EL ECO SIN PASOS

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La batalla por Catalunya

Antoni Estruch Bros. L’onze de setembre de 1714. 1909.

A cuatro días del desenlace la tensión parece anunciar una ruptura inminente. El bote es muy alto y nadie va a renunciar a ganar la partida.

En 2015 cambió definitivamente la manera de percibir la cuestión catalana. Primero llegó el fervor del referéndum consultivo del 9-N del 2014 (80% a favor de un estado republicano), luego, el de las elecciones autonómicas plebiscitarias del 27-S del 2015 (mayoría absoluta soberanista). Hoy, el 1-O ha pillado a más de uno por sorpresa al no salirse del confort mental del relato autonómico, y por no comprender que el independentismo es un movimiento de transversal y pacífico.

A cuatro días del desenlace, asistimos perplejos a un campo de batalla donde no queda más “equidistancia” donde refugiarse que en el silencio. Estamos, por decirlo en cierta forma, en medio de la batalla por Catalunya.

El frente del discurso político

Reunión entre el presidente de la Generalitat y el presidente del Gobierno en funciones en la Moncloa (LVE). La Vanguardia. 2016.

Sin embargo, esta batalla no se ganará con balas ni bombardeos, si no con política. Este es el frente principal, donde se libra la guerra de las ideas, la superestructura. A cuatro días del desenlace ambos ejércitos se han atrincherado uno frente al otro, como en la batalla del Ebro. El frente está estancado aunque podría llegarse a una tregua en una zona neutral, quizá con el aval de una cumbre europea.

Se estilan dos maniobras: “el recon” y el “paco”: el “recon” o reconocimiento del terreno enemigo es rechazado como “añagazas” (en palabras del barón de Claret), y sirve de tanteo de las intenciones del otro; con reuniones, declaraciones, o cartas se atisban las posiciones tomadas y se provoca al otro bando. El paco, o francotirador, sin embargo, dispara cuando tiene ocasión y vuelve a su escondrijo. Tácticas para hacer brecha inútilmente en el discurso contrario. Balas perdidas.

El gobierno dispone de un discurso oficialista y homogéneo: abundante artillería legal, constitucionalismo, soberanía nacional, el relato del autonomismo. El govern, por su lado, esgrime un discurso heterogéneo contra los agravios del estado: la crítica a su legitimidad, la corrupción del partido del gobierno, las injerencias entre poderes, el cohecho, el relato del fracaso del posfranquismo

Los apoyos institucionales al discurso se inclinan a favor del gobierno desde la Comisión Europea y los EUA, aunque con dudas sobre su sinceridad, mientras que el bando soberanista dispone de la adhesión de individuales y asociaciones, armas ligeras pero de alcance internacional (cañones que requieren buenos artilleros), gracias al trabajo de Raul Romeva y las embajadas. El frente internacional bascula entre la injerencia o la no injerencia según el interlocutor.

El discurso económico dispone de tantos detractores como defensores, y un estado con una deuda del 100% del PIB y una economía que crece a base de recortes, con la bolsa de las pensiones agotadas tras 35 años de desigualdades territoriales no corregidas, no ofrece demasiada confianza al debate del autonomismo, o de la “solidaridad” entre comunidades. Es importante comprender que ya no sirven de nada las promesas de De Guindos ni las amenazas de Montoro al govern. Llegan tarde, o demasiado pronto. El govern ha asumido que el estado no va a negociar ni de mala fe: ha pasado del “seny” a la “rauxa”, concepto que a veces se olvida sobre los catalanes. El momento de negociar fue antes del 2012, cuando se publicaron las balanzas fiscales y el catalanismo no era independentista. Lo cierto es que la viabilidad de una España y Catalunya separadas, ahora mismo, en una sociedad incapaz de prever sus crisis y dependiente de las subastas del tesoro, no está claro: se trataría de evitar el peor de los males, o probar con un nuevo acuerdo que mutualizara la deuda, etc. Terreno desconocido que parece no afectar a las finanzas internacionales, a pesar de las declaraciones de estos últimos días.

Repliegue estratégico tras las líneas rojas. Claro que hubo una breve “operación diálogo”, centrada a buscar acuerdos, pero dentro del inmovilismo y mediante amenazas, además de los agravios institucionales, magnificados por la propaganda, lo que resultó en fracaso. Como en todo entendimiento debe haber confianza entre las partes, y la guerra hoy no permite dejar un flanco abierto hasta que no se esté en posición de ventaja, ambas se ven obligadas a seguir en liza y dejar para más adelante un acuerdo. Habrá que esperar al desenlace para ver cambios en este frente, aunque ya se lee en algunas editoriales nacionales el cambio de discurso hacia la comprensión del soberanismo.

Si hubiera un relato alternativo en Catalunya y no sólo la consigna “no hagáis nada, mejor unidos que fuera de la UE, donde hace frío”, probablemente el soberanismo no representaría a la sociedad catalana. Al haber fracasado el socialismo, primero con el autonomismo de Maragall, recortado y humillado por PSOE y PP, luego el federalismo de Navarro, decapitado por Rubalcaba, y luego con el plurilacionalismo fantasmal de Sánchez y su inocua propuesta del traslado del Senado, defenestrado y revivido por los susanistas, el campo del proyecto común está yermo. También, hay que sumar el fracaso del catalanismo de derechas con el rechazo del pacte fiscal y la impugnación del 9-N.

Por su lado, los comunes y algunos excomunistas han descubierto que cavar sobre roca es su muerte política, y han desobedecido sus secretarías instaladas en la comodidad de la oposición parlamentaria en Madrid. Otros han previsto que es mejor estar a favor de la corriente que en la oposición con la derecha no-catalanista. La ausencia de un proyecto común de izquierdas alternativo al inmovilismo de PP y C’s, junto al silencio cómplice del PSOE aunque sea por táctica, mientras en Catalunya el PSC pacta con la oposición antiprocesista, no ofrece confianza suficiente en Catalunya. Es normal que no se dialogue ya que, al sacar la cabeza de la trinchera se corre el riesgo de ser abatido por un paco del mismo partido!

El frente administrativo.


© Casa de S.M. el Rey. Su Majestad el Rey, con el nuevo fiscal general del Estado, José Manuel Maza, junto con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, el presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ, Carlos Lesmes, y el ministro de Justicia, Rafael Catalá

La batalla administrativa y judicial está ganada por el gobierno: dispone de todo el aparato ejecutivo y judicial. El govern ha tenido que crear una ley a medida, forzando el reglamento del Parlament, para ampararse legalmente y de esta manera poder desobedecer al TC. Unos defienden la ley y los otros el “mandat democràtic” de dar respuesta a una mayoría absoluta en el Parlament mediante un referéndum. Entre la ley y la moral está claro que ganará la ley a base de incoaciones administrativas, pero esta derrota podría alargarse en tribunales europeos e internacionales y volverse contraproducente: ante la intervención de la autonomía catalana el govern ha contratacado interponiendo recursos y denuncias.

El estado tan solo tiene que esperar. Los soberanistas, sin embargo, necesitan ganar tiempo como sea en este frente, ya sea mediante la movilización del 1-O o aliados de última hora; y aun con los despistes del gobierno o vulneraciones de derechos: actuaciones como registros sin orden judicial, apertura de correspondencia privada y bloqueos de cuentas, prohibición de renunión y manifestación, decomisos y detenciones sin lecturas de derechos, incluso vulneraciones del estatut del 2006 enmendado por el propio TC. Ya se verá cuáles son y si podrán jugarse como ventaja por un govern que también ha cometido errores de forma. En resumidas cuentas: este frente es el que generará mayor desgaste y los soberanistas solo pueden estancarlo con errores del adversario o “brigadas internacionales” que defiendan la autodeterminación de los pueblos y la tradición liberal.

¿Cuáles serán las actuaciones el día después? Aquí, tanto Soraya Saez como el govern han dicho que no van a dar pistas al enemigo. Las iremos descubriendo día a día, noticia tras noticia, como una guerra de posiciones. Se espera que el estado aplaste administrativa y judicialmente el govern y se convoquen elecciones anticipadas. El destino de los sublevados se considera un asunto de orden judicial y no sólo con las amenazas de inhabilitación, sino con multas diarias de 12000 euros para los miembros de la sindicatura de garantías. Estas actuaciones “sui generis” en una democracia joven, defendidas por el Fiscal general y los juicios que provocarán desabastecerán los partidos de activos políticos y sentarán un precedente “preocupante” para la convivencia que ya ha hecho dudar al PNV, y al PP ordenar un repliegue de los PGE.

¿Qué hará el govern si el estado comete algún error? A juzgar por el boicot de gobierno y oposición, si no se impide físicamente el referéndum el resultado será la declaración de independencia, no reconocida por España y amparada en Ley de transitoriedad, ilegal dentro del marco español. El resultado internacionalizará el conflicto y de aplicarse el 155 la solución pasará por negociar con avales europeos una situación de excepción para Catalunya. Es improbable que salga el No dado que la oposición ha decidido no hacer campaña ni participar.

Si se impide físicamente el referéndum este domingo no queda otra que convocar elecciones anticipadas, aunque podría suceder que el govern se atrincherara en el Parlament a la espera de una salida negociada, apoyado por movilizaciones y hasta huelgas generales, al más viejo estilo cenetista. Es un caso improbable porque el estado está dispuesto a ganar sin negociación, y la oposición no apoya el referéndum de marras, y además, unas elecciones anticipadas darían tiempo a los soberanistas para recuperar terreno y frenar durante unas semanas la ofensiva estatal. Tampoco una DUI en caso de boicot del referéndum no seria posible, ya que anularía el maltrecho frente de la legalidad del propio govern (sería una jugada desesperada que se puede jugar al amparo de unas nuevas elecciones plebiscitarias que permitirían ganar más tiempo).

