Fuente Moncloa.

Fuente Moncloa.

Montalbán no se olvida de caricaturizar los políticos del aznarato a los que dedica un capitulo entero en “caballeros y caballeras de la mesa redonda.” De seguir vivo hoy, es más que probable que nos hubiera regalado otro libro dedicado al actual presidente en funciones, M. Rajoy, y a su carácter gallego.

Gatuno es el señor Rajoy, pero evoca sobre todo al gato astuto de movimientos silenciosos que no tiene un miau malo para nadie. P. 351

En el star system de la política, Aznar (y hoy Rajoy) sería un ejemplo de una de las tesis más sarcásticas del libro, a saber: que las caricaturas acaban suplantando a sus políticos, hasta el punto de que éstos las imitan. Las salidas gallegas y tautológicas de Rajoy son lo que fueron, durante la aznaridad, los “cero patatero”, las “risas tontas”, y la gestualidad de los tiempos del Guiñol del C+ y del CQC de T5; si acaso, hoy, añadiríamos el programa satírico Polonia, en Cataluña, válido para todos los “expresidents”, ya que:

…en la España posfranquista los políticos o enloquecen o mejoran gracias a sus caricaturizadores. P. 209

…las caricaturas políticas en España han conseguido que los caricaturizados acaben por asumir la imagen distorsionada y actúen como si fueran su propia entidad. P. 67

Esta risa tonta forma parte del síndrome de la Moncloa, porque Felipe González se echaba a reír cuando le estallaban los escándalos.p24

Globalización y otras citas sobre la aznaridad.

Montalbán carga la tinta contra la globalización y la cultura del simulacro que desarrollan los medios, así como los problemas más de fondo de la sociedad occidental y el reto de la izquierda del nuevo siglo: la reformulación de un sujeto histórico crítico.

Con la lucha de clases ocurre lo mismo que con la Historia, la burguesía y la novela. Periódicamente aparecen necrológicas que anuncian su muerte, pero luego se comprueba que la historia, la burguesía, la novela y la lucha de clases son cadáveres que gozan de excelente salud. P. 281

De la crisis de representatividad de las democracias convencionales, consecuencia del poder fáctico determinante de la macroeconomía servida por políticos a medida, se derivarán insumisiones de la sociedad civil crítica, siempre y cuando haya circulación de ideas y saberes críticos. De ahí la importancia de copar las estructuras de poder de los medios de comunicación, para que con la teoría liberal de la libertad de iniciativa, los medios no tengan otra iniciativa que la de sus propietarios. P. 206

La única idea común que tiene el plural pastiche ideológico de la derecha del siglo XXI es la de privatizar, privatizar, privatizar, y no procede estrictamente de la ideología política sino de la economicista, la madre de todas las ideologías exhibidas en las grandes superficies comerciales del espíritu. P. 193

Normalmente la razón de Estado es una máscara de la razón de los grupos y sectores sociales que controlan el Estado… P. 176

En las provincias del orden global, se llamen España o Chile, la única soberanía que nos queda es proteger a nuestros matarifes. No somos soberanos ni en economía, ni en política, ni en estrategia militar, pero en represión sí. Ese es el cometido reservado al Estado de provincias: mantener el orden en la periferia. P. 177

…cuando los socialistas están en la oposición larvada siempre parecen de izquierdas. P. 53

Europa

Europa es una entidad improbable asediada por toda clase de invasiones de los otros, para empezar, los inmigrantes que le llegan desde los pueblos inmersos en el rencor contra la estrategia de la globalización. Y mientras Europa defiende sus fronteras interiores y exteriores de los asaltos migratorios, cuando mira hacia el cielo lo ve ocupado por los misiles inteligentes norteamericanos al servicio de la Teología de la Seguridad. P. 301

La virtud teologal más obvia es la que demanda el freno de la inmigración. El extranjero es el peligro exterior de pronto instalado como peligro interior y buena parte de las capas populares de Europa comparten esta inquietud, mejor o peor contrarrestada por una racionalidad política en horas bajas. Lo que Le Pen pedía demagógicamente y Berlusconi desde su bien utilizada adolescencia política, los demás lo asumirán como un mal menor europeísta y democrático: cerrar las fronteras ante la invasión de los bárbaros y aplicar la teología de la seguridad sobre los bárbaros ya instalados en casa. P. 304

El ala izquierda socialdemócrata es la reserva espiritual de un ecosistema perfectamente preparado para la esquizofrenia entre el pragmatismo y la utopía, entre el poder y su sombra. P. 46

…haya o no haya democracia, el poder se funda sobre un doble lenguaje, la doble moral y la doble contabilidad. P. 44

España

…En cambio todavía muchos políticos de países de medio pelo utilizan la argucia de viajar a otros países y desde allí promocionarse demostrando que son capaces de aparecer en las fotografías junto a gentes importantes y de paso hacer declaraciones, casi siempre clarividentes, sobre los problemas del mundo y del propio país. España salió del largo túnel franquista con complejo de nada espléndido aislamiento u los políticos democráticos siempre se han interesado por demostrar que se movían a sus anchas por el extranjero. p. 199

A medida que bajan las cifras del paro, suben las de la muerte entre trabajadores fast food, trabajadores engullidos como comida rápida, a bajo costo, a los que no se les pide la experiencia necesaria para sobrevivir en condiciones laborales de alto riesgo.  P. 147

Los que cuestionamos el nacionalismo como razón suprema de la voluntad política y en ese sentido no asumimos los integrismos nacionalistas, ni el español ni el serbio, a veces parecemos atraídos y agradecidos por la ascensión de los nacionalismos vascos y catalán. No se trata del síndrome de Estocolmo, sino de la ultimación racional de una crisis de la cohabitación española. Cuanto antes consigan el derecho a la autodeterminación en Cataluña y el País Vasco, antes podremos afrontar el rediseño de esa cohabitación ya sin el menor complejo de culpa de nacionalismo español dominante. P. 103.

