Ramón Dachs: epojé i essència

 

El poeta recitava Blanc amb música ambiental de Bill Evans; de fons: les imatges del viatge a l’Antàrtida del 2009. La performance va ser una posada d’escena d’art total: música, imatge i llenguatge escrit i oral.

 

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Abans i després, Dachs saludava amb atenció i semblava saber ben bé què era el que feia i què havia de dir. En la seva mirada, una intenció pedagògica. Les respostes: mesurades a la pregunta.

Arriba’m /blanc /desert
Heme /blanca /nada
Arrive /moi /désert

Poema triangulat en català, castellà i francès, incorporant matisos que només s’aprecien des d’un trilingüisme bàsic. Entre les estructures sil·làbiques, els icebergs visuals i un lento adagio jazzístic.

La traducció com a element creatiu: reescriptura del marc cultural, fusió cultural; Dachs cerca entre les llengües figuracions literals i suggerents: entre el dir i connotar, l’ésser es diu en cada elecció del mot cercant. Defensa la interdependència de les llengües romàniques; poesia per a començaments d’un segle.

El món, un mar; la llengua, un vaixell; l’home, un navegant; el llibre, un viatge; i cada poema, un incident. (Poemes mínims)

L’al·legoria de l’experiència literària, d’ecos existencialistes, encaixar perfectament amb la intenció de recitar Blanc.

Les llengües tenen els seus fantasmes.

Cada vaixell té la seva manufactura, la marca d’origen; estructures històriques superposades en el sentit semàntic. La seva especificitat. Dir allò, el blanc, és cercar l’invisible; significa, doncs, assetjar el que es vol dir en diferents llengües. Assetjar, no caçar. Cada llengua: un rastre que acota part del sentit del mot. El que diu es troba encerclat entre les llengües, una possibilitat, tanmateix.

Tarjeta ramon dachs_Page_1

 poema mínim

cristall

irreductible

Intersubjectivitat reduïda a una maragda:

llavis

beuen

llavis

Avui, allunyat de Fosca endins, tot i que delerós de les formes mètriques mesurades, el formalisme de Dachs és singular, essencial i assequible; en el llenguatge, però cap a fora del llenguatge. La proposta multilingüe, una demanda cada vegada més comprensible; la intertextualitat en línia, una nova forma d’experimentar l’atzar en la creació; les matemàtiques, poesia no-lineal, un nou formalisme.

Ramon Dachs. Font: AELC

(Aquest article va ser publicat originàriament el març de 2014)

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ZYGMUNT BAUMAN: Cómo decirlo mejor

Vida líquida. Paidós. Estado y Sociedad. Barcelona, 2006.

Mientras el 15-M estallaba de indignación en la postespaña de la crisis, el polaco octogenario, príncipe de Asturias el 2011, encendía su pipa e indicaba la necesidad del pensamiento en la acción social; la expresión social, emocional, resulta fugaz e inútil en una sociedad incierta y cambiante sujeta a las modas, como el río de Heráclito. A Wall Street le da igual que los indignados ocupen plazas, aclaraba en 2012, respecto a los movimientos globales antisistema.

ZB habla de lo que ya sabemos, o al menos intuimos que sabemos; también tiene la particularidad de estructurarlo mediante opuestos, hegelianamente, entre claroscuros que destacan el volumen de los temas globales; tampoco puede despreciarse el gusto por la metáfora de la conciencia global, individual o colectiva: la liquidez.

El superhombre líquido

El individuo del siglo XXI, el que vive en la sociedad de consumo global, en la frecuencia y la rapidez de «todo», vive «asediado» por unas relaciones cambiantes e imprevisibles: líquidas; hasta el punto se ha cambiado la idea de individuo: antes, el individuo, circunscrito a un estado-nación, a un entorno sólido, elegía y asumía las consecuencias de sus actos en su marco; pero hoy, el individuo híbrido, orienta la acción fuera del territorio nacional.

Gerard Depardieu con su pasaporte ruso. Font: Telegraph.co.uk

El individuo híbrido, Citoyen Depardieu: aquel que no desea identificarse con ningún grupo o valor nacional, sólido, para adaptarse y aprovechar la incertidumbre: el hombre global, visto por el resto como un miembro de la aristocracia global, una élite que no se ubica fijamente en un estado ni una economía, sino que se hibrida con el entorno internacional.

Las interacciones que han acelerado el advenimiento de este superhombre líquido se hallan en la globalización económica y cultural. Por un lado, el consumismo ha dado lugar a la carrera por la exclusividad, es decir, por la individualidad; de forma que el consumidor global, aquel que dispone de medios para poder elegir, se identifica con el hombre libre, legitimado por una publicidad que refuerza la idea de que libertad y consumo son lo que definen al individuo libre. La libertad de facto, ejercida por el individuo, es la libertad de compra.

Por otro lado, la multiculturalidad, o pérdida de jerarquía sobre los valores culturales tradicionales del estado-nación, es lo que caracteriza la identidad social del hombre híbrido, aquel que puede elegir la idea, el valor o la actitud, pudiendo siempre cambiar de opinión, en lo que podría llamarse un estado de perpetuo cambio y movimiento.

¿Dónde queda el resto? La reciente proletarización de la clase media, junto con el aburguesamiento del proletariado de las décadas anteriores, polarizan la estructura global, y refuerzan la identificación entre el confort y la capacidad de compra con el privilegio de la libertad y la individualidad de facto; quienes no disponen de medios, aquellos individuos que son libres de iure, pero no lo son de facto, son los impedidos en la sociedad líquida: la infraclase global, lumpenproletariado global: libres pero sin medios para ejercer la libertad de consumo global.

Establecida la tendencia a la polarización de clases, ZB entrevé que ambas giran alrededor de dos conductas principales:

  1. La búsqueda de libertad
  2. La búsqueda de seguridad

La conducta se concreta por el grado de la confianza con el entorno, resultado de una relación de grado entre la sensación de seguridad y la capacidad de elegir. Por su lado, el hombre híbrido «puro» confiaría en la máxima libertad: el constante movimiento, la compraventa continua, el cambio de residencia, etc. (lo que le hace sentir seguro es la libertad de usar sus recursos para poder adecuarse al entorno cambiante e imprevisible). Por otro, la infraclase, —el hombre sólido, más bien fijado, digo—, el recién llegado al sistema, el desposeído, desea antes la seguridad que un estado pueda proporcionarle frente a los desafíos globales, que una libertad sin medios. Dos actitudes opuestas que reflejan las diferencias de relación con el entorno global, económico y cultural.

Consumismo

El consumismo necesita como condición la producción creciente de oferta, que estimula a la demanda mediante el marketing. Evolutivamente, el consumismo de hoy es lo contrario a la sociedad de producción industrial de ayer. Para asegurar más oferta, los productos deben consumirse rápidamente y deben tener fecha de caducidad —obsolescencia—, y devaluarse con nuevos sucedáneos: mejorándolos —o prometiendo una mayor mejora—; o generando nuevas adicciones y necesidades ficticias. El mundo del marketing hoy queda legitimado por la propia sociedad que desea consumir, permitiéndole a este que sea marketing hipócrita, una persuasión falsa pero deseada. En consecuencia, los valores de la sociedad líquida de hoy son los del síndrome consumista: fugacidad, novedad, rapidez de consumo y reposición, exceso y desperdicio, frente a los de la anterior sociedad sólida (durabilidad, permanencia, etc.).