En caso de elecciones, éstas se leerán en clave plebiscitaria y probablemente sea el último cartucho que les quede al soberanismo antes de la DUI. Si no obtuvieran mayoría, pongamos, porque la oposición ofrece pacto, abriría el camino de la normalización y, quizás, la negociación, aunque es difícil creerlo por parte de un gobierno que prefiere dejar las cosas como estaban; pero si el soberanismo ganara por mayoría absoluta, otra vez, no hay duda de que habrá declaración unilateral de independencia, lo que nos llevaría al caso de que se realice el referéndum.

El frente social.

@ David Airob. La Vanguardia.

Este frente está ganado por el govern. Los unionistas y la mayoría silenciosa que se deja posicionar según las encuestas no han movilizado a tiempo sus efectivos y han renunciado a hacer campaña por el No, jugándoselo todo al boicot del referéndum y dando carta blanca al gobierno. Aunque hay intentos de penetrar la línea enemiga por ambos bandos, la polarización social es evidente tras años de movilizaciones y ninguneo del gabinete Rajoy. Al menos hay unos dos millones y poco de votantes del Sí, y es posible que cada día haya más (la historia es harto conocida, así que no voy a extenderme sobre sus razones). Además, casi un 80% de catalanes estaría dispuesto a participar en un referéndum acordado, según El País.

La sociedad movilizada a favor del Sí y del derecho a decidir goza de buena moral, como se ha ido demostrando los últimos años. Al ser la responsable en sus inicios de haber movilizado el soberanismo de los partidos catalanistas, y estos de haberla escuchado, tiene una salud de hierro que dará muestras de su músculo en los próximos días y meses.

La ventaja para el govern está clara: dejar al gobierno la papeleta de usar el argumento de los “tumultos” y amenazar con la guardia civil, lo que se acomoda perfectamente en el relato “colonialista” de la represión contra una masa cada vez más convencida con cada acción ejecutiva de un gobierno inmovilista. Además, la imagen de un barco “represor” en el puerto tiene ecos de Setmana Tràgica, o de 1934, y despierta la resistencia pasiva, aunque sea a golpe de cacerola, manifestaciones o empapeladas. Por si fuera poco, recrea el escenario para una inminente representación de una “Revolución de terciopelo”, o incluso, una “Primavera catalana”.

A diferencia de lo que se dice en la prensa de Madrid, quienes lo han vivido de cerca comparten la actitud pacífica y lúdica de las manifestaciones, más que su aparato ideológico: su grado de civismo es algo que no se “palpa” fuera de aquí y que al compararse con el nazismo, o con los movimientos violentos de forma repetida e inane en otro torticero intento de criminalizar hechos puntuales, da como resultado mayores adhesiones. Además, no son pocos los que han descubierto que se puede estar a favor de un referéndum sin necesidad de hablar catalán en la intimidad, ni de colgar carteles u ondear una bandera estrellada: incluso sindicatos, estibadores, bomberos, abogados, profesores, y está por ver si los mossos d’esquadra.

El gobierno solo puede vencer socialmente fuera de Catalunya y aun así, decenas de ciudades españolas ya han mostrado parte de ese “republicanismo” latente y descontento, que en algunos casos ha despertado reacciones violentas, tras el deseo de cambiar sus vidas; o por decirlo de otro modo, se les ha ofrecido la utopía a través de actos reales, no con meras palabras sino mediante una “acción directa” contra un estado inmóvil y un gobierno corrupto. La única alternativa que le queda al estado para inmovilizar la sociedad catalana es declarar el estado de emergencia, pero aún necesita una coartada: los deseados “tumultos” del 1-O. Un nuevo error, o triunfo, según se mire, en caso de cometerse.

El frente cultural

“Manifiesto de intelectuales” publicado el 18-9-2017

La lengua y la historia son los dos caballos de batalla del frente cultural, y el fracaso de una ley de enseñanza que se acomode a la diversidad cultural del país es una víctima más de este frente.

Respecto a los símbolos nacionales, la normalización de la estelada es un signo de victoria del soberanismo. Durante el autonomismo, la estelada nunca gozó de buena salud ente las clases medias, pero hoy es un símbolo de la lucha contra la intransigencia del estado, las prohibiciones y la censura, y se vende en cualquier chino junto a la autonómica y la española. Hay que recordar que la estelada no es una bandera de un país, sino de una actitud combativa, ya que la bandera catalana es la “senyera”.

Lo más interesante del frente cultural en Catalunya es la superación del debate de la lengua. La lengua catalana, entendida como símbolo, ha ganado las trincheras que colocó el ministro Wert y que intenta recuperar Ciudadanos. Aún se oye el disparo de algún paco, pero el frente cultural ha sabido maniobrar entre el control gubernamental y el exceso del manifiesto Koiné, aunque fuera mal interpretado, e integrar el catalán y el castellano en el mismo bando con el mismo grado de aceptación, gracias también al apoyo de asociaciones como Súmate: el ministro de cultura ha rendido una de las armas más poderosas de la guerra cultural y los soberanistas, en vez de usarla, la ha desmantelado.

En este frente combaten asociaciones culturales, medios, y gurús, junto a los “intelectuales y artistas”. Sin embargo, estamos lejos de los años donde el intelectual desempeñaba una función social, y cabe preguntarse si aún existe ese rol en la sociedad postindustrial. Una vez empezada la batalla hemos asistido a una adhesión constante de manifiestos, artículos y tiros de tweet.

Snowden y Assange, gurús del star-system de la libertad global de expresión, también han aportado su granito de arena, e incluso un duelo de insultos entre Assange y Pérez-Reverte para mayor polémica; mientras los herederos de esa escuela de Barcelona, esa “gauche caviar” admirada por el socialismo que ha sabido satirizar ingeniosamente Albert Pla en un doble golpe de humor, también ha saltado a la palestra. Es interesante leer algunas de estas opiniones que, en general, solo quieren defender su creencia sin dar lecciones a nadie, pero también lo es el descubrir a los voceros incondicionales que se esconden bajo una mascarada de intelectual liberal y “hombre de mundo”, ya sea un deportista, un periodista, un escritor o un cantante, que se desentienden de querer hacerle el juego a un bando, cuando precisamente es lo que hacen. Al final resulta que sus opiniones valen tanto como les cueste mantener su reputación. Y finalmente están las patrullas de presentadores y tertulianos que hacen de agitadores y palmeros.

Los bandos utilizan intelectuales como propaganda. Es cierto que algunas voces, sobretodo estranjeras, van por libre, pero lo aficionados a los manifiestos locales  quizá deberían redactar uno nuevo a favor del silencio y del boicot a los políticos, o mejor aún, a favor de ellos mismos en vez de regalar munición.  El intelectual de trinchera rápidamente es abatido: su posción y actitud frente el poder los puede delatar. El PSOE dispuso de ”La banda de la ceja”, el PP de sus premios nacionales, los escritores catalanes no soberanistas, atrapados entre dos fuegos, acusados de connivencia como “botiflers” o “caragirats”. En Madrid, la brigada “Vargas-Llosa”, el nobel de literatura tras el cual se acuclillan la jet-set y los lobbies mediáticos, y la patrulla de la RAE, con sus premiados Pérez-Reverte, Javier Marías, o Muñoz Molina, y los “Queipo de Llano” de la cultura como Albert Boadella, o Félix de Azúa, y demás, frente a la Pilar Rahola, Empar Moliner, Juanjo Puigcorbé, Quim Monzó o Eduard Punset. El resultado final es tan aterrador como el grado de conformismo con el bando que los ha utilizado. Antes de sacar la cabeza del hoyo, deberían saber que si estamos “en guerra” toda opinión puede ser usada en su contra, como el rebote de una bala.

La polarización del debate ha dejado al descubierto a los pragmáticos y “equidistantes.” La batalla cultural no ofrece tregua ni hace prisioneros y es como un yermo lleno de cráteres donde acechan los pacos y se libran escaramuzas que responden a las consignas de editoriales, grupos, partidos y asociaciones, y que terminan instrumentalizando la cultura como propaganda, mientras los politólogos e historiadores pasan a un discreto segundo plano. A veces, empero, una ambulancia aparece y socorre a los heridos demostrando que el ser humano puede dar lo mejor de si en los peores momentos.

El bando unionista es unánime, si bien algo más equívoco por el ala de los reformistas. En España, los medios no representan la opción soberanista. En Catalunya, a pesar de lo que digan los medios de comunicación nacionales, coexisten ambos discursos y hay diversidad de posicionamientos, junto a una importante masa a favor del No, sobre un 40% de la población. El clamor del soberanismo en Catalunya es ensordecedor no porque haya censura, como se deja creer en los medios nacionales, sino por que está mejor organizado y movilizado. También hay que añadir que a nivel internacional la reacción de los intelectuales y algunas cabeceras de periódicos se decanta mayoritariamente a favor del discurso soberanista, o al menos, del derecho a decidir (ya van cinco nóbeles de la paz a favor), mientras que el inmovilista tiene poca repercusión en los medios catalanes. Este hecho no puede explicarse sólo viendo TVE, o los medios de Atresmedia y Prisa, ni tampoco escuchando sólo TV3, o la radio, y menos aún las declaraciones del fiscal Maza: “están abducidos”.