…cuando en buena parte de las Españas oyen hablar en catalán, gallego o euskera les suena a frotamiento de hojas de tijera podadera empeñada en la castración del pene lingüístico de la patria, una unidad idiomática absolutista y totalitaria que en la práctica jamás existió y que sólo la dictadura franquista estuvo a punto de conseguir. Desde la prepotencia o desde la ignorancia condicionada por la perversidad de los libros de Historia que nos han hecho tal como somos, el hispanohablante sectario tiende a pensar que el gallego, el catalán y el euskera son inventos de la frágil democracia y más concretamente de líderes nacionalistas separatistas empeñados en acumular hechos diferenciales y separadores cueste lo que cueste. P. 31

Los augures del CIS van marcando la ruta de la verdad o de la mentira según marque victoria o derrota electoral. La verdad es ganar la mentira es perder… P. 130

Las elecciones vuelven metafísicos a los políticos que recuperan transitoriamente esencias, principios, identidades. P. 121

El PP

…Si se acaba la reivindicación identificativa se acaba el nacionalismo. Esta tendencia ideológica se basa en la defensa de una identidad frente a necesarios enemigos interiores o  frente a necesarios enemigos interiores o exteriores, y para los nacionalismos aplazados en España el enemigo siempre, siempre ha sido el centralismo españolista nacionalcatólico que ahora encarna sobre todo el PP. P. 95

El PP ha descubierto que defender la vertebración de España vende, sin necesidad siquiera de remodelar esa vertebración según la lógica federal derivada del Estado de las autonomías como ensayo general. P. 92

¿Hasta que punto la estrategia del PP moviliza a su favor a los jubilados, pero la de la izquierda real no atrae a un nuevo sujeto histórico crítico plural, incomprensible para los cánones de la izquierda establecida? P. 68

El sentido de Estado del PP es el de la derecha española que siempre ha pregonado preferir una España roja antes que rota, aunque a la hora de la verdad haya hecho toda clase de barbaridades para que no fuera ni roja ni rota. En cambio, el sentido de Estado del PSOE proviene de la original, arqueológica cultura socialista: una clase obrera un Estado. A la sombra de esta regla, más que al papel de la clase obrera real en los designios estratégicos del PSOE, cabe atribuir su empecinado sentir en el País Vasco a un cálculo electoral que ha contado hasta con los dedos de las manos cuántos votos quita o aporta hacer españolismo. P. 58

Catalunya

Cataluña, esa abstracción que el pujolismo ha convertido en un aplec interclasista consensuado sobre todo con el empresariado de puente aéreo de altos vuelos. P.71

El sueño del nacionalismo catalán interpretado por Pujol es que algún día España sea un mero vecino geográfico y Cataluña se entienda, factualmente, directamente con Europa. P.39

En cierto sentido la hora de la verdad en la relación España-País Vasco-Cataluña, está aplazada desde la crisis de Estado de 1898 contando con los cuarenta años enmascaradores, militarizados y perdidos bajo Franco. P. 119

Y por si faltara algo el president Pujol dijo que España no es una nación. Que Cataluña sí, pero España no. ¿Y eso es malo? Tal vez, por fin, España haya dejado de ser una nación y trate de convertirse en algo muchísimo más sensato y menos peligroso: una unidad pactada de gentes demasiado implicadas entre sí como para inventarse otro imaginario. P. 117

El rearme frente al castellano o español me parece necesario no ya porque todavía hoy la correlación de fuerzas objetiva se inclina por el idioma del Estado, sino porque sigue sin clarificarse la condición de cohabitación entre el catalán y el español en Cataluña preferentemente, pero también en la totalidad de España. Una mera actitud a la defensiva del idioma pequeño frente al idioma gigante ayuda a perpetuar una filosofía del desquite que puede hacer más daño que bien a la cohabitación. Obsérvese que utilizo cohabitación lingüística y no bilingüismo, desde la perspectiva de que el bilingüismo o el trilingüismo es una situación social y la cohabitación es a la vez situación y disposición cultural. Al tiempo que el catalán se defiende reafirmándose como lengua hegemónica, el sujeto histórico que guía esa operación debería abordar sin prejuicios ni segundas intenciones las reglas de cohabitación con la lengua española que no se resuelven mediante reglamentaciones de pupitres y codazos escolares o de padres de escolares. O se crea una atmósfera de cohabitación que, junto a la afirmación de naturalidad hegemónica del catalán, no ejerza una no siempre soterrada operación de atrofia, incruenta pero progresiva del castellano en Cataluña, o la crispación a este respecto aparecerá y desaparecerá como un Guadiana con las compuertas trucadas por las correlaciones de fuerzas políticas. La última trifulca debería servirnos de experiencia. Los denunciadores del genocidio catalán contra el castellano eran utilizados por los interesados para que fracasara el pacto PSOE-Convergencia, y la vida de las lenguas está por encima de las conjuntas superestructurales de la política. P. 105

Nacionalfutbolismo

La difusión audiovisual permite que el fútbol sea un gran negocio y conserve el carácter de religión laica de diseño hegemónica en Europa y América Latina, pero se trata de una militancia conscientemente irracional explícitamente higienista, terapéutica, sin fe ni esperanza, consideradas como virtudes no teologales. P. 159

Las antítesis no se crean así como así y la Dialéctica entre el Barcelona y el Real Madrid se remonta a los tiempos del conde-duque de Olivares. P. 157

Es sabido que el Barcelona Futbol Club ha asumido desde los años veinte la condición simbólica de ejército desarmado de Cataluña y que el Real Madrid fue un tercio de Flandes más en manos de la propaganda franquista. P. 31

Sobre la aznaridad

El punto fuerte del libro es la ironía. La verdad es que tampoco le faltan motivos al autor para criticar la gestión del PP a lo largo de ocho años, pero no hay balanza sin fiel: Montalbán no le interesa hacer ensayo objetivo de la gestión del PP sino recopilar el “libro de agravios” de lo que considera un gobierno personalista que hizo retroceder el país en términos democráticos. “La España va bien” de Aznar, sólo existió como máscara del posfranquismo. En este sentido, casi podría decirse que el libro es una obra antipolítica. Quizá aluda a demasiadas maniobras políticas, y por ello no sea fácil navegar por algunos capítulos, pero no se deja de plantear los problemas estructurales de un proyecto inacabado de país. Puede que la voluntad de memoria, para que no caiga en “la fosa común de la historia”, provoque cierta sensación de fatiga por acumulación de datos. Para solventarlo, empero, existe un índice analítico para saltar directamente al nombre, sigla o lugar en cuestión, sin tener que cruzar pasajes ingratos para los andares ligeros.

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CUBA. Estamos deconstruyendo el socialismo. Disculpen las molestias.