Ante la inseguridad económica y emocional de una sociedad más precaria e imprevisible, el mercado ofrece el consumo como un placebo. El consumismo interpela al individuo sobre su bienestar y, sobre todo, por su cuerpo físico, ofreciéndole productos y servicios. Lo propio de esta oferta es la contradicción en la que incurren: por un lado, se defiende la libertad de consumo, mientras que por el otro, se incita a autorreprimirse para alcanzar una mayor seguridad. Esta contradicción se ve claramente en varios fenómenos como en el fenómeno grasa —coma lo que quiera y haga dieta—, o el rechazo de la infancia —tenga hijos y asuma los costes de su consumo—, que inundan las ofertas, opiniones, y medios de comunicación, respaldadas por las industrias del fitness o al marketing infantil.

El consumismo y los medios han cambiado los estereotipos, dando lugar a la aparición de la celebridad de la sociedad de consumo. Este rol viene a substituir al del patriota —digamos, al prohombre meritocrático— de la sociedad liberal; y que a su vez había substituido al mártir de la sociedad teológica. Cada substitución responde a las relaciones sociopolíticas de su era: el mártir se sacrificaba sin proporcionar un beneficio al estado —lo hacía por fe, digamos, ad maiorem gloriam—; el patriota glorificado del estado-nación pagaba con su sacrificio el beneficio de la sociedad nacional. Hoy, la celebridad, el individuo famoso de la sociedad líquida, a diferencia de los anteriores, es fugaz, pasajero e imaginado, sin compromisos vinculantes y sin exigencia de sacrificio; el culto a la celebridad es sin compromiso y de decisión individual.

Martir, Héroe, Celebridad

Mártir, Héroe, Celebridad

Las relaciones interpersonales tienen lugar cada vez más en las ciudades, convirtiéndose en marcos con mayor relevancia para la sociedad líquida. Por un lado, el progreso y la tecnología, los agentes del cambio de la sociedad rural tradicional a la sociedad industrial moderna, han provocado un éxodo rural mundial a las ciudades. Sin embargo, el Progreso —uno de los dioses de la modernidad, como diría S. Ferlosio— también es la razón última de que este crecimiento de las ciudades conlleve un aumento del miedo y de la búsqueda de seguridad.

La urbanización tensa el uso del espacio en las ciudades; los agentes urbanísticos responden a la tensión con la diversidad, defendida por el suelo público, o la diferencia, el uso del suelo privado. Hoy se observa como aumenta el polo de la seguridad privada en las progresivas privatizaciones de suelo y servicios públicos, lo que da lugar a la arquitectura del miedo, que responde a la búsqueda de la diferencia global —rejas, bloques impersonales, camuflados, cámaras, parques cerrados, etc.—. El reto de la sostenibilidad integral de hoy en día pasa por evitar que el espacio público quede aislado e inútil como catalizador de la interacción social.

También ha cambiado la forma de gestionar el pensamiento y la conducta entendida como cultura. Los dos principales agentes culturales, el creador y el gestor, si bien siguen en tensión de oposición y dependencia, han pasado a un entorno social donde el producto cultural ha adoptado las normas del consumismo; este refuerza la cultura como mercancía, más bien que como expresión de la belleza (siguiendo a Hanna Ardent) con voluntad de permanencia y trascendencia, lo que ha provocado un cambio en la gestión de la cultura: los gestores, públicos o privados, han incorporado los criterios del mercado ajenos a la gestión tradicional, como por ejemplo, el valor de venta, o la notoriedad de una celebridad, o un galerista.

La marca, la fama y las ventas han cambiado la gestión, y en consecuencia, la creación. Ambos, pese a su antagonismo, prevén que la cultura de hoy es efímera, y que debe caducar para dar lugar a nuevas formas culturales y así cubrir más demanda —los best sellers, las modas, etc.—. El síndrome consumista es lo que definiría la cultura de hoy, una fugacidad líquida enfrentada a la eternidad sólida —los cánonesde la gestión moderna tradicional; en el terreno del arte contemporáneo es donde se ha podido observar con mayor alcance el efecto de dicho síndrome, que ha generado la descomposición del arte, o la acreación, la consciente búsqueda de la fugacidad, la falta de «aura», o la vaciedad casi absoluta de contenidos.

Los efectos líquidos del mercado global también han influido en la gestión de la educación. El cambio ha sido bastante visible: se ha pasado de una educación programada durante los años de instrucción, cuyo objetivo era su aplicación a lo largo de toda la vida, a una educación en reprogramación y continuada, en la que los años de instrucción son indefinidos según sean las variaciones de la oferta del mercado. El mercado hoy pide renovación de perfiles y habilidades: exige cambio constante, títulos, nuevas habilidades para nuevos mercados.

La respuesta ha sido la diversificación de la educación y una bajada de la calidad educativa, así como la asunción de cursillos complementarios y de formación continuada que intentan cubrir las demandas. Igualmente, el mercado exige más fuerza de trabajo y las ofertas de formación técnica especializada son cada vez más demandadas y caras. El paradigma educativo pasa de una sociedad donde el estado educa a sus ciudadanos, a otra donde el ciudadano debe aprender las habilidades que le pida el mercado.

Algunas consecuencias son la subsidiariación de responsabilidades educativas en el empleado y sus medios —es culpa del empleado no estar formado para el mercado—, o la precarización de la clase obrera —forma de dominación— debido a la imprevisibilidad del mercado, modelable en tanto que no puede ser planificado: se domina a la clase obrera a través de la incertidumbre y la conformidad de las bajadas de salarios y reformas laborales; junto a esto, la libertad a la ignorancia, como capital político ha demostrado ser útil y rentable, sobre todo en las democracias populistas o autoritarias. La educación de hoy se enfrenta al reto de ser útil para el empoderamiento de la ciudadanía, y así rescatar el espacio público, o, por lo contrario, servir al mercado.

Actitudes

Finalmente, la vida líquida comprende que la felicidad en una sociedad imperfecta, precaria, sin asideros y en progreso se adquiere manteniéndose en constante cambio y movimiento. El cambio deviene un fin en sí mismo: se cambia para seguir cambiando, para mantenerse a flote; desprenderse de lo adquirido es vital para seguir adquiriendo. ¿Cuál es entonces la tarea del crítico ante la sociedad? El intelectual crítico adopta la actitud del mensaje en una botella: escribe su crítica y lanza el mensaje para el que pueda interesarle; este mensaje crítico tiene dos líneas básicas de actuación:

  1. La crítica marxista contra el capitalismo vigente.
  2. La perspectiva global: superación en extensión y cultura de la dialéctica Norte-Sur, Este-Oeste.