La caída del Tótem.

Uno de los fenómenos más interesantes a nivel psíquico es la pérdida del tabú constitucional. La constitución, ese tótem erigido como poder omnipresente ha caído como un falso dios de la mente de los soberanistas. No ha sido únicamente por las reiteradas embestidas contra “la estaca” que lo ata, sino porque éste, tras amparar los derechos civiles junto a todo tipo de corruptelas y omisiones de derechos (de expresión, o de vivienda, por ejemplo), se pudrió y al quererlo asentar a mazazos ha terminado por resquebrajarse. Además, la sentencia del TC contra el estatut tuvo el efecto de la carcoma: el poder judicial, controlado por los partidos desde el CGPJ estaba por encima de un referéndum, la voluntad del pueblo,  y de la aprovación del legislativo y el ejecutivo.

Estamos ante un fenómeno de cambio de actitudes y aculturación de nuevos valores. Probablemente, esta ruptura no se haya dado fuera del soberanismo si bien los reformistas han reconocido al menos dos señales: el fin del bipartidismo y la crisis política del estado. Habrá que ver si el 1-O es la tercera señal y si la aculturación permite un cambio de actitud a favor de un nuevo modelo de estado.

Al desgaste de un TC forzado por el partido del gobierno, así como las contramedidas que se están tomando contra la autonomía catalana, se ha sumado el desencanto de la corrupción, las dudas sobre su legitimidad, la inconveniencia del inmovilismo, la crisis de la monarquía y, sobretodo, la crisis laboral y de deuda (en la que se incluyen las pensiones). Los soberanistas no desobedecen para dirigirse a un estado sin ley, sino para asumir el control de sus recursos y mejorar la vida de sus ciudadanos. Por descontado, la única forma no-traumática de hacerlo para ambos es pactando un referéndum o cambiando la constitución. Por descontado, eso no ha sido posible. Es más, hasta el 1-O, o dicho de otra forma, hasta que no estalle el problema no se empezará a plantear seriamente una solución: cuando lo probable esté en la calle y en boca de todos, empezará a hacerse posible.

El frente del humor.

La idea es sencilla: la ironía y su efecto, el humor, nos hace cómplices con el emisor. Claro que la ironía implica un referente cultural y cierto gusto compartido. Por otro lado, la burla o hasta el sarcasmo, es decir, el humor imitativo o mímico y su deformación, o el insulto, no disponen de tanta aceptación entre las filas contrarias que saben apreciar los efectos de una carcajada.

El frente del humor lo ha ganado el soberanismo, aunque haya que reconocer que no todo ha sido mérito de su ingenio: el gobierno, quizá dando por perdida esta batalla con su “ley mordaza” y su falta autocrítica, no sólo no ha sabido crear un grado de distensión a través del humor sino que lo ha rendido sin jugar. Con el humor la intimidación se desvanece por arte de chiste o meme, junto a fotografías, comentarios, o actos cuyos referentes culturales, como la orografía del terreno en que se vive, el bando local ha sabido aprovechar.

La última ocurrencia del ministro de interior, Zoido, los cruceros de la Warner, ha sido comparada con el hundimiento de “La Armada Invencible” o la de Santiago de Cuba; recompensa que provoca el “procés”, y que levanta sonrisas y adhesiones a Piolín, nuevo héroe de la independencia, prisionero de una guardia civil enjaulada por políticos en un barco de los Looney Tunes, los dibus de la infancia de España; o las canciones de La Trinca, pegadizas y conocidas por más de una generación;  las narices de payaso, los claveles, los vítores de las papeletas, las consignas humorísticas, la autoparodia (“Urna, grande y libre”) y las urnas frente a una movilización castrense cuya presencia es aceptada como actor necesario para la puesta en escena de mimos y actuaciones.

La “guasa” hoy dispone de las redes sociales. Así como durante el franquismo, las revistas satíricas hacían cómplices sus lectores aunque fuera autocensurándose, hoy, la difusión del humor, asumida en gran parte las redes sociales salvo por algunos medios (El Jueves, El Intermedio, Polònia, etc…) hace lo propio sin autocensura; los memes, las máximas, los calambures y el ingenio de toda la población al alcance de un dedo. Como se ha demostrado con Donald Trump o las Primaveras Árabes, las redes sociales funcionan de acelerador cultural cuando encuentran una amplia base social implicada que participa a tiempo real y se hace cómplice, como un eslabón forma parte de la cadena que lo tensa.

Convencer por el miedo o el odio a una sociedad con buena salud es inútil: siempre gana más adeptos una risa que los augures del temblor de dientes, una actitud más propia de sociedades controladas mediante la represión.

El desenlace

Habrá que esperar entre cinco o seis días para anticipar algo. Se descubrirán las cartas y terminará una ronda que empezó hace tres años. Podemos estar seguros de que la madre de todas las batallas por Catalunya va a ser la administrativa-judicial, y que el frente social va a reaccionar en auxilio de la Generalitat y sus competencias, y quien sabe si se van a sumar huelgas indefinidas. Corre el rumor que tras el choque, el frente político hará un alto el fuego para plantear un armisticio. De momento me remito a lo que fue publicado el 2015 en L’article que anava a publicar: el resultado dependerá del equilibrio de fuerzas y apoyos, y esto no se sabrá con certeza hasta que haya una declaración de independencia, o hasta el resultado de las próximas elecciones catalanas.

Carta de crisis del juego de mesa “Café para todos”

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La aznaridad

La Aznaridad. Manuel Vázquez Montalbán.

La aznaridad. Manuel Vázquez Montalbán. Mondadori. 2003

Leer la obra póstuma de M.V. Montalbán trece años después de su publicación es un ejercicio de arqueología política. Sus 372 páginas conmemoran –o mejor dicho, anticonmemoran–, como una lápida erigida en tiempos imperiales, el final del “aznarato”, es decir, de la legislatura VII antes de las elecciones del 2004. En aquel tiempo, el gobierno de derecha gastaba retórica imperialista mientras batallaba al PNV en el País Vasco y a ETA por todo el territorio, y se sumaba a la guerra contra el “Terror” islamista tras la ocupación de Irak. Fueron los años del “Prestige”, del “Yak-42”, del “No a la guerra”, y del islote del “Perejil”; los años de pasar de hablar catalán en la intimidad a tener mayoría absoluta.

El libro fue publicado cuatro meses antes de las elecciones del 2004, y por lo tanto, antes del  11-M. Relata una fe de vida del apogeo aznariano, lo que, según el autor, fue un ridículo internacional y un fracaso de gestión. Aznar, quien había prometido no volverse a presentar, y habiendo elegido ya a Mariano Rajoy como su sucesor, sería víctima de su propia política internacional. También, por entonces, nadie sospechaba que el PSOE, a la deriva tras intentar renovarse sin demasiado éxito, ganaría las elecciones a través del 11-M. Montalbán no llegó a saber qué sucedería ni tenía motivos para sospecharlo, aunque sus opiniones ya indicaban la importancia de las consecuencias en política internacional del “Trío de las Azores”.

Trío de las Azores

Trío de las Azores. Blair, Bush y Aznar.

En este sentido, el autor relata las tácticas políticas y enumera las consecuencias de la aventura personal de Aznar (de Dios hacia el Imperio) para la imagen de una España aliada con los EE.UU. en su campaña contra Irak, y de rebote, a modo de advertencia, contra Irán (e indirectamente China). Dibuja el emperador Bush como una especie de modelo para Aznar (por el Imperio hacia Bush), representación no exenta de meteduras de pata y ridículos castizos (como la toma del islote de Perejil a Marruecos, aliado americano) que reflejan el personalismo del expresidente. Ni Bush ni Aznar llegaron a Dios, ni tampoco encontraron armas de destrucción masiva. Pero el 11-M no tardaría en poner al expresidente en su lugar.

…no encontró armas de destrucción masiva y regaló al terrorismo islámico la coartada del terrorismo del Eje Atlántico. P. 341

Leer al Montalbán es ver reflejada una media sonrisa y escuchar su lengua ácida y mordaz, engarzando léxico religioso, político, humorístico y filosófico-festivo, digamos, aplicado al panorama nacional, lo que parece restarle imparcialidad a sus opiniones. Sin embargo, hay análisis de táctica política. Montalbán no pretende pasar por moderado ni socialista. Por un lado, los dardos van contra el presidente J.M. Aznar y su entorno, dardos bien envenenados y bien dirigidos, que hacen del grueso del libro un libelo contra el nacionalcatolicismo y el imperialismo del Aznar y su entorno, meras marionetas de los mercados y de los EE.UU; dardos contra su afición por los círculos de poetas afines y a su poema de cabecera, If, de Kipling, (que introduce el libro en la traducción de Luís Cremades), o contra su sistema de señales: una parodia exagerada de si mismo.

Estoy de acuerdo que la risa de Aznar es chapliniana, pero no de Charles, sino de Geraldine Chaplin, más triste y ensimismada.

El otro blanco, el PSOE, es atacado con artillería pesada, descargando contra la crisis de la socialdemocracia en su propia y denigrante contrariedad: desde el felipismo, pasando por el borrellismo, el alumniismo, y como no, el papel de Javier Solana en la OTAN durante las guerras Yugoslavas, Montalbán nos recuerda el cinismo imperante de la socialdemocracia española y europea; en España, despliega el diorama de la contradicción de un partido inaugurado por Felipe González, de rabiosa actualidad, para quien también hay algunos disparos.