Esta crónica fue publicada en junio de 2014. Ante las circunstancias actuales del “caso Castrobama”, lo republicamos de nuevo.

revolucion

Engels afirmaba que las ideas son el resultado de las condiciones materiales del hombre. A esto, habría que añadir que sólo pueden ser útiles si son resultado de dichas condiciones, y que aquellas ideas que no se corresponden con la realidad, las ideas que “no son de este mundo”, no pueden ser fiables para el hombre.

Visto así, cuando surge un problema, su solución puede plantearse elegantemente:

  1. o se cambian las ideas para adaptarlas a los hechos,
  2. o se cambian los hechos para adaptarlos a las ideas.

¿Qué opción tomar?

¿Se puede cambiar la revolución para adaptarse a la realidad, como defendía Lenin, o ha hecho China? o, por otro lado, ¿sigue siendo posible transformar la realidad para adaptarla a las ideas, como afirmaba Marx?

Sea como fuere, la realidad, para la filosofía occidental, es un proceso de cambio constante.

Hablando de estas y otras ideas, Angelina, antigua comunista, recuerda el “papel” de Marx durante el periodo especial:

—Durante el “periodo especial” no había papel. Teníamos que limpiarnos el culo con las páginas de El Capital.

El marxismo-leninismo a la cubana —el castrismo— no ha dado señales de moverse ni en uno ni en otro sentido desde la caída del campo socialista (1991), al menos, hasta hace unos cuatro años, cuando en el IX congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, Raúl Castro apuntó la “necesidad de romper dogmas”, y de “evitar el endeudamiento” del país.

Pero Castro también ha señalado que dada la complejidad de la situación socioeconómica cubana, la prisa no es buena consejera y, por lo tanto, no hay que tener prisa si se quieren salvar las ideas.

—Castro es como un elefante. Lento pero aplastante —bromea Angelina.

Cubanos anteriores y posteriores a 1991

Los emigrados entienden mejor qué es el castrismo cuando viven fuera de Cuba, y nosotros, entendemos mejor qué es el capitalismo cuando vivimos dentro de Cuba.

La Cuba del siglo XXI se parece, en opinión de algunos turistas, a la España de la posguerra: gente alegre con poco, abierta al extraño, vital para el turista que se olvida de su individualismo entre daiquirís y mojitos en un resort de pulsera Sol-Melià; algo así como lo que un alemán, inglés, o sueco, experimentaba con el “Spain is Different.” Sin embargo, quienes viven en la mayor de las Antillas, con su día a día tropical y permanente verano, el traqueteo de las guagas sobre el asfalto hoyado, la temporada de huracanes, la escasez; para los que sobreviven con sencillez dentro de una economía planificada subdesarrollada…

Para estos, la realidad es bien diferente.

Los jóvenes con ansias de mejorar sus condiciones de vida han aprendido que hace falta un cambio político radical para satisfacer sus necesidades; saben, sin duda, que la revolución ha fracasado para su futuro; han descubierto que a pesar de tener un acceso a la sanidad y educaciones públicas e universales, el mundo ha cambiado tanto desde la caída de la URSS que, en Cuba, ya no queda más remedio que cambiar.

Por su parte, quienes vivieron la Revolución, la generación de los mayores, reconocen su lado positivo y negativo; e intuyen que la revolución que ellos vivieron ha fracasado parcialmente, pero, por su edad y formación, van asimilado que su destino está ligado irremediablemente a los cambios que sucederán en los próximos años en la isla.

En un pueblo de la región oriental, a la sombra de un bohío, resuena la ironía del Guayabero. Ernesto, médico cubano regresado de misión en Venezuela y acusado de ser opositor, bromea entre trago y trago de ron:

—Fue con Gorbachov. El que la “cagof.”

Al menos para Ernesto la Revolución terminó en 1989, con la caída del muro de Berlín y los escándalos de narcotráfico en la isla.

Los precios y la moneda

En Cuba existen actualmente dos monedas en proceso de unificación: el peso cubano (cup) y el peso convertible (cuc), algo por encima del dólar norteamericano. La existencia de las dos monedas habla de la creación dos tipos de mercados durante el periodo especial: de dos tipos de consumidores, dos tipos de precios, mercancías y servicios.

25 pesos equivalen a 1 cuc.

Originariamente, el sistema fue diseñado para proteger la producción nacional y su sistema de sueldos y salarios, y desarrollar el mercado turístico con la divisa extranjera; los nacionales pagan en pesos y los extranjeros en cucs. Hoy por hoy, el cubano puede comprar cucs, aunque, evidentemente, el turista no tiene acceso oficial (aunque si oficioso) al mercado nacional.

La doble moneda oculta la paridad de compra del cubano, cuya capacidad es 25 veces inferior a la del turista. Cuando se comprueban los precios subsidiados de la bodega, los de los restaurantes, las tiendas, y se comparan precios y tipo de mercancías, resulta que:

  1. El mercado nacional no cubre la demanda nacional; así, el racionamiento y la escasez suelen ser habituales.
  2. El mercado de importación, de mayor variedad y cantidad, se vende a precios internacionales, en cuc.

La cartilla de racionamiento

Fidel, jubilado, muestra su cartilla. Su rostro agrietado por los años trabajando en el campo enmarca unos ojos metálicos, grandes, que trasiegan a medida que va recordando los artículos subsidiados que le toca buscar todos los meses a su bodega.

Cartilla de racionamiento

Cartilla de racionamiento

— 250cl. de aceite, 4 libras de azúcar, espera… 2 libras de refino y dos de parda… 5 libras de arroz, 8 onzas de frijoles… 1 kilogramo de sal cada tres meses, 5 huevos por persona al mes… y cuando viene… “pollo por pescado”,

—¿Pollo por pescado?

—Sí. Ya no nos entra el pescado en la cartilla. Lo guardan para los restaurantes… 6 onzas al mes; café, 4 onzas: tres de chicharro y una de café, al mes…

—Y esto cuanto cuesta?

—Mmmm… Entre 12 y 14 pesos al mes.

Fidel mira con asombro mi reacción; en su media sonrisa está la rúbrica del efecto que me han causado sus palabras. Apunta con el dedo la cartilla de racionamiento

—Pero no da para vivir. No es suficiente.

Su mujer nos sirve un café, corto, en vaso de cristal, mientras hablamos. Su hija, estudiante de medicina, comenta que un salario medio al mes equivalen a 360 pesos, unos 12,5 cuc, pero el racionamiento no cubre la demanda y obliga a comprar en el mercado negro, o en las “tiendas liberadas” porque ya no es posible alimentar una familia sólo con la cartilla de racionamiento.