El desarrollo de la sociedad líquida es imprevisible. Hoy se constata la tendencia a criticar a los reguladores que quieren limitar la globalización y defender las relaciones del antiguo régimen de los estados-nación; la pérdida fe en la política tradicional y en el proyecto de la ilustración (progreso=felicidad), así como la perdida de la metaesperanza (la esperanza de poder esperar algo). La respuesta, aunque difícil de concretar, debería implicar una renegociación a nivel global, no parches nacionales, que establezca relaciones interdependientes, que gane un espacio público genuinamente global, una conciencia y responsabilidades globales que incluya la protección de los costes sociales.

Sentimos, suponemos y sospechamos qué es lo qué hay que hacer. Pero no podemos conocer la forma ni la configuración que finalmente adoptará. De lo que sí podemos estar bastante seguros, no obstante, es de que esa forma no nos resultará familiar. Será diferente a lo que nos hemos acostumbrado.

Zygmunt Bauman. CC BY 3.0. Font: Wikipedia

 (Esta reseña fue publicada originariamente en marzo de 2014.)

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Grecia ya no rompe los platos

El club Vietnam —película Ola Einai Dromos—

Será porque se acabó la vajilla, será porque se dispararon los precios, pero en Grecia ya no se rompen platos; la estampa de una estrepitosa masa de porcelana estampada en el suelo, ahora, un caro recuerdo —doblemente caro—.

Hace unos diez años dejaron de romperse platos. Al parecer, los clientes salían heridos de los clubs nocturnos. Así lo confirma Dimitris, entre vaso y vaso de tsikoudia —orujo—, mientras la banda afina sus instrumentos.

—Ahora, se tiran flores. Los clientes piden platos de flores y lanzan estas. Cada plato de flores puede costar 50 Euros. Eso sin descontar que la entrada a un club puede valer unos 150 Euros…

Al cabo de unos días, le pregunté a una camarera dónde se podían romper platos.

—¿Cómo se llaman los clubs donde se rompen platos?

—Ya no se rompen platos. Ya no existen estos lugares.

El rembetiko prende y el buzuki resuena melancólicamente sobre una canción de bebida, mujeres y cárceles. Los ojos implacables de Dimitris se fijan sobre el escenario, sin dejar de esbozar la media sonrisa tras su barba recortada; los músicos cantan, modulando la frase al compás de las cuerdas. Un color de blues, un tono flamenco; en la tristeza y el humor del rembetiko resuenan sus ritmos populares y vitales.

Dimitris es camarero, hostalero, empresario y gran aficionado a las motos. Bebe lento, pero fiel a su vaso. Nos dice en voz baja:

—Nos cobrarán 40 Euros.

—¿Cómo lo sabes?

—Aquí todo funciona así.

El problema, dice Dimitris, es que la economía es un caos. No es como la de España. —Sonrío—. En España hay riqueza. En Grecia no queda casi nada. En Grecia, el campo es más rico que la ciudad, y somos muy individualistas: al campo no le interesan los problemas de Atenas, y Atenas no se interesa por el campo; el norte no se interesa por el sur, o las islas, y viceversa. Cada pueblo sólo se interesa por sí mismo y no por el del vecino.

—Ciudades-estado.

—5 millones de habitantes malviven alrededor de Atenas, y somos un país de 11 millones. ¿Qué hay en Atenas? En Atenas no hay nada que hacer, pero todo el mundo va allí. Bueno. El centro y Exarchia valen la pena, pero no hay nada más. Fuera de Grecia, en el mundo, viven 7 millones de griegos. Es un país fuera del país.

Los músicos han terminado y afinan los instrumentos. El local está prácticamente vacío; Un personaje medio loco que nos seguía se acaba de marchar. La camarera trae la cuenta.

Dimitris la examina.

—40 Euros

—¿Cómo sabía ella que costaría 40 euros?

—No lo sabía.

—…

—Ella no lo ha contado porque no sabe los precios de los platos. Aquí se calcula a ojo y se paga lo razonable.

Siendo tres con Marco, un italiano de Turín, la cena nos ha salido a 17 por cabeza.

—¿Pero… cómo saben si funciona o no el negocio?

—No lo saben. Contratan a alguien que les cuadre los números y les diga que todo va bien. Luego, si las cosas van mal, le despiden.

La música arranca de nuevo con resonancias otomanas. Marco quiere tocar la guitarra, pero aún no se atreve a entrar entre los instrumentos y las voces lastimosas de la Grecia interior. La camarera nos trae más tsikoudia.

O ΠΟΝΟΣ ΤΟΥ ΠΡΕΖΑΚΙΑ, 1936, Anestis Delias

Sorprende que no hayamos hablado de la crisis, y parece que la crisis ya no es noticia en Grecia, y probablemente esté dejando de serlo en el resto de países; Dimitris niega que el problema haya sido la economía, o las deudas.

El problema para Dimitris es la cultura.

No tenemos cultura. Uneducated —repite en inglés—. Aquí se trabaja el lunes. El martes ya no hay ganas, y aunque el miércoles se vuelve, el jueves y el viernes todo va con mucha calma. Olvídate de hacer gestiones a final de semana. Ves mejor el lunes.

El principal problema es el estado —insiste Dimitris—. Cuando has solucionado tus problemas con el estado, te preocupas por ti y tu familia, y luego por tus amigos y vecinos. Pero el estado es el primer enemigo, tu primera preocupación. Incluso, durante los otomanos, cuando percibían el peligro de que la población se rebelara por hambre eximían del pago de impuestos. Los otomanos, a pensar de la represión, nos trataban mejor que los propios griegos.

—Dimitris. Algo bueno saldrá de todo esto.

Da otro sorbo al vaso. Mira con la misma sonrisa.

—Flores… Platos de flores por 50 Euros —murmura sarcástico—.

El rembetiko termina.

—Ya verás. Vais a tener que inventar nuevas formas de hacer las cosas, porque vais delante de todos nosotros.

—¡Yiamas!

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© Ferran Escrig, 2013.

(Este esbozo fue originariamente publicado en septiembre de 2013)

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El imperio permanente

El imperio.

Recuperar uno de los libros más interesantes de Ryszard Kapuscinski hoy, en medio de trifulcas entre repúblicas exsoviéticas, proporciona una perspectiva histórica de la continuidad dialéctica rusa. Publicado en 1993, tras los viajes realizados entre 1989 y 1991, el libro de viajes, Imperium (El imperio, Anagrama, 1994), aunque ha perdido pigmento, sigue valiendo como retrato descolorido: se pueden reconocer paisajes, personajes y, sobre todo, actitudes políticas.

Cronista de la descolonización africana, Kapuscinski construye a base de recuerdos y diarios un tríptico de la Rusia de su momento: antes, durante y después de la caída de su imperio. La vastedad del territorio le lleva a recorrer y conocer las peculiaridades de un estado plurinacional, especialmente Asia Central, y con una larga tradición de opresión y centralización de los poderes regionales; de norte a sur y de este a oeste; del frío al calor extremos; de los mares a los pozos de petróleo; unos 60,000 kilómetros de viaje avalan la mayoría de sus reflexiones que en su mayoría permiten comprender la geopolítica entre estados y naciones, grandes y pequeños.