Felipe González ya no funciona ahora a toque de pito de sondeo de opinión. Va por libre. P. 134

…González en el fondo compartía el gesto de autoridad del gobierno, porque como todos los políticos con voluntad de poder real, creía en la autonomía hegemónica del poder ejecutivo y en el largo brazo de ese poder más allá del ángulo de visión de la ciudadanía y de las injerencias restrictivas de los otros poderes. P. 24

En el plano territorial, Montalbán retrata el papel del PNV y de CIU, principalmente, siguiendo la lógica de la gobernanza que existía entonces, y que no era otra que la del pacto por “correlación de fuerzas”, algo que hoy en día suena a canción lejana del bipartidismo.

Vázquez no es muy dado a la moralina clásica ni a tomar partido entusiásticamente, pero no por ello deja de dar su crítica al capitalismo, como muchos otros sociólogos, sin dejar de aportar reflexiones, ya sea mediante el lenguaje irónico, ya sea mediante una idea incómoda. Este antiguo militante comunista quiere convencernos con el humor; este crítico con la crisis de la izquierda, novelista, poeta, “culer”, periodista, y ensayista, quizá tenga algo nuevo que decir a los jóvenes de hoy, pero para los mayores, lo mejor de su obra póstuma es su juego de piernas que hace botar el balón entre lo serio y lo grotesco.

Manuel Vázquez Montalbán

Manuel Vázquez Montalbán

Sin embargo, su voz pertenece hoy a otro orden de cosas: las de su época, desde luego, cuyo ecosistema político y socioeconómico ha dejado de existir hoy. Montalbán nos habla del bipartidismo, del posfranquismo entrando en la goblalización, sin apenas prever un futuro imprevisible entonces: una España sin ETA, sin bipartidismo, con un PP rampante y un PSOE desintegrándose; sin la gobernanza del pujolismo de CIU ni la irrupción de la izquierda crítica de Podemos y sus “mareas”, fenómeno nacido de la crisis global y, por supuesto, un soberanismo rampante reflejo de esa España inacabada en la transición. La España del 2003 era todavía un país como el de los 1990, espejado en sus fantasmas.

España deberá ser un compromiso entre gentes, pero me parece hoy insalvable una idea de España fundamentada en la metafísica o en la identificación marxista: clase obrera unitaria igual a Estado Unitario y mercado nacional igual a Estado nacional. P. 102

Sin dejar de lado la “frontera de fondo”:

Que los nacionalistas se sientan tranquilos cuanto antes, para que se supere esta ya agotador comistrajo y podamos volver a pensar en un mundo solidario por encima de la frontera de fondo. Lo que separa la riqueza de la pobreza. P. 120

Políticos

Fuente Moncloa.

Fuente Moncloa.

Montalbán no se olvida de caricaturizar los políticos del aznarato a los que dedica un capitulo entero en “caballeros y caballeras de la mesa redonda.” De seguir vivo hoy, es más que probable que nos hubiera regalado otro libro dedicado al actual presidente en funciones, M. Rajoy, y a su carácter gallego.

Gatuno es el señor Rajoy, pero evoca sobre todo al gato astuto de movimientos silenciosos que no tiene un miau malo para nadie. P. 351

En el star system de la política, Aznar (y hoy Rajoy) sería un ejemplo de una de las tesis más sarcásticas del libro, a saber: que las caricaturas acaban suplantando a sus políticos, hasta el punto de que éstos las imitan. Las salidas gallegas y tautológicas de Rajoy son lo que fueron, durante la aznaridad, los “cero patatero”, las “risas tontas”, y la gestualidad de los tiempos del Guiñol del C+ y del CQC de T5; si acaso, hoy, añadiríamos el programa satírico Polonia, en Cataluña, válido para todos los “expresidents”, ya que:

…en la España posfranquista los políticos o enloquecen o mejoran gracias a sus caricaturizadores. P. 209

…las caricaturas políticas en España han conseguido que los caricaturizados acaben por asumir la imagen distorsionada y actúen como si fueran su propia entidad. P. 67

Esta risa tonta forma parte del síndrome de la Moncloa, porque Felipe González se echaba a reír cuando le estallaban los escándalos.p24

Globalización y otras citas sobre la aznaridad.

Montalbán carga la tinta contra la globalización y la cultura del simulacro que desarrollan los medios, así como los problemas más de fondo de la sociedad occidental y el reto de la izquierda del nuevo siglo: la reformulación de un sujeto histórico crítico.

Con la lucha de clases ocurre lo mismo que con la Historia, la burguesía y la novela. Periódicamente aparecen necrológicas que anuncian su muerte, pero luego se comprueba que la historia, la burguesía, la novela y la lucha de clases son cadáveres que gozan de excelente salud. P. 281

De la crisis de representatividad de las democracias convencionales, consecuencia del poder fáctico determinante de la macroeconomía servida por políticos a medida, se derivarán insumisiones de la sociedad civil crítica, siempre y cuando haya circulación de ideas y saberes críticos. De ahí la importancia de copar las estructuras de poder de los medios de comunicación, para que con la teoría liberal de la libertad de iniciativa, los medios no tengan otra iniciativa que la de sus propietarios. P. 206

La única idea común que tiene el plural pastiche ideológico de la derecha del siglo XXI es la de privatizar, privatizar, privatizar, y no procede estrictamente de la ideología política sino de la economicista, la madre de todas las ideologías exhibidas en las grandes superficies comerciales del espíritu. P. 193

Normalmente la razón de Estado es una máscara de la razón de los grupos y sectores sociales que controlan el Estado… P. 176

En las provincias del orden global, se llamen España o Chile, la única soberanía que nos queda es proteger a nuestros matarifes. No somos soberanos ni en economía, ni en política, ni en estrategia militar, pero en represión sí. Ese es el cometido reservado al Estado de provincias: mantener el orden en la periferia. P. 177

…cuando los socialistas están en la oposición larvada siempre parecen de izquierdas. P. 53

Europa

Europa es una entidad improbable asediada por toda clase de invasiones de los otros, para empezar, los inmigrantes que le llegan desde los pueblos inmersos en el rencor contra la estrategia de la globalización. Y mientras Europa defiende sus fronteras interiores y exteriores de los asaltos migratorios, cuando mira hacia el cielo lo ve ocupado por los misiles inteligentes norteamericanos al servicio de la Teología de la Seguridad. P. 301

La virtud teologal más obvia es la que demanda el freno de la inmigración. El extranjero es el peligro exterior de pronto instalado como peligro interior y buena parte de las capas populares de Europa comparten esta inquietud, mejor o peor contrarrestada por una racionalidad política en horas bajas. Lo que Le Pen pedía demagógicamente y Berlusconi desde su bien utilizada adolescencia política, los demás lo asumirán como un mal menor europeísta y democrático: cerrar las fronteras ante la invasión de los bárbaros y aplicar la teología de la seguridad sobre los bárbaros ya instalados en casa. P. 304

El ala izquierda socialdemócrata es la reserva espiritual de un ecosistema perfectamente preparado para la esquizofrenia entre el pragmatismo y la utopía, entre el poder y su sombra. P. 46

…haya o no haya democracia, el poder se funda sobre un doble lenguaje, la doble moral y la doble contabilidad. P. 44

España

…En cambio todavía muchos políticos de países de medio pelo utilizan la argucia de viajar a otros países y desde allí promocionarse demostrando que son capaces de aparecer en las fotografías junto a gentes importantes y de paso hacer declaraciones, casi siempre clarividentes, sobre los problemas del mundo y del propio país. España salió del largo túnel franquista con complejo de nada espléndido aislamiento u los políticos democráticos siempre se han interesado por demostrar que se movían a sus anchas por el extranjero. p. 199

A medida que bajan las cifras del paro, suben las de la muerte entre trabajadores fast food, trabajadores engullidos como comida rápida, a bajo costo, a los que no se les pide la experiencia necesaria para sobrevivir en condiciones laborales de alto riesgo.  P. 147

Los que cuestionamos el nacionalismo como razón suprema de la voluntad política y en ese sentido no asumimos los integrismos nacionalistas, ni el español ni el serbio, a veces parecemos atraídos y agradecidos por la ascensión de los nacionalismos vascos y catalán. No se trata del síndrome de Estocolmo, sino de la ultimación racional de una crisis de la cohabitación española. Cuanto antes consigan el derecho a la autodeterminación en Cataluña y el País Vasco, antes podremos afrontar el rediseño de esa cohabitación ya sin el menor complejo de culpa de nacionalismo español dominante. P. 103.