—Hombre. Esto es mejor que morirse de hambre.

—Esto se implementó cuando el bloqueo, y aún dura. Siempre nos dicen que es por el bloqueo.

—Al menos os lo garantiza el estado.

—Sí. Pero la cantidad y la calidad, son malas. Verás. Cuba es un país donde el tiempo se detuvo en 1959, pero en vez de avanzar, fue para atrás. El problema fue que durante las últimas décadas no se desarrolló una industria propia de consumo y de calidad. Todo se importaba.

Por la tarde visitamos la ciudad. En una “TRD CARIBE”, una tienda estatal de precios liberados, algunos artículos escasos o raros doblan el precio en €; en una sección de deporte, unas zapatillas de marca con “merma” —tara—, están al mismo precio que en Europa, pero sin tara; los desodorante roll-on, sobre los 3 o 4 cuc; una botella de aceite de marca blanca española, 8 cuc.

Angelina, quien ha venido a visitar a su familia, desea comprar una cafetera italiana a su abuela. En España vale 8€, que al cambio son unos 11 cuc, el sueldo de un mes. Pero en ninguna parte podemos comprar una cafetera nueva porque sólo vemos la misma cafetera eléctrica por 50 cuc. Angelina se indigna.

—¿Qué tipo de negocio está haciendo el gobierno con ello?

En todos los comercios liberados se encuentran siempre los mismos productos (aún no ha llegado la cultura de la competencia de mercado). A poca distancia, en unos talleres, varios artesanos fabrican cafeteras italianas con piezas y repuestos de aluminio.

—Para turistas. Estas se rompen con sólo usarlas.

La paridad de compra del cubano es 25 veces inferior, por la moneda, además de que su poder adquisitivo global es prácticamente nulo: el sueldo medio cubano (unos 12 cuc) le hace impermeable al mercado internacional.

—¿Sabes lo que decía mi padre? —me recuerda Fidel—, si tanto les gusta, quédense aquí a vivir.

Las clases sociales.

Frente a la necesidad, al cubano no le queda más remedio que ser abierto y solidario, incluso a su pesar. Así, crea una red de contactos que le proporciona información, medios y servicios, no fiscalizados, con los que se pueden cubrir los imprevistos del día a día, y algo más.

—Así es —Termina de decir Ernesto.

A no muy poca distancia, la familia prepara el puerco asado que compramos a un guajiro por 25 cucs. El guajiro da vueltas a la espita mientras la selección de boleros baila en los altavoces de la cadena de música importada. Se sirve ron de marca. Es un día especial.

—Dime, cómo médico, ¿existe la miseria en Cuba?

Ernesto, médico de vuelta en misión a Venezuela, responde escuetamente.

—Sí.

Ernesto ha vivido cinco años en Venezuela, en misión médica. Las misiones son convenios de la colaboración entre Cuba y Venezuela y es uno de los capitales humanos de la isla mejor cotizados en el continente, allí donde el sistema de sanidad pública es insostenible.

—En una misión puedes ganar hasta 5000 cuc, pero el estado se cobra la formación que ha invertido en ti. Si no te fugas y te portas bien, al volver a Cuba puede que hayas ganado unos 1000 cuc.

—Bueno, España regala el capital humano a otros países, y no recupera nada de su inversión.

Le pregunto si Cuba es lo mismo que en Venezuela. Niega con la cabeza.

—No hemos llegado a esos niveles, ni tampoco a la situación de crimen y bandas que controlan el mercado negro. Espero que eso nunca pase aquí.

Ernesto relata algunas anécdotas venezolanas, dignas de un guión de Brian de Palma. Luego añade:

—Antes de la caída del campo socialista, nos decían que no existían las clases sociales. Pero hoy en Cuba hay clases sociales. Las últimas reformas, los cuentapropistas, las permutas y las compras de pisos… Abajo, la gran mayoría de los once millones de cubanos: el jornalero, el que no llega a fin de mes, el que no tiene familia, ni recursos. El que sobrevive. En el campo algunos guajiros viven bien, sin riqueza pero con abundancia. Otros no tan bien. Las grandes explotaciones son estatales. Ahora que se permite la compraventa de casas, las familias juntan capitales, venden y compran o permutan, pero controlados por el estado; por su lado, el estado arrienda sus propiedades para poderlas explotar. Pero en Cuba nadie es propietario de la tierra que pisa.

—Una pequeña burguesía pujante…

—Pero está todo del revés. Pilotos, licenciados, técnicos, una masa de capital humano formado está ganándose la vida vendiendo baratijas, o trabajando en panaderías.

—Eso me suena también.

—Y también están los que tienen fe —corta Angelina.

—¿Fe?

—Familia en el extranjero

—¿Y la clase alta?

—Existe. Son minoría. Es el estado, los altos mandos, el inversor extranjero…

Camilo, cubano emigrado a los EE.UU., que ha perdido la ciudadanía y ha vuelto a su país como extranjero, lleva un rato bebiendo con nosotros. Nos habla de los rumores que corren la isla sobre el crimen creciente. Desde su punto de vista:

—Prefiero un país donde no haya el crimen que hay en Venezuela, un estado fuerte que controle eso, porque para eso nos quedamos con la dictadura pura y dura. Quiero sentirme seguro en mi país. Que te maten para robarte un portátil…

—Desde hace un par de años las cosas han cambiado. En Camaguey han surgido bandas. La de los 300, y los Oquendo, luego…

—¿Los 300?

—Los 300 guerreros de Mabala.

—O los asesinatos a turistas. Ahora los asesinan para robarles. Es la primera causa de muerte. Esto nunca había sucedido antes. —corta Camilo.

El mercado negro

Las fachadas coloniales pintadas con colores pastel, como también sus soportales ruinosos y descascarillados, forman el escenario auténtico. Entre el aroma de petróleo que inunda las calles, los gritos de “maní, maní” y el trasiego de las colas que hormiguean alrededor de las bodegas, o de los centros de telefonía estatal, se unen al color local los coches de caballos, los bicitaxis, las guagas, los revendedores, los turistas…

—Esto se parece a la España que me contaban mis abuelos —le comento a Angelina, paseando por una calle principal.