URSS, 1989

Como en los clásicos de la literatura de viajes, Kapuscinski es un observador de «fondo», es decir, profundiza en la descripción más allá de lo percibido. Reflexiona y expresa sus inquietudes, posando su mirada sobre el espectro humano: la política, la cultura, la historia y las relaciones sociales; y como en la mejor tradición, fijándose en las mirabilia que emergen de la tecnología, los personajes, o la cultura en los confines más inesperados o conocidos.

Cómo polaco nacido durante la partición de Polonia, de cuyos recuerdos da cuenta en el relato, su mirada se fija especialmente en los conflictos nacionales: las fronteras.

Esta sensibilidad por la cuestión de las fronteras, ese afán incansable de marcarlas, de ampliarlas o de defenderlas todo el tiempo, no sólo es propio del hombre, sino también de toda la naturaleza viva, de todo lo que se mueve en la tierra, en el agua y en el aire.

En 1958, durante un recorrido en transiberiano, K. se topa con la lógica animal del control de las fronteras nacionales; la muerte, el sacrificio, por defenderlas o cruzarlas, como hecho propio de la naturaleza animal y que en el hombre cobra la entidad de línea fronteriza, de límite entre el bien y el mal.

La frontera no es sino el estrés, incluso el miedo (mucho menos a menudo, la liberación). La noción de límite puede entrañar algo definitivo, la puerta puede cerrarse detrás de nosotros para siempre: esta es la frontera entre la vida y la muerte. Los dioses conocen estas inquietudes y por eso intentan ganarse partidarios entre los hombres, para lo cual le prometen que, como premio, podrán entrar en el reino de los cielos, que será, precisamente, infinito.

Durante su periplo por la Armenia de 1967, cuya antigüedad y existencia es mucho mayor que la de las naciones occidentales, dice respecto a las naciones sin estado:

Un pueblo desprovisto de Estado busca salvación en los símbolos. La preservación del símbolo cobra para él tanta importancia como la defensa de las fronteras. El culto al símbolo se convierte en el culto a la patria. Es un acto de patriotismo.

La reflexión explica, precisamente, cómo se sublima el instinto fronterizo de un país sin fronteras, y cómo, a pesar de los intentos de ser suprimidos por los imperios, persisten en transmitir su razón de ser cultural y política. Sobre los armenios en guerra, durante 1990, momento de gran tensión en el cual el autor se convierte en protagonista, una pincelada sobre la condición humana de los reprimidos muestra que:

Ese deseo de que nuestra voz llegue a alguna parte es una necesidad característica de las gentes apresadas, que se aferran, como a una tabla de salvación, a la fe en la justicia del mundo, que están convencidas de que ser oído equivale a ser comprendido y, por lo tanto, a demostrar lo justo de su causa y a ganarla.

De igual forma, en su paso por Azerbaiyán, Kapusczinski reflexiona sobre dos instintos socioculturales de los Estados: el instinto de expansión con el de profundidad, es decir, el instinto de dominación e importancia, por un lado, combinado con el autoreconocimiento en la historia y la cultura nacionales.

Los pueblos pequeños que aman la paz han de compensar su instinto expansivo con el sentido de profundidad; cualquier aventura expansionista de un país pequeño resultaría hoy (1967) en estrechamiento: …la sensación de la profundidad permite a los pueblos conservar su dignidad sin la necesidad de dar rienda suelta al instinto de amplitud.

Dicha reflexión explicaría, por ejemplo, el estrechamiento progresivo de Serbia durante las guerras de 1990, la actitud del Poder con la historia, o también, aclararía por qué Putin prefiere arriesgar la dignidad del pueblo ruso a cambio del expansionismo postsoviético.

Sobre Ucrania, en 1990, el autor advierte de las dos naciones dentro de una república que se independizará un año después mediante un referéndum apoyado masivamente. La Ucrania Oriental, fuertemente rusófila debido a la limpieza étnica de Stalin, frente a la vieja Galizia occidental, que conserva el espíritu nacional ucraniano. A vista de pájaro, 23 años después de la independencia de Ucrania, se comprende que la dialéctica imperial rusa no ha cesado, sino que se ha transformado, y que las diferencias culturales de ambas zonas han formado el substrato sobre el que se está dando la guerra actual.

¿Y qué decir sobre «la Tercera Roma»? Los capítulos dedicados a la cultura imperial rusa son impresionantes, entre los cuales destaca la construcción y destrucción del Templo de Cristo Salvador; reconstruida por Putin actualmente, dicho templo ejemplifica la proyección dialéctica del imperio ruso contemporáneo: la sacralización del zar que evoluciona al culto de la personalidad de Stalin y, tras la caída del comunismo, la restauración del nacionalismo ruso. Prolijos son los detalles y las anécdotas que jalonan todo el trayecto, y variados los personajes históricos que representan dicho carácter autoritario. Sobre todo ello pende la idea recogida por poetas y escritores de que el fatalismo y autoritarismo rusos son el resultado de la vastedad y crudeza de la misma tierra que intenta dominar.

zarismo-comunismo-nacionalismo

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Sobre la Rusia futura, nos deja el interrogante de qué sucederá en el nuevo orden, con todo su aparato burocrático intacto: Se ha creado un clima favorable al fortalecimiento de los métodos autoritarios de ejercer el poder, un clima favorable a cualquier forma de dictadura. La respuesta hoy es la democracia autoritaria (o cómo se decía entonces, imperiodemócratas): Vladímir Putin.

No deja de tener importancia la advertencia que el autor lanza sobre el mundo global, una vez desaparecida la dialéctica Este-Oeste, que, desgraciadamente, podemos decir hoy que abunda en los medios de comunicación: las tres plagas sociopolíticas del nacionalismo, el racismo y el fundamentalismo religioso.

Las tres tienen un mismo rasgo, un denominador común: la irracionalidad, una irracionalidad agresiva, todopoderosa, total. No hay manera de llegar a una mente tocada por cualquiera de estas plagas. En una cabeza así constantemente arde una santa pira en espera de víctimas. Todo intento de entablar una conversación serena está condenado al fracaso. Aquí no se trata de una conversación sino de una declaración. Que asientas a lo que él dice, que le concedas la razón, que firmes su adhesión, no existes, pues sólo cuentas como instrumento, como un arma. No existen las personas, existe la causa.

Una mente tocada por semejante peste es una mente cerrada, unidimensional, monotemática y sólo gira entorno de un único tema: el enemigo. Pensar sobre el enemigo, nos alimenta, nos permite existir. Por eso el enemigo siempre está presente, nunca nos abandona.

Ryszard Kapuściński, photo: Marek Billewicz/East News

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Lecturomancia de la Prof. Rossana del 2014

Este año 2014 será un año de explosión Kármica para el mundo. El que la hizo, lo pagará. Será una escalera de reconstrucción de la vida.