…cuando en buena parte de las Españas oyen hablar en catalán, gallego o euskera les suena a frotamiento de hojas de tijera podadera empeñada en la castración del pene lingüístico de la patria, una unidad idiomática absolutista y totalitaria que en la práctica jamás existió y que sólo la dictadura franquista estuvo a punto de conseguir. Desde la prepotencia o desde la ignorancia condicionada por la perversidad de los libros de Historia que nos han hecho tal como somos, el hispanohablante sectario tiende a pensar que el gallego, el catalán y el euskera son inventos de la frágil democracia y más concretamente de líderes nacionalistas separatistas empeñados en acumular hechos diferenciales y separadores cueste lo que cueste. P. 31

Los augures del CIS van marcando la ruta de la verdad o de la mentira según marque victoria o derrota electoral. La verdad es ganar la mentira es perder… P. 130

Las elecciones vuelven metafísicos a los políticos que recuperan transitoriamente esencias, principios, identidades. P. 121

El PP

…Si se acaba la reivindicación identificativa se acaba el nacionalismo. Esta tendencia ideológica se basa en la defensa de una identidad frente a necesarios enemigos interiores o  frente a necesarios enemigos interiores o exteriores, y para los nacionalismos aplazados en España el enemigo siempre, siempre ha sido el centralismo españolista nacionalcatólico que ahora encarna sobre todo el PP. P. 95

El PP ha descubierto que defender la vertebración de España vende, sin necesidad siquiera de remodelar esa vertebración según la lógica federal derivada del Estado de las autonomías como ensayo general. P. 92

¿Hasta que punto la estrategia del PP moviliza a su favor a los jubilados, pero la de la izquierda real no atrae a un nuevo sujeto histórico crítico plural, incomprensible para los cánones de la izquierda establecida? P. 68

El sentido de Estado del PP es el de la derecha española que siempre ha pregonado preferir una España roja antes que rota, aunque a la hora de la verdad haya hecho toda clase de barbaridades para que no fuera ni roja ni rota. En cambio, el sentido de Estado del PSOE proviene de la original, arqueológica cultura socialista: una clase obrera un Estado. A la sombra de esta regla, más que al papel de la clase obrera real en los designios estratégicos del PSOE, cabe atribuir su empecinado sentir en el País Vasco a un cálculo electoral que ha contado hasta con los dedos de las manos cuántos votos quita o aporta hacer españolismo. P. 58

Catalunya

Cataluña, esa abstracción que el pujolismo ha convertido en un aplec interclasista consensuado sobre todo con el empresariado de puente aéreo de altos vuelos. P.71

El sueño del nacionalismo catalán interpretado por Pujol es que algún día España sea un mero vecino geográfico y Cataluña se entienda, factualmente, directamente con Europa. P.39

En cierto sentido la hora de la verdad en la relación España-País Vasco-Cataluña, está aplazada desde la crisis de Estado de 1898 contando con los cuarenta años enmascaradores, militarizados y perdidos bajo Franco. P. 119

Y por si faltara algo el president Pujol dijo que España no es una nación. Que Cataluña sí, pero España no. ¿Y eso es malo? Tal vez, por fin, España haya dejado de ser una nación y trate de convertirse en algo muchísimo más sensato y menos peligroso: una unidad pactada de gentes demasiado implicadas entre sí como para inventarse otro imaginario. P. 117

El rearme frente al castellano o español me parece necesario no ya porque todavía hoy la correlación de fuerzas objetiva se inclina por el idioma del Estado, sino porque sigue sin clarificarse la condición de cohabitación entre el catalán y el español en Cataluña preferentemente, pero también en la totalidad de España. Una mera actitud a la defensiva del idioma pequeño frente al idioma gigante ayuda a perpetuar una filosofía del desquite que puede hacer más daño que bien a la cohabitación. Obsérvese que utilizo cohabitación lingüística y no bilingüismo, desde la perspectiva de que el bilingüismo o el trilingüismo es una situación social y la cohabitación es a la vez situación y disposición cultural. Al tiempo que el catalán se defiende reafirmándose como lengua hegemónica, el sujeto histórico que guía esa operación debería abordar sin prejuicios ni segundas intenciones las reglas de cohabitación con la lengua española que no se resuelven mediante reglamentaciones de pupitres y codazos escolares o de padres de escolares. O se crea una atmósfera de cohabitación que, junto a la afirmación de naturalidad hegemónica del catalán, no ejerza una no siempre soterrada operación de atrofia, incruenta pero progresiva del castellano en Cataluña, o la crispación a este respecto aparecerá y desaparecerá como un Guadiana con las compuertas trucadas por las correlaciones de fuerzas políticas. La última trifulca debería servirnos de experiencia. Los denunciadores del genocidio catalán contra el castellano eran utilizados por los interesados para que fracasara el pacto PSOE-Convergencia, y la vida de las lenguas está por encima de las conjuntas superestructurales de la política. P. 105

Nacionalfutbolismo

La difusión audiovisual permite que el fútbol sea un gran negocio y conserve el carácter de religión laica de diseño hegemónica en Europa y América Latina, pero se trata de una militancia conscientemente irracional explícitamente higienista, terapéutica, sin fe ni esperanza, consideradas como virtudes no teologales. P. 159

Las antítesis no se crean así como así y la Dialéctica entre el Barcelona y el Real Madrid se remonta a los tiempos del conde-duque de Olivares. P. 157

Es sabido que el Barcelona Futbol Club ha asumido desde los años veinte la condición simbólica de ejército desarmado de Cataluña y que el Real Madrid fue un tercio de Flandes más en manos de la propaganda franquista. P. 31

Sobre la aznaridad

El punto fuerte del libro es la ironía. La verdad es que tampoco le faltan motivos al autor para criticar la gestión del PP a lo largo de ocho años, pero no hay balanza sin fiel: Montalbán no le interesa hacer ensayo objetivo de la gestión del PP sino recopilar el “libro de agravios” de lo que considera un gobierno personalista que hizo retroceder el país en términos democráticos. “La España va bien” de Aznar, sólo existió como máscara del posfranquismo. En este sentido, casi podría decirse que el libro es una obra antipolítica. Quizá aluda a demasiadas maniobras políticas, y por ello no sea fácil navegar por algunos capítulos, pero no se deja de plantear los problemas estructurales de un proyecto inacabado de país. Puede que la voluntad de memoria, para que no caiga en “la fosa común de la historia”, provoque cierta sensación de fatiga por acumulación de datos. Para solventarlo, empero, existe un índice analítico para saltar directamente al nombre, sigla o lugar en cuestión, sin tener que cruzar pasajes ingratos para los andares ligeros.

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Vacaciones morales en Europa

Se ha instalado la impresión de que el pragmatismo es la opción que mejor se acomoda a este siglo XXI, donde las circunstancias actuales, desde la segunda mitad del siglo pasado, se vuelven tan “líquidas” que no hay idea que sobreviva fija al río global. En Europa, la política ha girado hacia el pragmatismo político; asistimos a reacciones y declaraciones que se apartan de los idearios y se acomodan a las circunstancias como vía de escape a la muerte o inutilidad de las ideas.

Por pragmatismo se entiende “ser práctico”, o “tener sentido común”. William James, psicólogo y uno de los divulgadores del pragmatismo filosófico norteamericano, nos ofrece una respuesta que puede encontrarse en uno de aquellos libros de la editorial folio, pongamos por caso, que los estudiantes pre-bolonia aún recordamos.

Pragmatismo. William James. (Ed. Folio)

Pragmatismo, de William James

James dio ocho conferencias que tuvieron lugar en Boston y New York, entre 1906 y 1907, en las que se expuso la filosofía pragmatista (de pragma, acción) que no es sino la antigua filosofía del sentido común —tal y como defiende el subtítulo de la obra: un nombre nuevo para algunas formas de pensar antiguas—. El concepto no es originario de James, ya que Charles Pierce y John Dewey lo habían acuñado el término mucho antes (1878), pero James analizó las consecuencias morales y metafísicas, y propuso algunas soluciones no exentas de polémica.

El pragmatismo no es una postura radical. No defiende ideas objetivas o absolutas, pero tampoco niega los conocimientos (puesto que las nuevas ideas se acomodan a las creencias o conocimientos previos), sino que los “armoniza” para que puedan, de alguna forma, coexistir dentro de los límites de la experiencia. Dicho de otra forma, el pragmatismo se coloca en los límites de la razón práctica, entre el espíritu delicado —racionalista—, y el espíritu rudo —empirista—, pero sin el dogmatismo ni el escepticismo de ambas posiciones.

El problema principal del pragmatismo es: ¿qué es la verdad, y para qué sirve? La respuesta es simple: todo lo verdadero es aquello que pueda ser verificable mediante la experiencia y tenga una utilidad que lo justifique. Es útil porque es verdadera, y es verdadera porque es útil. En consecuencia, toda idea es verdadera mientras la corrobore la experiencia que la produjo, e implique poder de actuación sobre el mundo. Cada forma de pensar es un modo de adaptación a la realidad.

Así expuesta, la verdad es un proceso; se va haciendo. Para que algo sea verdad debe superar un proceso de verificación y de validación. Pero éste requiere que nuestra conducta se oriente hacia lo que vale la pena, es decir, que nos permita hacer nuevas conexiones con hechos ventajosos y nos permita tratar con la realidad adaptando nuestra vida a su marco. Por ello, la experiencia posterior a la idea es imprescindible para validarla, aunque sea ésta indirecta, o potencial. Las verdades se validan sobre viejas verdades que han dejado de ser útiles, y así, también de las experiencias validas surgen nuevas ideas. Estas verdades son tales porque valen la pena y aportan una retribución, como la riqueza o la salud.

Sin embargo, el pragmatismo no aporta nuevo conocimiento, pero tiene dos ventajas: la primera es orientar la actitud hacia los hechos, y la segunda, suavizar las disputas entre dogmas trazando consecuencias prácticas en caso de que fueran o no ciertos. Por ejemplo, si entre dos ideas contrarias no existe ninguna diferencia práctica, el pragmatismo niega que ambas ideas sean diferentes u opuestas; o dicho de otro modo: las hipótesis inverificables, o que dan el mismo resultado, son igual de válidas dado que no cambian la experiencia en caso de ser ciertas o falsas.