Los años del estraperlo

Aunque los centros turísticos están mejor restaurados, el deterioro es generalizado; la falta de mantenimiento comba los postes de teléfonos y de electricidad; una telaraña de cobre que sobrevuela las bocacalles; el pavimento resquebrajado, los cines y teatros de cristales rotos y reconvertidos; los carros de antes de la Revolución, los almendrones, los carros soviéticos, los lada, los moskóvich… parece trasladarse por el espacio más allá del tiempo.

—¿Sabes que en España hubo un tiempo que esto era así? Fueron los años del estraperlo.

—¿Qué es eso?

—El mercado negro, durante el bloqueo.

—Bloqueo, de los USA?

—Bloqueo mundial. España era una dictadura fascista en un país subdesarrollado. Había cartilla de racionamiento y mercado negro.

—…

Uno puede encontrar a los estraperlistas si los busca. Los locales saben quien se dedica a sobrevivir especulando. La bodega es el mejor lugar donde empezar a preguntar; algunos bodegueros venden más de lo permitido a un precio mayor, para cubrir una demanda creciente y oficiosa, que no cubre la cartilla de racionamiento. También, cerca de los bancos suele haber compradores de moneda. Por otro lado, las propinas y los regalos a los funcionarios forma parte de la etiqueta de la red de favores. Preguntando, uno siempre conoce a alguien que puede vender algo que no está en el mercado, a precio especial.

—Por ejemplo celulares. O liberalizarlos.

Sea cual sea la ruta de entrada al país, hay una presencia sutil de Iphones, televisores de plasma, y tabletas que llama la atención.

Los cuentapropistas —autónomos—, cuyos negocios tienen una demanda creciente han de ir al mercado negro para encontrar los medios de cubrirla.

—Tabaco, harina, material para la construcción, componentes de coches, ron, etc… Se encuentra de todo en el mercado negro.

La necesidad, la falta de medios y las restricciones han creado una segunda economía, un segundo mercado que beneficia a muchos, incluso al propio estado, según se dice. Los precios desorbitados por la especulación no son obstáculo para la desesperación.

—Y visados. Alrededor de las embajadas hay quienes hacen su agosto.

La presión de la globalización es muy fuerte.

La Habana

La Habana

En La Habana, se nos presenta a Josep, un catalán asiduo a la capital que se siente como pez en el agua. Más cubano que los cubanos, su complicidad, y su dominio de la situación hacen decir a la gente:

—Es chévere.

La gent aquí és com al mediterrani —comenta en petit comité—. Són molt oberts, viuen bé amb poc, i tothom vol fer negoci.

El olor de petróleo en La Habana Vieja es omnipresente. Al otro lado de la bahía, la antorcha de la refinería alumbra como un faro apagado en medio de un naufragio.

El contrabando es otra vía. Incluso, el estado parece comprender que la necesidad del mercado negro está fuera de su control: los decomisos en la aduana, a pesar de las restricciones, han disminuido y se han reducido a un sorteo; bajo la denominación de “miscelánea”, turistas y nacionales pueden pasar decenas de kilos de material por persona, a excepción de ciertos productos: material de uso personal que en el mercado negro es material revendible.

Crec que al final ho hauran de legalitzar.

Por otro lado, el tabaco y el ron son los productos favoritos de los turistas. Al margen de las cantidades legales, se puede encontrar género de contrabando.

—Me han dicho que el custodio de la fábrica —comenta Josep en castellano—, se le paga con un puro de los tres que tiene derecho por día un trabajador de fábrica tabaquera.

Tras hacer unos cálculos dice:

—En dos semanas se puede llenar una caja de 25 puros cohíba de calidad extra… Però que no et donguin gat per llebre. Si vols estar segur de la qualitat, ves a comprar a la botiga. Al carrer et pots trobar que no són el que diuen que són.

Ver a Josep interactuar en todas las situaciones, y como les da la vuelta para llegar a lo que le interesa es sorprendente. Dice que lo único que hace es confiar en los demás, pero sin dejarse tomar el pelo.

—Él es más cubano que los cubanos que he conocido.

Caminamos por Obispo. En la plaza una mujer policía se lleva detenida a una joven mulata, sola, bien vestida.

Pobretes. La policía s’ha posat molt dura.

El jineterismo —prostitución—, a pesar de estar perseguido sigue siendo otra vía de escape a las necesidades para muchas mujeres sin medios. Tampoco es extraño ver una relación normalizada entre un europeo —según nos cuenta un anciano caballero—, y una joven cubana de veintipocos años, con niños.

—Yo vengo medio año aquí y luego me vuelvo —dice con su acento italiano, un anciano canoso, de ojos azulados y modales elegantes—. Mis hijos se hacen cargo del negocio en Italia.

En consecuencia, el asedio al turista solitario es insistente, y más ahora que la prostitución masculina, homosexual, aunque más discreta que la femenina está mucho más aceptada que antes.

—Antes, los maricones estaban mal vistos —espeta Pablo, un mulato que vende artesanía, aficionado a las radios antiguas—. Luego, empezaron a ser aceptados. Ahora, parece que es obligado que tengas que ser maricón.

El malecón de la Habana bulle de noche con mayor vida que por el día. La fila de parejas y solitarios hormigueando a ambos lados de la acera recuerda un botellón. La policía hace acto de presencia a la cabeza de la ristra, discutiendo con varios noctámbulos, incansables, en la brisa del Caribe.

La dictablanda

Raúl Castro expresaba en 2013: “Éste será mi último mandato.”

Tras la reforma de la constitución, el mandato de los políticos cubanos no podrá alargarse más dos periodos de 5 años, con edades máximas, a excepción del propio Raúl, quien, según sus palabras, se jubilaría con 86 años.

—Raúl es como un elefante. Lento pero aplastante —repite Angelina.

La oposición de Miami no parece estar muy convencida de las palabras de Raúl, y exige un cambio de régimen completo. Por otro lado ha empezado a correr el rumor que el vicepresidente del consejo de estado, Miguel-Díaz Canel, será el próximo presidente en 2018

—¿No lo llamáis “el deseado”?

—¿Deseado?

—Por aquello de si es un liberal camuflado de comunista…

—No sé —dice Fidel—. Es verdad que ahora las cosas han cambiado un poco a mejor. Antes este reparto —distrito— estaba plagado de chivatos. Ahora es un territorio, digamos, libre.

Estamos en la mesa del comedor-cocina. Por la puerta del patio entra una mujer, saluda, y se sienta a comer.

Angelina baja la voz y me guiña un ojo:

—Ella es del partido.