En el 2014 habrá muchísimas sorpresas a todos los niveles. Veremos muchas desgracias, terremotos, fuegos, accidentes aéreos, terrestres y marítimos. Los elementos se alteran y causarán grandes destrozos.

Crisis de entendimiento y económica en todo el mundo, especialmente en Europa.

En España seguiremos con grandes problemas, tensiones y conflictos.

Cambios en la política y Mariano Rajoy tendrá un año especialmente problemático y desagradable, posiblemente su peor año.

Aurora roja, de Pío Baroja, tendrá una subida microscópica sin que por el momento se encuentre remedio hasta mediados de año.

Hay mucho dinero sumergido que no se mueve y sería ideal que hubiese nuevas inversiones de Olivetti, Moulinex, Chaffoteaux, et Maury, de Quim Monzó, que tienen grandes capitales. También sería muy importante que la economía sumergida saliese a la luz y se fiscalizase, con lo que si se notaría un buen impulso.

Hacia mitad de año buenas noticias económicas.

Año crucial para los Versos sencillos, de José Martí. No será un buen año para Juan Carlos I. La familia será traicionada por quien menos se pueda esperar.

Urdangarín no irá a la cárcel. La princesa Cristina tendrá algún que otro problema pero siempre con buenas soluciones.

El rey durante los primeros meses del año se recuperará de Cómo se hace una novela, de don Miguel de Unamuno. La presión familiar y los problemas de la casa real le hacen tener ansiedad y nerviosismo, de lo cual su salud se irá deteriorando progresivamente.

Año difícil para el matrimonio Felipe y Leticia. Ellos siguen queriendo tener Poemes mínims, de Ramón Dachs, pero dadas las circunstancias del país y los problemas de la casa real lo están atrasando.

Violentos conflictos y problemas en Oriente Medio. Será un avispero.

El Dalai Lama deberá extremar la precaución por su salud.

Las personas deberían entrar más en el mundo espiritual para así poder analizar mejor el Deseo de Adam Zagajewski, y ponerle solución.

La Antologia poètica, de Josep Maria de Sagarra irá evolucionando en positivo pero microscópicamente. Entramos en un ciclo histórico de nuevas realidades en muchos ámbitos. (sociedad, política, religión, economía, etc. Se verán con un nuevo enfoque diferente a lo anterior).

Cataluña. Arthur Mas, el guerrero que batalla, y su frente es la independencia de Cataluña. El señor Mas padecerá Confesiones de Félix Krull, de Thomas Mann, que no espera. El señor Junqueras le hará tomar medidas importantes y rápidas, cuando él haría las cosas más lentas, seguras y mejor hechas. El señor Junqueras ambiciona el puesto de “president”.

El referéndum se celebrará entre mediados del 2014 y el 2015. El gobierno de España tratará de que no se produzca este referéndum.

La posible independencia de Cataluña no llegaría hasta el 2017.

Lecturomancia

Lecturomancia

Agradecimientos a la pitonisa Dra. Rossana

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CASTROBAMA

Ambos presidentes han tenido la delicadeza de mantener una breve dialéctica tras un ensayo de liberalización de las comunicaciones. Siendo testimonios de excepción, transcribimos esta dialéctica paradoxográfica:

[OB] —Cuando los AMERICANOS tienen el poder para cambiar las cosas, es muy difícil detenerles. Además, el no hablar con otros países no nos hace quedar como gente dura; nos hace quedar como arrogantes.

[RC] —Cuba no teme a la mentira ni se arrodilla ante presiones, condicionamientos o imposiciones, vengan de donde vengan, se defiende con la verdad. Más de medio siglo de combate permanente ha enseñado a nuestro pueblo que la vacilación es sinónimo de derrota.

[OB] —No pediremos perdón por nuestra forma de vida ni flaquearemos en su defensa.

[RC] —La Revolución no dejará a nadie desamparado, luchará por crear las condiciones para que todos los cubanos tengan empleos dignos. El heroico pueblo cubano ha demostrado, frente a grandes peligros, agresiones, adversidades y sacrificios, que es y será fiel a nuestros ideales de independencia y justicia social.

[OB] —Creo, firmemente, que la sociedad cubana está oprimida por las restricciones sobre sus ciudadanos.

[RC] —El bloqueo económico, comercial y financiero que provoca enormes daños humanos y económicos a nuestro país debe cesar.

[OB] —Es cierto que hoy, Cuba todavía está bajo el gobierno de los Castro y el partido comunista que tomó el poder hace medio siglo. Pero nunca descarto ninguna posibilidad en un mundo que es tan complejo. Aunque rechazamos como falso que haya que elegir entre nuestra seguridad y nuestros ideales.

[RC] —Fomentar la discusión franca y no ver en la discrepancia un problema, sino la fuente de las mejores soluciones

[OB] —Yes, We can. Solamente nos separan 90 millas… al mismo tiempo amigos y enemigos.

[RC] —Nuestra unidad es hoy más sólida que nunca, no es fruto de la falsa unanimidad o de la simulación oportunista, la unidad no excluye las discrepancias honestas.

[OB] —Siempre ha habido otra forma de hacer política, basada en la sencilla idea de que lo que le suceda a nuestro vecino no debe sernos indiferente. Sí, podemos avanzar en cosas importantes.

[RC] —Esta es una posición que fue expresada al Gobierno de Estados Unidos, de forma pública y privada, por el compañero Fidel.

[OB] —El cambio es aún más duro cuando llevamos el peso de la historia en nuestros hombros. Para los cubanos, Estados Unidos les extiende una mano de amistad. Algunos de ustedes nos han buscado como fuente de esperanza, y continuaremos alumbrando una luz de libertad.

[RC] —Muero por la revolución

[OB] —Nos da gusto la decisión de Cuba de liberar a un gran número de prisioneros cuyos casos fueron planteados directamente por mi equipo frente al gobierno cubano. Nos agrada la decisión de Cuba.

[RC] —De manera unilateral, como es nuestra práctica y en estricto apego a nuestro ordenamiento legal, han recibido beneficios penales los reclusos correspondientes, incluida la excarcelación de personas sobre las que el Gobierno de los Estados Unidos había mostrado interés. Los progresos alcanzados en los intercambios sostenidos demuestran que es posible encontrar solución a muchos problemas.

[OB] —YES, WE CAN

[RC] —Como hemos repetido, debemos aprender el arte de convivir, de forma civilizada, con nuestras diferencias.

[OB] —Cuando el sistema falla, yo soy el responsable.

[RC] —Ahora, llevamos adelante, pese a las dificultades, la actualización de nuestro modelo económico para construir un socialismo próspero y sostenible. Obama, merece el respeto y reconocimiento de nuestro pueblo.

[OB] —Sobre estos importantes temas volveremos a hablar más adelante. Muchas gracias.

[RC] —Gracias. Que Dios los bendiga y que Dios bendiga a Estados Unidos de América.

Dialéctica Castrobama

Dialéctica Castrobama

Agradecimientos a las fuentes on-line de las citas: cubadebate.cu, ecured.cu, elfinanciero.com, y wikiquotes.