La ética pragmática podría resumirse de la siguiente manera. Lo que es verdadero es una especie de lo bueno —lo ético—, porque es útil (nos da una ventaja que antes no conocíamos) y, por lo tanto, nos conviene, siempre que no contradiga otra ventaja vital. Este es el llamado sentido común de la experiencia, que se remonta a Sócrates y a Aristóteles, sobre todo.

William James

Las vacaciones morales

William James define el término “vacaciones morales” para definir la indiferencia que sentimos por el mundo, que sigue sin nosotros mientras nos consolamos en la creencia en nuestras ideas absolutas.

Hoy resuena un eco de “vacaciones morales” en el que la fe en un mercado o una Europa infalibles nos consuela y nos hace indiferentes frente a las catástrofes ajenas. Sin embargo, parece tener más éxito político la acepción literal de dicha expresión, es decir, como un lapso determinado por las circunstancias donde se puede actuar al margen de la norma.

Este punto de vista no defendido por William James, pero en cierta medida pragmático si aceptamos que saltarse las normas es bueno si es útil y verificable, es la esencia misma de la realpolitik. Es precisamente la suspensión de la moral —o de la ideología— durante un tiempo, lo que permite acomodar la nueva realidad a la práctica dejando de lado las viejas ideas. Sin embargo, el pragmatismo político sólo se parece al filosófico porque, en realidad, responde a motivaciones distintas: el poder en el primer caso y la utilidad (pública o privada) en el segundo. Aunque se parece en sus efectos, se trata de diferenciar entre Maquiavelo y John Stuart Mill, a quien William James dedica sus conferencias. James defendía que para la existencia humana es necesario tomarse alguna vez “vacaciones morales”, pero lo decía en el sentido de la búsqueda de consuelo dentro de las creencias de uno mismo, abandonando la inseguridad del mundo social.

Pragmatismo político europeo

La suspensión de la ideología durante un tiempo, actitud que recuerda a la del juego, para obtener una ventaja de la experiencia acumulada, sitúa el pragmatismo, en realidad, muy cerca de la acción política del partido liberal, cuya liberalidad se define precisamente por la iniciativa privada y la libertad individual frente a la ideología.

España es hoy un escenario pragmatista: si la investidura no es posible, la pugna se ordenará en nuevas elecciones. Los poderes desean superar el conflicto, pero matemáticamente hoy no es posible sin un pacto entre poderes que defienden ideologías oponibles. Como estas contradicciones parecen —por el momento— irreconciliables, los partidos toman posiciones para sumar escaños o votos. Sin embargo, ante el miedo a unas nuevas elecciones, los partidos que se ven, o se saben débiles, es decir, los partidos que tienen más motivos para creerse perjudicados por nuevas elecciones, o que necesitan de otros partidos para gobernar, se orientan hacia el pragmatismo. Nos encontramos, pues, conservadores negociando con socialistas y estos con liberales en contra de lo que anunciaron durante la campaña y, repetidamente, durante las entrevistas televisadas.

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez y el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, durante la firma del acuerdo de investidura. (www.elconfidencial.com)

Estos partidos se aplican unas “vacaciones morales” para acomodarse a la investidura, y permitir entrar a cualquiera que este dispuesto a renunciar a su ideario, temporal y selectivamente. El objetivo es evitar el desgaste de nuevas elecciones con la creación de un centro pragmatista para mantener el control de la investidura. Los viejos socialistas no echan ascos a que Pedro Sánchez pacte con su oponente en una demostración más de que el PSOE es, en realidad, un partido que puede tomarse vacaciones morales. Dicho de otro modo, un partido de práctica liberal. Por su lado, la ideología conservadora del PP, como el socialradicalismo de PODEMOS, están más predispuestos a ir a la contienda.

La renuncia temporal al ideario sitúa la práctica socialdemócrata europea en las mismas posiciones que la de los liberales. En el caso español, además, las tensiones territoriales y financieras llevan a actuar a los socialistas conjuntamente con los conservadores (como en el caso del Parlamento Europeo). Está por ver si en España el conservadurismo también se tomará unas “vacaciones morales”, o si, por el contrario, está dispuesto a vencer a sus oponentes en unas nuevas elecciones.

El fin de una Europa que no llegamos a conocer.

Desde el fin de la política de bloques, hemos asistido, primero, de la mano del laborismo británico, y luego, por el mismo zapaterismo, a la derrota de las ideologías frente la utilidad; se trata del triunfo del estado de confort ideológico, político o moral, frente al conflicto de la dialéctica histórica. El pragmatismo político no creará una nueva idea de España, ni de Europa, ni pretenderá cambiar estructuras, porque eso implica superar e integrar contradicciones, asumir riesgos y errores; el pragmatismo europeo acomodará los partidos en una zona confortable en la que se pueda actuar al margen de sus idearios, siempre que sea útil. Verificable y útil. ¿Pero para quién? ¿Para quiénes? Esa es la cuestión.

En todos los casos, allí donde triunfa el pragmatismo se tiene la sensación de que se supera un obstáculo, pero me temo que esto no es así. No es lo mismo superar un obstáculo que resolver un problema. El pragmatismo requiere de una dosis de escepticismo por ambas partes, y con ésta se renuncia a una parte de la realidad; si el sentido común nos da mayor confort siempre será a costa de algo, y ese algo es a cambio de vivir únicamente en el presente, olvidando un futuro (que existe en la creencia) y el pasado (nuestra historia y nuestra moral), y para los que aún creen en la democracia representativa, a costa de la decepción que provoca la falta autenticidad y liderazgo en los representantes.

Otro ejemplo. Ante nuestras pantallas desfilan los cadáveres hinchados de la crisis de los refugiados sirios. El asunto, ya se ha dicho, nos retrotrae al pasado y nos impulsa a dudar de nuestros valores y nuestro futuro. Por un lado, indigna que esta situación haya vuelto a pasar, y por otro, nos decepciona el futuro hacia el que Europa se tambalea, si es que ha existido alguna vez esa Europa de la que alguna vez oímos hablar. Puede que hoy Europa resulte menos útil (y verificable) de lo que pensamos, dado que la resolución del problema no es realizable a causa del bloqueo político del sistema de membresía europeo, y la falta de una decisión ejecutiva convincente. En realidad, la solución ya fue acordada. Sólo hay que seguir lo que dicen las resoluciones y la carta de los Derechos Humanos.

Mientras que las reuniones y cumbres de refugiados evidencían la incapacidad ejecutiva de Europa, por otro lado, la conmoción que ha provocado la fragilidad de un niño con una sola fotografía ha hecho mucho más por conmovernos y empujarnos a resolver el problema. Es un hecho que da que pensar. ¿Nos hemos olvidado de las emociones? ¿Otra vez? Si Europa no se atreve a salir de su zona de confort y las ideologías fracasan dentro de su laberinto político y regional, ¿cuál será el futuro? ¿De quiénes? Pregúntese luego. ¿Qué lección sacaremos de aquí? Pero, sobretodo, recuérdese que Europa se está jugando su pasado.

Refugiados sirios esperan cruzar desde su país la frontera que les separa de Turquía, (http://www.elnuevoherald.com/)

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L’article que anava a publicar

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Entrevistem Ferdinand Frost, col·laborador i personatge de ficció, respecte a l’article que anava a publicar: “La independència de Catalunya serà beneficiosa per Espanya”, article que ha estat desestimat per la pressió de la campanya electoral.

 

—“La independència de Catalunya serà beneficiosa per Espanya”. No li sembla un titular una mica tendenciós en hores de campanya?

—Sí. Era el títol de l’article que anava a publicar. Si de cas deixi’m canviar-lo: “La tensió política abocarà al govern a buscar un enteniment que beneficiï a les parts”. Què li sembla?

—Més moderat. Però perquè no l’ha publicat?

—Perquè estem en campanya

—I pot explicar per què anava a publicar-lo?

—Vejam. Si ens fixem en l’evolució de la relació Madrid-Catalunya ens trobem diferents etapes. Veiem que cada una es correspon amb una crisi que es soluciona amb un pacte.

—Ja l’entenc. Vol dir que passi el que passi, la resolució d’aquest conflicte acabarà amb un pacte?

—Exactament. Hi ha molta gent disposada a canviar les coses només perquè al PP li interessa que tot segueixi igual.

—I aquest pacte com serà?

—No ho sabem, perquè això dependrà de les forces en conflicte i dels riscos que es vulguin assumir. Algú replanteja ara l’Estat Federal, d’altres una disposició addicional, un “cupo, o la cessió d’impostos. Fins i tot hem tornat a sentir la paraula “nació” en classes de didàctica socialista sobre estat i nació. També es coqueteja amb la regeneració, la reforma de la constitució, i fins hi tot, es fantasieja amb els Països catalans. A mesura que avança la campanya, més es polaritza i sembla que tot pogués passar. En resum, totes aquestes solucions no son noves sinó del passat que retorna a cada moment quan es va optar per un model pactat en base a les forces i jugadors que llavors participaven. Avui és curiós però sembla que tot torni a començar, com si fos una quarta temporada del 1895.

—Què vol dir?