Fidel saluda a su hermana y continúa hablando con normalidad.

—Conozco a mucha gente que ha dejado de militar para el partido. A los jóvenes ya no los enganchan con el discurso. Muchos lo ven como un estorbo para poderse mover libremente.

Fidel respira hondo. Mira a su hermana, quien no ha levantado cabeza del plato, y contesta:

—Tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. La salud, la educación y la cultura, sigue siendo lo mejor que tenemos. Pero… todo lo demás, la economía y la burocracia…

La hermana come sin decir palabra.

Es difícil hallar algún individuo que defienda el marxismo-leninismo fuera del gobierno o de las organizaciones afines. El discurso oficialista —como el del programa la “mesa redonda”—, habla en un idioma distinto al del cubano corriente. Por la forma de hablar se puede reconocer el estatus de quien habla, o su círculo.

En general, los antiguos comunistas reconocen los méritos de la revolución y el sufrimiento colectivizado del pueblo, sobretodo, tras los descalabros del periodo especial y la represión de las últimas décadas, pero niegan con la cabeza, resignados, sobretodo, cuando ven el futuro que les espera a sus hijos.

—Sí Martí levantara la cabeza —le tiento.

—No. Si el ché levantara la cabeza…

Exóticas resultan las consignas gastadas y envejecidas, junto a los carteles de la propaganda con los octogenarios Fidel y Raúl, las efigies de Martí, Camilo, El Ché, el “amigo” Chávez, Bolívar, y una caterva de héroes nacionales que dominan las fachadas y avenidas principales.

Estudio, trabajo, fusil

Estudio, trabajo, fusil

Quizás sea la falta de costumbre, pero esas ideas golpean con demasiada insistencia la realidad del día a día.

En un pueblecito pesquero, al pasar ante una casa manchada de pintura negra, Angelina me indica que no haga fotos.

—Lo han marcado de disidente. Un opositor.

La casa, una sencilla casa unifamiliar de ladrillos y techo de zinc, tiene toda la fachada manchada de pintura de negra. Un hombre en pantalones cortos se mece en una silla y nos mira desde el porche improvisado en el rellano de la escalera que sube a la casa.

La práctica totalitaria de marcar y reprimir a quien no está conforme con el discurso político oficial sigue vigente. Chivatos, multas, prohibiciones, pintadas, denuncias en público en la televisión —la mesa redonda—… todo tiene una violencia de coletazo final, de estertor gerontocrático. La prueba es que todo el mundo habla abiertamente y da su opinión política individualmente y sin miedo.

El estado sólo parece preocuparse por las apariencias generales que por la opinión individual. Se centra más en controlar lo que tiene incidencia internacional y en la calle.

Compartimos el almuerzo con Ruiz junto a sus amigos: tostadas, ostiones y dorado. Nos hemos conocido casualmente y en nada hemos pegado la hebra. Hablamos de historia y pronto surgen los masones. Se identifica como miembro.

—Tuvo un papel muy importante antes y después de la independencia. Ahora también lo tiene como creencia. Nos reunimos libremente y nos ayudamos. También hemos ayudado a la gente en tiempos difíciles.

Es un hecho empírico que las logias masónicas jalonan todo el territorio de Cuba.

—¿Pero si son liberales, entonces, que relación tienen con el partido comunista?

—Es complicado. Por un lado, el partido nos acepta por razones históricas ya que preparamos ideológicamente la Revolución. Luego las cosas cambiaron.

—¿Y no hacen nada?

—Hoy, los miembros del partido comunista están dentro de la masonería.

Disfrutamos de una comida frugal y de buen ron. La compañía es grata. Los chistes sobre política y las pantomimas van de la mano. En este pueblo pesquero, a nadie parece importarle más la política que para hacer reír. Pánfilo entra en escena.

—Y tú que piensas de Cuba, ¿te gusta?

En ese momento, recuerdo la cultura de la pobreza que elogia Antonio Gamoneda.

—No os queda más remedio que ser alegres.

La censura

Un vistazo a la televisión y a la prensa no deja lugar a dudas de que, informativamente hablando, Cuba vive en su burbuja mediática. Tampoco sirven demasiado los rumores exteriores, puesto que cualquier noticia podría ser un anzuelo soltado por el partido para hacer saltar la liebre. El resultado es que a nadie parece interesarle lo que dicen los medios. Prefieren hablar con un extranjero directamente.

—Hay más información de Cuba disponible fuera de Cuba que dentro.

Paseando por la plaza, Angelina me señala el lugar donde hubo una manifestación.

—Aquí fue donde hubo aquella manifestación de la que te hablé.

Ante los soportales de esta plaza del interior, cerca de un policlínico, hubo una manifestación popular contra la represión de los vendedores ambulantes. El motivo fue que no podían vender en esa calle productos importados. Los vendedores defendían que de hacerlo en sus casas no podían vender el género.

—Un asunto de libertad de comercio.

La huelga acabó con porrazos y algún herido.

—Pero luego, me han dicho que fueron uno por uno, y les fueron cerrando el negocio.

—¿Y no hay organizada una oposición?

—En Cuba, no. No existe la oposición organizada. Todo el que vale se va fuera del país. Aquí la oposición son dos o tres voces toleradas a medias por el partido.

—Pero yo había oído que había una red de internet… como una radio libertad…

—El Zunzuneo ¡Qué va! Un invento para despistar ¡Pero si aquí casi nadie tiene internet!

—He oído que algunos, por ejemplo, artistas o intelectuales…

—Pero todos los que tienen recursos están fuera de Cuba, y los de dentro que tienen recursos son afines al partido. Fíjate, por ejemplo, en Silvio Rodríguez.

—Todos no. He oído hablar de “las damas de blanco…”

—Y yo que cobran un dólar al día por hacer oposición.

—¿Y esa tal Yoani Sánchez?

—A esa la dejan hablar porque les conviene.

Aunque no tengo manera de comprobar las afirmaciones constato una cosa: hay un completo descreimiento sobre la eficacia de la oposición dentro de Cuba. O dicho de otra forma, la conformidad con un régimen de 55 años es demasiado aplastante.

Cómo el elefante.

La alegoría del ladrillo

Recordando, Pablo nos trae una respuesta.

Le llevamos café, ya que él no tiene derecho a pedir café en el bar del hotel.