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CUBA. Estamos deconstruyendo el socialismo. Disculpen las molestias.

Esta crónica fue publicada en junio de 2014. Ante las circunstancias actuales del «caso Castrobama», la publicamos de nuevo.

revolucion

Engels afirmaba que las ideas son el resultado de las condiciones materiales del hombre. A esto, habría que añadir que estas sólo pueden ser útiles si son resultado de dichas condiciones, y que aquellas ideas que no se corresponden con la realidad, las ideas que “no son de este mundo”, no pueden ser fiables para el hombre.

Visto así, cuando surge un problema, su solución puede plantearse elegantemente:

  1. o se cambian las ideas para adaptarlas a los hechos,
  2. o se cambian los hechos para adaptarlos a las ideas.

¿Qué opción tomar?

¿Se puede cambiar la revolución para adaptarse a la realidad, como defendía Lenin, o ha hecho China? o, por otro lado, ¿sigue siendo posible transformar la realidad para adaptarla a las ideas (ideas de este mundo) como afirmaba Marx?

Sea como fuere, la realidad, para la filosofía occidental, es un proceso en cambio constante.

Hablando de estas y otras ideas, Angelina, antigua comunista, recuerda el “papel” de Marx durante el periodo especial:

—Durante el «periodo especial» no había papel. Teníamos que limpiarnos el culo con las páginas de El Capital.

El marxismo-leninismo a la cubana —el castrismo— no ha dado señales de moverse ni en uno ni en otro sentido desde la caída del campo socialista (1991), al menos, hasta hace unos cuatro años, cuando en el IX congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, Raúl Castro apuntó la “necesidad de romper dogmas”, y de “evitar el endeudamiento” del país.

Pero Castro también ha señalado que dada la complejidad de la situación socioeconómica cubana, la prisa no es buena consejera y, por lo tanto, no hay que tener prisa si se quieren salvar las ideas.

—Castro es como un elefante. Lento pero aplastante —bromea Angelina.

Cubanos anteriores y posteriores a 1991

Los emigrados entienden mejor qué es el castrismo cuando viven fuera de Cuba, y nosotros entendemos mejor qué es el capitalismo cuando vivimos dentro de Cuba.

La Cuba del siglo XXI se parece, en opinión de algunos turistas, a la España de la posguerra: gente alegre con poco, abierta al extraño, vital para el turista que se olvida de su individualismo entre daiquirís y mojitos en un resort de pulsera Sol-Melià; algo así como lo que un alemán, inglés, o sueco, experimentaba con el “Spain is Different.” Sin embargo, quienes viven en la mayor de las Antillas, con su día a día tropical y permanente verano, el traqueteo de las guagas sobre el asfalto hoyado, la temporada de huracanes, la escasez; para los que sobreviven con sencillez dentro de una economía planificada subdesarrollada…

Para estos, la realidad es bien diferente.

Los jóvenes con ansias de mejorar sus condiciones de vida han aprendido que hace falta un cambio político radical para satisfacer sus necesidades; saben, sin duda, que la revolución ha fracasado para su futuro (lo que no quiere decir que entiendan que triunfó para su pasado); han descubierto que a pesar de tener un acceso a la sanidad y educaciones públicas e universales, el mundo ha cambiado tanto desde la caída de la URSS que en Cuba ya no queda más remedio que cambiar.

Por su parte, quienes vivieron la Revolución, la generación de los mayores, reconocen su lado positivo y negativo; e intuyen que la revolución que ellos vivieron ha fracasado parcialmente, pero, por su edad y formación, van asimilado que su destino está ligado irremediablemente a los cambios que sucederán en los próximos años en la isla.

[embedyt]http://www.youtube.com/watch?v=3xngUx2MMCs[/embedyt]

En un pueblo de la región oriental, a la sombra de un bohío, resuena la ironía del Guayabero. Ernesto, médico cubano regresado de misión en Venezuela y acusado de ser opositor, bromea entre trago y trago de ron:

—Fue con Gorbachov. El que la “cagof.”

Al menos para Ernesto la Revolución terminó en 1989, con la caída del muro de Berlín y los escándalos de narcotráfico en la isla.

Los precios y la moneda

En Cuba existen actualmente dos monedas en proceso de unificación: el peso cubano (cup) y el peso convertible (cuc), algo por encima del dólar norteamericano. La existencia de las dos monedas habla de la creación dos tipos de mercados durante el periodo especial: de dos tipos de consumidores, dos tipos de precios, mercancías y servicios.

25 pesos equivalen a 1 cuc.

Originariamente, el sistema fue diseñado para proteger la producción nacional y su sistema de sueldos y salarios, y desarrollar el mercado turístico con la divisa extranjera; los nacionales pagan en pesos y los extranjeros en cucs. Hoy por hoy, el cubano puede comprar cucs, aunque, evidentemente, el turista no tiene acceso oficial (aunque si oficioso) a la moneda y mercado nacionales.

La doble moneda oculta la paridad de compra del cubano, cuya capacidad es 25 veces inferior a la del turista. Cuando se comprueban los precios subsidiados de la bodega,  de los restaurantes, las tiendas y se comparan precios y tipo de mercancías resulta que:

  1. El mercado nacional no cubre la demanda nacional; así, el racionamiento y la escasez suelen ser habituales.
  2. El mercado de importación, de mayor variedad y cantidad, se vende a precios internacionales, en cuc.

La cartilla de racionamiento

Fidel, jubilado, muestra su cartilla. Su rostro agrietado por los años trabajando en el campo enmarca unos ojos metálicos, grandes, que trasiegan a medida que va recordando los artículos subsidiados que le toca buscar todos los meses a su bodega.

Cartilla de racionamiento

Cartilla de racionamiento

— 250cl. de aceite, 4 libras de azúcar, espera… 2 libras de refino y dos de parda… 5 libras de arroz, 8 onzas de frijoles… 1 kilogramo de sal cada tres meses, 5 huevos por persona al mes… y cuando viene… “pollo por pescado”.

—¿Pollo por pescado?

—Sí. Ya no nos entra el pescado en la cartilla. Lo guardan para los restaurantes… 6 onzas al mes; café, 4 onzas: tres de chicharro y una de café, al mes…

—Y esto cuanto cuesta?

—Mmmm… Entre 12 y 14 pesos al mes.

Fidel mira con asombro mi reacción; en su media sonrisa está la rúbrica del efecto que me han causado sus palabras. Apunta con el dedo la cartilla de racionamiento

—Pero no da para vivir. No es suficiente.

Su mujer nos sirve un café, corto, en vaso de cristal, mientras hablamos. Su hija, estudiante de medicina, comenta que un salario medio al mes equivalen a 360 pesos, unos 12,5 cuc, pero el racionamiento no cubre la demanda y obliga a comprar en el mercado negro, o en las “tiendas liberadas” porque ya no es posible alimentar una familia sólo con la cartilla de racionamiento.

—Hombre. Esto es mejor que morirse de hambre.