—En l’article que anava a publicar, li explicava que cada quatre dècades, una generació viu un augment de tensió entre poders que culmina amb un pacte. Com les onades d’un estany, l’eco de la història sembla que ens vulgui dir alguna cosa. Avui estem a la dècada dels 2010’s, en “el procés”, però als 1970’s començava “la Transició” cap a les autonomies, i als 1930’s s’aprovava “l’Estatut d’Autonomia” a  la nova república, i abans, cap als 1890’s, la Unió Catalanista proposava les Bases de Manresa i arrencava amb el “desastre del 98”. L’estructura econòmica també sembla seguir la mateixa línia ja que es correspon en cada cas amb un període de crisi socioeconòmica: el desastre del 98 i la Mancomunitat, la crisi de la monarquia i l’estatut, la transició i les autonomies, i avui, la crisi del deute i el procés. No sé si hauríem de ser hegelians o etnicistes amb això. Direm, doncs, que només és una consideració estètica que il·lustra una tendència.

—Hegelians o etnicistes?

—Idealistes o folkloristes.

—I l’intercanvi de cartes entre Felipe, Duran, i Mas? I les declaracions dels ministres, i les crides dels drets històrics? Això compta?

—La superestructura catalana ja té el discurs ben perfilat i avui és més madur però encara és novell i li falta feedback, resposta, per a ser pragmàtic. De totes maneres, la discussió superestructural només interessa per guanyar-se el valor moral de la partida, i és un debat d’idees enquistat que no aporta solucions; vull dir, que només té o bé un ús cultural o propagandístic i sovint emocional. Encara que es vulgui monopolitzar el discurs no crec que les ideologies del XX en l’era tova i líquida del pensament dèbil, l’era del Facebook, dels viatges “lowcost”, i Google, tinguin gaire cosa a monopolitzar. Són l’embolcall del paquet. El que importa es l’interior del paquet.

—I que hi ha dins el paquet?

Hi ha nous votants. Hi ha joves a l’atur que volen millorar com volien els seus pares al 78 i com volien els nostres besavis al 31. També hi ha una societat mitjana molt més madura i envellida, i una premsa amb poca autocrítica. Molt de soroll i poc respecte per l’adversari. Dins aquest paquet també hi ha una necessitat d’organització territorial més eficient, de reducció de dèficits i de millora de gestió. El gran problema avui és el deute i la reducció del mateix que origina l’austeritat, i això val per a tota Espanya. També hi ha l’aversió a les majories absolutes del bipartidisme, i a l’immobilisme del govern actual. Ara, les grans estructures financeres són les que no volen canvis. Fixi’s en les declaracions de la CEOE i de Foment. Són el mateix discurs que el govern de majoria absoluta del PP. Només la CECOT, que representa un menor volum de negoci, encara que un major nombre de petits empresaris, es desmarca, i mentre el fòrum del Cercle d’Economia diu que s’ha de pactar, els bancs de l’Ibex acaben d’entrar en campanya a la contra. L’alta burgesia no vol riscos, i la mitjana i la petita s’ho pensen, però els sindicats majoritaris passen de puntetes perquè no volen fer-li el joc a la dreta. I els proletaris? la classe baixa? amb un 24% d’atur i un sou mitjà baix, cap els 1000 €, entre conformada i indignada.

—Potser que després del 27S tot segueixi igual.

—Augmentarà el soroll perquè molt vot independentista és de protesta. Però sí, això és molt probable que sigui el que acabi passant, al menys aquest any, perquè el que farà agafar por als mercats internacionals serà el 20D, que s’articularà en base als resultats del 27S. Primer hem de saber el resultat de les catalanes i llavors les generals. Fins desembre no sabrem com s’esdevindrà la partida.

—Expliqui’s

—Veurà. Des d’aquí la campanya es plena de soroll, i des d’allí també. Però els candidats al 20D ja estan fent la campanya sucursalista a Catalunya, i si el 27S dóna majoria sobiranista, el 20D molt probablement hi hagi llista comuna catalanista. Hi ha molt d’interès per saber com seran les generals, un joc de pes internacional on el pot és molt alt, i que depèn molt del 27S. Com reaccionaran els partits estatals després del 27S? Ara tothom vol escombrar cap a casa, però hi ha un fet que no s’escolta i que serà el fil conductor del 20D: així com hi ha una Catalunya que li interessa la independència, hi ha una Espanya que li interessa la regeneració, i és aquesta Espanya que vol el canvi la que ara no té veu ni poder. En L’article que anava a publicar deia que aquest és el fat del país, com en el 78 i el 31. Només per ambdues bandes es pot encaixar un projecte comú, però aquest encaix implica renúncies.

—Quin tipus?

Renúncies per part de l’Estat i de Catalunya, per suposat, tot i que dependrà, sobretot, del muscle polític de cada part, perquè sense majories fortes ningú es pren en sèrio l’adversari, i les renúncies al pacte fiscal i a la modificació de l’estatut indiquen clarament que el bipartidisme no vol canviar de regles ni de joc. Una via escocesa donaria anys de marge i calma, però també una reforma de l’estat que centralitzi més el poder a Madrid a canvi de donar major poder a Catalunya, o un lliberal “café para todos” que impliqués una confederació de 4 o 5 estats, etc. De fórmules n’hi ha, sempre que el poder financer i econòmic, que té la última paraula i és la força viva, no surti greument perjudicat. És, ara per ara, el que se m’acut. Hauria de preguntar a un expert en administració.

—Vol dir que, potser d’aquí un any tindrem referèndum vinculant, reforma de les diputacions i de les comunitats?

—No. Vull dir que la possibilitat està present, però cal veure les voluntats polítiques al marge de les declaracions i, sobretot, el joc del poder. Pensi que en aquest país la força se’n va sempre per la boca. Tot dependrà de si guanya la candidatura JXS+CUP amb majoria absoluta i de si no fan trampes ni estupideses. Si succeeix poden venir canvis.

—I l’avís de la UE?

—En efecte, es tracta d’un advertència que no tindrà molta influència el 27S. Però la tindria en les negociacions després del 20D.

—Però com pot ajudar el sobiranisme a millorar Espanya?

—En L’article que anava a publicar, deia que el moviment del 15M es va convertir en la mobilització d’electorat que li calia a Podemos, i recordava un malagueny de Podemos de visita a Barcelona que em va preguntar què en pensava. Podemos és (o era) la reacció contra un estat immobilista que defensa el mercat i el R78, però a Catalunya, la forma tradicional de protesta exterior ha estat la mobilització catalanista, tant de dretes com d’esquerres, i avui en dia és tant catalanista com sobiranista segons el grau d’intensitat. Afora d’aquí no s’entén perquè juguem amb dues baralles, la de la classe (dreta o esquerra) i la de la nació (sobiranisme o espanyolisme), i això és el que genera estupor a jugadors com Pablo Iglesias, o a observadors com Julio Anguita, o a d’altres que només juguen amb una sola baralla, la de classe (dreta nacionalista o esquerra pluralista). 15M i 27S no han de ser discursos incompatibles si s’assumeix que ambdós volen canviar el joc i la baralla.

—El joc del poder?

—Sí. A l’article que anava a publicar imaginava que Espanya és una partida de “tute”, o de “tute cabrón”. La partida fa temps que ha començat, però l’actual, la R78, es juga amb una baralla i unes regles de la casa bastant conegudes però amb les cartes gastades i marcades per l’ús. Tothom pot intuir la jugada de l’altre i en aquest joc “quasi” sempre acaben guanyant els de sempre: gats vells (ministres, expresidents, etc.) que fan recelar els jugadors joves i inexperts. Vostè i jo estem mirant la partida. A taula seuen els poders polítics. Posem que dos d’ells són en Mas i en Rajoy i allò que representen avui. Ha llegit Huizinga?

—Sí

—Els últims deu anys de partida, dos poders s’han anat enfrontant més i més; no és que s’hagi canviat el joc, és que un jugador amb moltes fitxes bloqueja l’altre sistemàticament, que te bones mans però no suficients fitxes i va fent jugades que no li surten i fa el ridícul. Però arriba la crisi i els moviments socials. El 2012, 2013, 2014, etc. De cop i volta, el jugador (Mas) veu que té fitxes si aprofita els moviments. Canvia de discurs i es recolza en el públic que porta quatre anys mirant la partida i no és necessàriament votant seu, escridassant al govern Rajoy que es fa el sord. Aquesta massa inclou els que es van desencantar amb el PSC i amb Zapatero. L’oposició i la negativa a negociar converteix la protesta en una pugna que desferma l’instint agonal i competitiu de la tribu.

—Es podria fer un filmet electoral.

—Continuo. Tant un jugador com l’altre fan trampes. La trampa, però, està tolerada pels jugadors vells: corrupció, especulació, retallades express i altres maniobres de dubtosa legitimitat. Molts observadors critiquen la falta de moral però això NO atura el joc, perquè com que tothom fa trampes, com a Itàlia, l’argument moral s’invalida, entén? Aquí, llavors, prenen rellevància els jugadors joves o “nets” que volen canviar les regles i s’atorguen el valor moral i que veurem en els partits nous. Mentrestant, què feia Mas? Mas, que seguia la doctrina d’austeritat imposada, proposa que s’ha de canviar la baralla amb un pacte fiscal però no li fan cas. Llavors, diu que si no es canvien les cartes s’ha de canviar de joc (el procés), i com que tampoc li fan cas, adopta el discurs d’una part de la societat catalana que porta mobilitzada des del 2006 que diu que ja en té prou i vol abandonar la partida (DUI).

—Però això em sembla avui dia del tot improbable.