—Mira. Aquí ya no se mata a nadie. Lo que se hace es quitarte lo poco que tienes. Pero fíjate lo listos que son: es como si te pusieran un ladrillo en la cabeza. Imagínate, que con el ladrillo, tu, al principio, piensas “uff, qué ladrillo, pero sólo es un ladrillo”, y tiras. Luego, te colocan un segundo ladrillo, y el peso hace inclinarte un poco, pero “bueno”, te dices, “sólo es otro ladrillo más.” Luego te cargan un tercer, un cuarto y un quinto. Y cuando estás que ya no puedes más, que te tienen a punto de desmayarte, van y te quitan un ladrillo. Entonces te dices: “mira, uff, qué bien, me han hecho un favor, ahora me siento mejor, estaba a punto…” Y luego te meten un nuevo ladrillo y vuelta a empezar.

Me toco la cabeza y noto la brisa cálida del aire del caribe.

Pablo se ríe de oreja a oreja.

La sombra del Águila

Obama y Raúl en el entierro de Mandela

El turismo es un síntoma de globalización y de terciarización económica; es la tabla de salvamento para la economía nacional. En los hoteles no hay americanos, tampoco hay demasiados españoles. Sobretodo hay canadienses, ingleses, franceses y algún italiano.

—Los yanquis se van a República Dominicana. Y cómo los canadienses prefieren lo contrario a los americanos…, por eso vienen aquí.

En mayo, prácticamente no hay turismo. Quizás unos cien mil en todo el mes. El canadiense se deja sus dólares a gusto: una estancia placentera de un Caribe a medida.

Los EE.UU. aparecen para unos como la tierra prometida, y para otros como un criminal genocida. En general, el cubano de a pie siente menos simpatía por los USA hoy que mañana, y ya no es infrecuente ver camisetas, faldas y medias con la barras y las estrellas, o las gorras de los Yankees, entre algún joven.

—No se puede dar la culpa de todo al bloqueo —comenta Pablo mientras enciende un H.Upmann—, llevan diciéndonos lo mismo toda la vida. Y no digo que no haga daño, porque sí que lo hace, como la ley Helms-Burton, ni tampoco que los revolucionarios fueran unos cobardes, porque hay que tenerlos bien puestos para enfrentarse a todo un ejército desde la nada. Pero el bloqueo fue una cagada.

—Supongo que durante la guerra fría, con la crisis de los misiles, el bloqueo tenía algún sentido…

—No. Me refiero a que si los USA hubieran levantado el bloqueo en 1991, ahora ni Fidel ni Raúl estarían. El régimen no habría tenido esa excusa y habría tenido que cambiar.

Pablo habla con entusiasmo típico del cubano, mientras la tarde va cubriéndole el rostro. Acompaña sus palabras de gestos rápidos, y posee una determinación en su forma de hablar que si no es ensayada, parece la de alguien con las ideas claras.

—Todo aquél que tenga convenios con USA no puede comerciar con Cuba, al menos a nivel financiero y comercial. A quien se salta el bloqueo, la justicia americana le mete una multa millonaria.

—Eso no es económicamente sostenible en el mundo actual. Creo que ambos países deberían acercar posiciones, ¿no crees?

—Eso no cuenta. Porque eso es la política. Un gran negocio. USA no quiere perder el control del negocio. Si no es pare él no es para nadie. ¿No sabías que a pesar del bloqueo, compramos productos americanos?

—Vaya, pues esto ya no hay quien lo entienda.

—Qué país… qué país…

Pablo se dedica a la venta ambulante y a otros “negocios”. Con un tono ensayado durante muchas tardes ante muchos turistas, suelta:

—A esto no le queda más remedio que cambiar. Han empezado los cambios pero yo no estoy para esperar. Si cuando se vaya Raúl llega un nuevo gobierno y con ello puedo instalarme bien, perfecto. Pero si esto no acaba cambiando —palmea con fuerza—, yo me voy a Miami.

 

Birán.

Birán.

Los nombres de quienes han vertido su opinión en este retrato de Cuba han sido cambiados, por si las moscas.

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Ontología del capitalismo decadente

DELILLO, Don. Cosmópolis. Seix Barral (239 pp). Barcelona, 2003.

Eric Packer no es el yuppie de la era Regan, sino una suerte de místico de las divisas, aficionado a la ciencia, la poesía y la mística; un producto de la economía globalizada de finales del siglo XX, justo cuando se acusa la primera crisis económica con Oriente.

Durante la jornada en que transcurre la novela, DeLillo convierte la Gran Manzana en un escaparate de los conflictos de la globalización económica. El capitalismo asentado sobre la tecnología punta y la acumulación de capital, sostiene el orden del sistema global, que es el orden de lo previsible —la tendencia—, frente a lo imprevisible —la oposición—. Eric Packer descubrirá que la identidad en el sistema global sólo es posible mediante la oposición a la tendencia, lo que conduce a la autodestrucción.

Estos contrarios se estructuran en dos voces: por un lado narrador apoyado en Eric Packer que recrea el microcosmos del sistema desde su reflexión. Por otro, el reverso de la misma moneda: un narrador identificado, un desechado del sistema que quiso llegar a ser como él, cuyo obsesión es la oposición y destrucción del origen del propio sistema.

En la ciudad global la ruptura de la tendencia surge de lo ocasional. Lo contingente sucede pero su sentido es a posteriori porque todo ocurre demasiado deprisa. Lo que cambiará todo para Eric Packer será una línea como: “No sabía lo que quería. De pronto lo supo. Quería ir a cortarse el pelo.” La frase “corte de pelo” en terminología financiera significa quiebra; y la depreciación del yen como consecuencia de la subida del dólar en la última década, en un hombre que busca el sentido en los patrones luminiscentes de los quasar, como en los microsegundos que tarda la información financiera en aparecer en pantalla, significará al final la escapatoria de la tendencia; el sentido se recupera al salir del orden.

La muerte como afirmación del individuo cierra la primera parte y abre la segunda no-odisea en limusina. Bajo ese auspicio Eric descubrirá que el sentido no se encuentra en la asunción de normas sino en la voluntad de ser. Pero no cabe esperarse un romanticismo desgarrador: Eric asume el riesgo personal del enfrentamiento contra el hombre al renunciar al su mundo pero la oposición al sistema conlleva la autodestrucción y la ruina. La muerte prevalece como única forma de escape que permite el sistema.