—Esto se implementó cuando el bloqueo, y aún dura. Siempre nos dicen que es por el bloqueo.

—Al menos os lo garantiza el estado.

—Sí. Pero la cantidad y la calidad, son malas. Verás. Cuba es un país donde el tiempo se detuvo en 1959, pero en vez de avanzar, fue para atrás. El problema fue que durante las últimas décadas no se desarrolló una industria propia de consumo y de calidad. Todo se importaba.

Por la tarde visitamos la ciudad. En una “TRD CARIBE”, una tienda estatal de precios liberados, algunos artículos escasos o raros doblan el precio en €; en una sección de deporte, unas zapatillas de marca con “merma” —tara—, están al mismo precio que sin tara en Europa; los desodorantes roll-on, sobre los 3 o 4 cuc; una botella de aceite de marca blanca española, 8 cuc.

Angelina, quien ha venido a visitar a su familia, desea comprar una cafetera italiana a su abuela. En España vale 8€, que al cambio son unos 11 cuc, el sueldo de un mes. Pero en ninguna parte podemos comprar una cafetera nueva porque sólo vemos la misma cafetera eléctrica por 50 cuc. Angelina se indigna.

—¿Qué tipo de negocio está haciendo el gobierno con ello?

En todos los comercios liberados se encuentran siempre los mismos productos (aún no ha llegado la cultura de la competencia de mercado). A poca distancia, en unos talleres, varios artesanos fabrican cafeteras italianas con piezas y repuestos de aluminio.

—Para turistas. Estas se rompen con sólo usarlas.

La paridad de compra del cubano es 25 veces inferior, por la moneda, además de que su poder adquisitivo global es prácticamente nulo: el sueldo medio cubano (unos 12 cuc) le hace impermeable al mercado internacional.

—¿Sabes lo que decía mi padre? —me recuerda Fidel—, si tanto les gusta, quédense aquí a vivir.

Las clases sociales.

Frente a la necesidad al cubano no le queda más remedio que ser abierto y solidario, incluso a su pesar. Así, crea una red de contactos que le proporciona información, medios y servicios, no fiscalizados, con los que se pueden cubrir los imprevistos del día a día, y algo más.

—Así es —Termina de decir Ernesto.

A no muy poca distancia, la familia prepara el puerco asado que compramos a un guajiro por 25 cucs. El guajiro da vueltas a la espita mientras la selección de boleros baila en los altavoces de la cadena de música importada. Se sirve ron de marca. Es un día especial.

—Dime, cómo médico, ¿existe la miseria en Cuba?

Ernesto, médico de vuelta en misión a Venezuela, responde escuetamente.

—Sí.

Ernesto ha vivido cinco años en Venezuela, en misión médica. Las misiones son convenios de la colaboración entre Cuba y Venezuela y es uno de los capitales humanos de la isla mejor cotizados en el continente, allí donde el sistema de sanidad pública es insostenible.

—En una misión puedes ganar hasta 5000 cuc, pero el estado se cobra la formación que ha invertido en ti. Si no te fugas y te portas bien, al volver a Cuba puede que hayas ganado unos 1000 cuc.

—Bueno, España regala el capital humano a otros países, y no recupera nada de su inversión.

Le pregunto si Cuba es lo mismo que en Venezuela. Niega con la cabeza.

—No hemos llegado a esos niveles, ni tampoco a la situación de crimen y bandas que controlan el mercado negro. Espero que eso nunca pase aquí.

Ernesto relata algunas anécdotas venezolanas, dignas de un guión de Brian de Palma. Luego añade:

—Antes de la caída del campo socialista, nos decían que no existían las clases sociales. Pero hoy en Cuba hay clases sociales. Las últimas reformas, los cuentapropistas, las permutas y las compras de pisos… Abajo, la gran mayoría de los once millones de cubanos: el jornalero, el que no llega a fin de mes, el que no tiene familia, ni recursos. El que sobrevive. En el campo algunos guajiros viven bien, sin riqueza pero con abundancia. Otros no tan bien. Las grandes explotaciones son estatales. Ahora que se permite la compraventa de casas, las familias juntan capitales, venden y compran o permutan, pero controlados por el estado; por su lado, el estado arrienda sus propiedades para poderlas explotar. Pero en Cuba nadie es propietario de la tierra que pisa.

—Una pequeña burguesía pujante…

—Pero está todo del revés. Pilotos, licenciados, técnicos, una masa de capital humano formado está ganándose la vida vendiendo baratijas, o trabajando en panaderías.

—Eso me suena también.

—Y también están los que tienen fe —corta Angelina.

—¿Fe?

—Familia en el extranjero

—¿Y la clase alta?

—Existe. Son minoría. Es el estado, los altos mandos, el inversor extranjero…

Camilo, cubano emigrado a los EE.UU., que ha perdido la ciudadanía y ha vuelto a su país como extranjero, lleva un rato bebiendo con nosotros. Nos habla de los rumores que corren la isla sobre el crimen creciente. Desde su punto de vista:

—Prefiero un país donde no haya el crimen que hay en Venezuela, un estado fuerte que controle eso, porque para eso nos quedamos con la dictadura pura y dura. Quiero sentirme seguro en mi país. Que te maten para robarte un portátil…

—Desde hace un par de años las cosas han cambiado. En Camaguey han surgido bandas. La de los 300, y los Oquendo, luego…

—¿Los 300?

—Los 300 guerreros de Mabala.

—O los asesinatos a turistas. Ahora los asesinan para robarles. Es la primera causa de muerte. Esto nunca había sucedido antes. —corta Camilo.

El mercado negro

Las fachadas coloniales pintadas con colores pastel, como también sus soportales ruinosos y descascarillados, forman el escenario auténtico. Entre el aroma de petróleo que inunda las calles, los gritos de “maní, maní” y el trasiego de las colas que hormiguean alrededor de las bodegas, o de los centros de telefonía estatal, se unen al color local los coches de caballos, los bicitaxis, las guagas, los revendedores, los turistas…

—Esto se parece a la España que me contaban mis abuelos —le comento a Angelina, paseando por una calle principal.

Los años del estraperlo

Aunque los centros turísticos están mejor restaurados, el deterioro es generalizado; la falta de mantenimiento comba los postes de teléfonos y de electricidad; una telaraña de cobre que sobrevuela las bocacalles; el pavimento resquebrajado, los cines y teatros de cristales rotos y reconvertidos; los carros de antes de la Revolución, los almendrones, los carros soviéticos, los lada, los moskóvich… parece trasladarse por el espacio más allá del tiempo.

—¿Sabes que en España hubo un tiempo que esto era así? Fueron los años del estraperlo.

—¿Qué es eso?

—El mercado negro, durante el bloqueo.

—Bloqueo, de los USA?

—Bloqueo mundial. España era una dictadura fascista en un país subdesarrollado. Había cartilla de racionamiento y mercado negro.