—És una declaració, és a dir, un farol fins que es demostri el contrari. Llavors, la resta de jugadors es mira i enraona que si un jugador se’n va no hi ha més remei que canviar de joc (administracions, diputacions, mercats, inversions, etc.) i que seria millor canviar de regles abans que de joc. El govern, que va guanyant, òbviament, està en contra d’aquest canvi de regles perquè està lligat pels mercats i el BCE, i pressiona perquè no s’abandoni la taula, primer amb amenaces i després amb altres veus que parlen del veto i l’expulsió de la UE. Cada jugador, mentre dura l’amenaça en campanya electoral, declara les seves jugades que són només això, declaracions, és a dir, possibles farols. Però la incomoditat de Mas, l’aixafaguitarres, va cada dia en augment segons les enquestes. De fet, interessa el xoc de trens perquè el que interessa és provocar una crisi que canviï el joc.

—Si no deixen canviar les regles es canvia el joc. Com que no es vol canviar de joc es canvien les regles.

—Més o menys. El que els interessa a tots els altres jugadors és que l’aixafaguitarres es calmi, però com que no se li permet negociar amb avantatge, és impossible. Ell ho sap, i la seva posició és ben còmoda: a cada amenaça apujar el to, mentre l’estratègia del govern és la de mantenir la ilul·lsió de que el seu joc és el bo, de què guanyaran per ser els bons i els espera el pitjor als dolents. L’estratègia del PP sembla la de guanyar els màxims vots pel 20D i, a jutjar per les declaracions de Margallo, esperar que la “suposada” recuperació econòmica apaivagui les ànsies sobiranistes. D’aquesta manera es desaprofita l’oportunitat de canviar el R78. L’estratègia del PSC sembla la de moderar el to prometent un pacte perquè en Sánchez obtingui el màxim suport el 20D.

—Llavors a qui recomana votar?

—Personalment, no escoltar la crida del vot útil, ni la de la majoria silenciosa. Són fal·làcies. Ningú vota per vostè i el seu vot val el mateix, tan si el fa servir com no: no té cap valor útil individual. Votar creient en la utilitat del seu vot és un acte de fe, de raó pràctica, o d’imperatiu categòric. A la massa li és igual. El vot de les masses és el que té valor i aquestes s’organitzen des de les bases militants i els mitjans de comunicació, la memòria col·lectiva, la mobilització del vot i les enquestes. Ah, i les xarxes socials, l’efecte de les quals resulta imprevisible, com ja es va demostrar en les revolucions àrabs.

Enquesta a 20 de setembre de 2015, EL PAIS

—Però, si hagués de votar a algú?

—En un poble petit, un municipi on tothom es conegui, o amb democràcia directa, m’ho pensaria. Però si no creus en el sistema no votis, o fes un vot sense valor: vota inútil o nul. Ara, si admets que els demés hi creuen, cedeix el teu vot a algú que hi cregui però no pugui votar. El joc seguirà en marxa votis o no, i els teus problemes no canviaran a curt termini.

—Vostè esquiva la pregunta.

—En l’article que anava a publicar, deia que t’has de plantejar si t’interessa que es canviï el joc, les regles del joc, o deixar-ho tot igual. Passi el que passi el 27S el joc continuarà el 20D, i pel que hem vist a Grècia, a Espanya, malgrat les bones intencions d’un país tou i endeutat, no hi ha res que ens garanteixi les promeses dels seus polítics.

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Con la técnica de Monsieur Dupin

Campo de retamas (2015)

Campo de retamas es la antología definitiva de lo que podríamos llamar el “pensamiento disperso” de Rafael Sánchez Ferlosio. Un espíritu crítico, de libertad envidiable (en palabras de Luís Mateo Díez), nada fácil para los no iniciados pero una caja de sorpresas para quienes no conozcan su faceta de filósofo.

La obra recopila los pensamientos del autor publicados anteriormente (La hija de la guerra y la madre de la patria, Vendrán más años malos y nos harán más ciegos), corregidos, expurgados, variados y ampliados en los llamados “pecios unidos”. El resultado es un compendio del “pensamiento ferlosiano” compactado y disponible a mano en “comprimidos” (en palabras de Fernando Savater, aunque tal vez habría que llamarlos anfetaminas) en la línea de autores de máximas y reflexiones como Gracián, La Rochefoucauld, Nietzsche, o Machado.

Dada la gran variedad de “retamas” que pueblan este “campo” estructurado en cuatro partes, no hay otro orden con el que guiar la lectura que un inicio, un final, y tres transiciones. Los pecios, a pesar de estar unidos, no están reconstruidos; no se desprende una estructura o forma general, sino que el contenido se diluye en la variedad, los niveles de profundidad/superficie, y los recuerdos. Lo único que nos advierte del sentido del pecio es una palabra o lema entre paréntesis que lo acompaña, y sin el cuál nos encontraríamos perdidos entre las retamas.

Con esto, los sistematizadores se decepcionarán al no poder abarcar razones directoras ni disponer de un índice temático con el que agrupar los pensamientos por tema. Pues hay que advertir que la obra de Ferlosio, como su propio estilo o su biografía (ver más abajo), no se deja atrapar. Su antiencasillamiento, a veces denominado extravagancia, es su propia fuerza, aunque su pereza reconocida sea la justificación de una obra escurridiza con la que pretende disculparse un autor sutilmente irónico.

Y es que tanto la escritura de máximas, así como los pensamientos dispersos, son ideas estancas no sujetas a sistematización. Dichas figuras de pensamiento responden, en unos casos, a cuestiones de estilo, y en otros, a cuestiones más prácticas. Recordemos que los pensamientos de Nietzsche resultaron en parte por la incapacidad visual de fijar demasiado la vista sobre el papel. Ferlosio ha llenado miles de hojas con sus pensamientos que ahora empezaría a recopilar (ya que según sus propias palabras, tan sólo ha publicado una pequeña parte de sus textos); añadir que, probablemente, se deba a la incapacidad de poder estructurar el todo errático en uno sistemático; o tal vez, sólo se trate, nuevamente, de sana pereza.

Puede que, en este sentido, Carlos Prieto (El cultural), aporte alguna pista biográfica sobre la irregularidad de la obra ensayística de Ferlosio. En el siguiente enlace se puede leer una cómica biografía de su mano en el blog Animales de compañía.

Con aliento largo, un trabajo de orfebrería sintáctica a diversos niveles de subordinación (las llamadas hipoxtasis) entre lo espontáneo y lo corriente se combina con versos cortos, ideas sencillas y textos largos. Los pecios están grabados con punzón y siguen la forma del arabesco hasta llegar a la frase o pensamiento “clave” que permite ver su forma completa; pero como los arabescos, intentar atrapar el conjunto de formas marea y confunde. A veces se encadenan siguiendo un tema o forma que no suele alargarse más allá del tercer pecio.

Lo que se entiende como profundidad se ataca como fraude, fetiche y servidumbre. La razón es no dar juego ni al hermetismo ni a la sacralización del lenguaje, origen de la necedad y la obediencia. Por ello, con leve ironía Ferlosio nos advierte de si mismo, de tomarlo en serio, de sacralizarlo, y al final de la obra defiende el uso de una crítica exenta de profundidad de la mano de Edgar Allan Poe; usando el método de Monsieur Dupin (El Auguste Dupin del misterio e Marie Rogêt) defiende la comparación de declaraciones de distintas fuentes y periódicos para hallar en el contraste de dichas superficialidades la “ideología represora” que las promueve. Usando este método “analógico-superficial”, aunque nunca nos libremos de la sensación de que juegue con el lector, Ferlosio indica que la verdad no se oculta, sino que está frente a nuestras narices, en las contradicciones de los discursos en los que vivimos inmersos.

Ilustración del Misterio de Marie Rogêt, E.A.Poe, 1852

El valor del pecio está en el tratamiento de su contenido: es decir, la sospecha, el revelado del truco, el descubrimiento de la ilusión. Porque si algo se puede aprender de esta antología, más que algunas máximas ingeniosas, reversos inopinados, o chascarrillos, es la actitud crítica de la sospecha, de huida del discurso oficialista, de la declaración política y de la actitud autocomplaciente; pues no sólo no hay nada nuevo bajo el sol, sino que seguimos siendo igual de humanos, aunque algo más ciegos e idiotas.

Quienes hayan leído Mientras no cambien los dioses nada ha cambiado, encontrarán la recurrencia de algunos de sus principales desarrollos. Comparando ambas obras, con unos treinta años de diferencia, pueden indicarse algunos temas preferidos del autor: el papel del estado “deportivo”, la crueldad el “dios” de la Historia y del progreso, la justicia como estructura de control social, la ideología represora, el fariseísmo como moral perversa, entre otros. Además, Campo de retamas incluye una sutil crónica política y sentimental de la España de esa democracia que aún no se libera de su pasado, y que contiene algunas “perlas” dedicadas a unos pocos de sus protagonistas, o a los estereotipos “patrios”.

RSF (EFE).

RSF (EFE).

Y a propósito de lo patrio, les invito a leer algunos de rabiosa actualidad:

La nación débil esgrime argumentos pragmáticos para acogerse a la sombra de la nación fuerte, pero ésta, por su parte, apela a argumentos morales para imponer su hegemonía sobre aquélla.

(Palabras-fuerza) No hay razón sin palabras, pero tampoco puede haber sin ellas fanatismo. En la palabra se manifiesta la salud de la razón, pero, a su vez, el fanatismo siempre aparece como una enfermedad de la palabra, una especie de inflamación absolutista de los significados. Toda predilección por una palabra en sí, al margen de un contexto, es un temible síntoma de predisposición al fanatismo.

… la expresión del poder excede siempre la realidad del poder mismo.

 (Agradecimientos a Animales de compañía, de El Cultural)

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