Por otro lado, el hombre actual busca un sistema de ideas que le dé una cosmovisión que dote de sentido los anhelos y los sin sentidos: la asimetría puede tener tanta relevancia que la concavidad de una pastilla de jabón, la carta astral forrada en el techo de la limusina, o las cábalas de los mercados bursátiles. El hombre se encuentra en el mundo; lo global se haya en lo local; lo particular en lo general; el sentido de la deflación nipona es el mismo que la próstata asimétrica, la marca del héroe: su predestinación.

Pero el destino está previsto por el propio sistema que representa; la oposición forma parte de la tendencia. No hay escapatoria: los inefables mecanismos del propio sistema prevén la oposición al sistema: así, por ejemplo, los movimientos antiglobalización son el resultado esperado, previsto y superado por el propio sistema que a su vez lo legitima; el asesinato es una contingencia creada y asumida por el propio sistema que lo crea.

Empirismo posmoderno

Cosmópolis no es una crítica social, aunque puede entenderse como una visión pesimista del nuevo siglo que ha empezado: lo que conlleva el nuevo futurismo de la tecnología informática, la fenomenología cuántica, la microtecnología, la velocidad de la información, el relativismo, la virtualización de la realidad, el ruido excesivo, las drogas, la adolescencia prolongada, individualismo, consumismo, desvalorización de la cultura, o el vacío que la falta de “creencias” ha dejado y que empuja al hombre a buscar sacerdotes de la nueva era de masas: los músicos urbanos, los cantautores sufíes.

Una cosmovisión en que la lucha de clases no tiene sentido, donde Marx se ironiza y se invierte: “un espectro recorre el mundo, el espectro del capitalismo”; una actualidad que ha desplazado la guerra de clases entre el primer y el tercer mundo; un activismo asumido por el sistema, virtual, de cámara y foco (como el pastel que recubrió la cara de Gates, Soros, o por ejemplo, Eric Packer).

La economía global ha llevado la especulación y la guerra por los activos a todo el globo, pero el sistema ha creado su propia antitesis: el terrorismo global. Éste ya era un augurio temible en el año 2000, año en que se publicó, pero DeLillo no lo advierte en su “cosmovisión”. Precisamente en el mismo año salía otra “cosmovisión” pesimista, la del periodista Robert D. Kaplan La Anarquía que viene, retrato global de la política exterior norteamericana en la cual, el caos generado le exige un nuevo realismo neoliberal.

¿Puede reprochársele esa ceguera a DeLillo? ya hemos dicho que Cosmópolis no es una crítica social, ni política, sólo pretende exponer los síntomas de un joven financiero un día en la Gran Manzana globalizada (claro que, antes del 11 de septiembre de 2001).

El comportamiento muestra los síntomas del malestar. En Cosmópolis encontramos tanto de violencia —muerte— que de sexo desordenado (destaca la relación orgásmica durante una exploración de próstata y una subalterna). A pesar de su reciente boda con una poeta Eric es adúltero, pero en la segunda parte adquiere recuperará a su esposa en la desnudez del descubrimiento de su identidad y la existencia de ella (en algo parecido a los happenings de Spencer Tunick).

La búsqueda de Eric terminará en su propia biografía tras la cual hay que tomar la decisión final: abrir una puerta. El miedo al riesgo transporta a Eric a esa infancia no superada y al recuerdo de la madre: el miedo a abrir una puerta equivale a asumir una decisión que implica el riesgo a la muerte.

La rata deviene moneda de curso legal

El verso del polaco Zbigniew Herbert cobra una relevancia paulatina en la novela; la rata reaparece como pulsación de la ciudad-global. La rata, ya de por sí un animal con una rápida adaptabilidad al medio, se asume como el dinero: se encuentra en la poesía, colgando de los dedos de un activista, en una pancarta, en la forma del pelo de Eric cuando va al barbero, o como testigo del desenlace de la novela.

Pero no pretende ser una revelación, como tampoco los demás símbolos posibles; estos son figuras sin otro significado que el que se extrae de la correlación y oposición con otras figuras dentro del sistema, como puede ser la asimetría de la próstata, la concavidad de una pastilla de jabón, un hongo de un pie, o las omnipresentes limusinas blancas que utilizan tanto el presidente de los EE.UU. como Packer (símbolo de poder y aislamiento). Las figuraciones son múltiples en un sistema supersticioso con una cultura fetichista.

El estilo de DeLillo ofrece un lectura asequible y nos lleva a terrenos más metafóricos donde cabe el lirismo en el ambiente urbano y globalizado; el uso de neologismos o la voz delilliana nos sitúan en ese registro semántico que caracteriza su eclecticismo técnico y metafísico. A pesar de que la voz del narrador suele provocarnos irrealidad, o sus descripciones lenticulares, nos descubre la extrañeza en un mundo que vamos desconociendo a medida que avanzamos la lectura. El tono reflexivo contiene algunos aforismos memorables.

La trama nos previene el desenlace pero es donde DeLillo arriesga estructurando así la novela: no le apetece tanto entretener al lector como sumergirlo en su ficción, sin preocuparse por el realismos si consigue implicarnos en la idea y en la exposición, en el concepto: nos acerca a lo fabuloso que posee lo contingente. Cosmópolis se focaliza en la fenomenología de lo observado apartándose del naturalismo.

Según palabras de Martin Amis, DeLillo sería un escritor tipo B, aquél que se centra más en la idea de la época que vive, que un tipo A, aquél que se centra en el desarrollo de los personajes y la trama; por eso DeLillo puede resultar al lector tradicional o un acercamiento a la lectura de una posmodernidad lírica y descarnada, o una decepción, pero en cualquier caso no deja indiferente. Comparado con Palahniuk, DeLillo prescinde del laconismo telegráfico y el humor. Pero mientras que el primero hace novela con la posmodernidad, el segundo hace novela de la posmodernidad, y en tanto que su obra va en otra dirección resulta menos entretenida pero de mayor calado.

Cosmópolis podrá parecer una ficción sobre Manhattan y sus vínculos con el mercado asiático, pero nos ofrece una peripecia del pensamiento moderno, desde el tono del narrador apoyado en una conciencia, una deconstrucción de quienes vivimos éste, nuestro Mundo Feliz, nuestro mundo-ciudad, o nuestra ciudad-mundo. Su estilo refleja las contradicciones de su tiempo: la actualidad. ¿Qué pasaría si nos hablara la conciencia de nuestra economía? Actualmente, una opción verosímil.

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