—…

Uno puede encontrar a los estraperlistas si los busca. Los locales saben quien se dedica a sobrevivir especulando. La bodega es el mejor lugar donde empezar a preguntar; algunos bodegueros venden más de lo permitido a un precio mayor, para cubrir una demanda creciente y oficiosa, que no cubre la cartilla de racionamiento. También, cerca de los bancos suele haber compradores de moneda. Por otro lado, las propinas y los regalos a los funcionarios forma parte de la etiqueta de la red de favores. Preguntando, uno siempre conoce a alguien que puede vender algo que no está en el mercado, a precio especial.

—Por ejemplo celulares. O liberalizarlos.

Sea cual sea la ruta de entrada al país, hay una presencia sutil de Iphones, televisores de plasma, y tabletas que llama la atención.

Los cuentapropistas —autónomos—, cuyos negocios tienen una demanda creciente han de ir al mercado negro para encontrar los medios de cubrirla.

—Tabaco, harina, material para la construcción, componentes de coches, ron, etc… Se encuentra de todo en el mercado negro.

La necesidad, la falta de medios y las restricciones han creado una segunda economía, un segundo mercado que beneficia a muchos, incluso al propio estado, según se dice. Los precios desorbitados por la especulación no son obstáculo para la desesperación.

—Y visados. Alrededor de las embajadas hay quienes hacen su agosto.

La presión de la globalización es muy fuerte.

La Habana

La Habana

En La Habana se nos presenta a Josep, un catalán asiduo a la capital que se siente como pez en el agua. Más cubano que los cubanos, su complicidad y su dominio de la situación hacen decir a la gente:

—Es chévere.

La gent aquí és com al mediterrani —comenta en petit comité—. Són molt oberts, viuen bé amb poc, i tothom vol fer negoci.

El olor de petróleo en La Habana Vieja es omnipresente. Al otro lado de la bahía, la antorcha de la refinería alumbra como un faro apagado en medio de un naufragio.

El contrabando es otra vía. Incluso, el estado parece comprender que la necesidad del mercado negro está fuera de su control: los decomisos en la aduana, a pesar de las restricciones, han disminuido y se han reducido a un sorteo; bajo la denominación de “miscelánea”, turistas y nacionales pueden pasar decenas de kilos de material por persona, a excepción de ciertos productos: material de uso personal que en el mercado negro es revendible.

Crec que al final ho hauran de legalitzar.

Por otro lado, el tabaco y el ron son los productos favoritos de los turistas. Al margen de las cantidades legales, se puede encontrar género de contrabando.

—Me han dicho que el custodio de la fábrica —comenta Josep en castellano—, se le paga con un puro de los tres que tiene derecho por día un trabajador de fábrica tabaquera.

Tras hacer unos cálculos dice:

—En dos semanas se puede llenar una caja de 25 puros Cohíba de calidad extra… Però que no et donin gat per llebre. Si vols estar segur de la qualitat ves a comprar a la botiga. Al carrer et pots trobar que no són el que diuen que són.

Ver a Josep interactuar en todas las situaciones, y como les da la vuelta para llegar a lo que le interesa es sorprendente. Dice que lo único que hace es confiar en los demás, pero sin dejarse tomar el pelo.

—Él es más cubano que los cubanos que he conocido.

Caminamos por Obispo. En la plaza una mujer policía se lleva detenida a una joven mulata, sola, bien vestida.

Pobretes. La policía s’ha posat molt dura.

El jineterismo —prostitución—, a pesar de estar perseguido sigue siendo otra vía de escape a las necesidades para muchas mujeres sin medios. Tampoco es extraño ver una relación normalizada entre un europeo —según nos cuenta un anciano caballero, de pelo blanquísimo—, y una joven cubana de veintipocos años, con niños.

—Yo vengo medio año aquí y luego me vuelvo —dice con su acento italiano, acompañados de sus ojos azulados y modales elegantes—. Mis hijos se hacen cargo del negocio en Italia.

En consecuencia, el asedio al turista solitario es insistente, y más ahora que la prostitución masculina, homosexual, aunque más discreta que la femenina está mucho más aceptada que antes.

—Antes los maricones estaban mal vistos —espeta Pablo, un mulato que vende artesanía, aficionado a las radios antiguas—. Luego, empezaron a ser aceptados. Ahora, parece que es obligado que tengas que ser maricón.

El malecón de la Habana bulle de noche con mayor vida que por el día. La fila de parejas y solitarios hormigueando a ambos lados de la acera recuerda un botellón en Malasaña. La policía hace acto de presencia a la cabeza de la ristra, discutiendo con varios noctámbulos, incansables, ante la brisa del Caribe.

La dictablanda

Raúl Castro expresaba en 2013: “Éste será mi último mandato.”

Tras la reforma de la constitución, el mandato de los políticos cubanos no podrá alargarse más dos periodos de 5 años, con edades máximas, a excepción del propio Raúl, quien, según sus palabras, se jubilaría con 86 años.

—Raúl es como un elefante. Lento pero aplastante —repite Angelina.

La oposición de Miami no parece estar muy convencida de las palabras de Raúl, y exige un cambio de régimen completo. Por otro lado ha empezado a correr el rumor que el vicepresidente del consejo de estado, Miguel-Díaz Canel, será el próximo presidente en 2018

—¿No lo llamáis “el deseado”?

—¿Deseado?

—Por aquello de si es un liberal camuflado de comunista…

—No sé —dice Fidel—. Es verdad que ahora las cosas han cambiado un poco a mejor. Antes este reparto —distrito— estaba plagado de chivatos. Ahora es un territorio, digamos, libre.

Estamos en la mesa del comedor-cocina. Por la puerta del patio entra una mujer, saluda, y se sienta a comer. Angelina baja la voz y me guiña un ojo:

—Ella es del partido.

Fidel saluda a su hermana y continúa hablando con normalidad.

—Conozco a mucha gente que ha dejado de militar para el partido. A los jóvenes ya no los enganchan con el discurso. Muchos lo ven como un estorbo para poderse mover libremente.

Fidel respira hondo. Mira a su hermana, quien no ha levantado cabeza del plato, y contesta:

—Tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. La salud, la educación y la cultura, sigue siendo lo mejor que tenemos. Pero… todo lo demás, la economía y la burocracia…

La hermana come sin decir palabra.

Es difícil hallar algún individuo que defienda el marxismo-leninismo fuera del gobierno o de las organizaciones afines. El discurso oficialista —como el del programa la “mesa redonda”—, habla en un idioma distinto al del cubano corriente. Por la forma de hablar se puede reconocer el estatus de quien habla, o su círculo.

En general, los antiguos comunistas reconocen los méritos de la revolución y el sufrimiento colectivizado del pueblo, sobretodo, tras los descalabros del periodo especial y la represión de las últimas décadas, pero niegan con la cabeza, resignados, sobretodo, cuando ven el futuro que les espera a sus hijos.

—Sí Martí levantara la cabeza —le tiento.

—No. Si el Ché levantara la cabeza…

Exóticas resultan las consignas gastadas y envejecidas, junto a los carteles de la propaganda con los octogenarios Fidel y Raúl, las efigies de Martí, Camilo, El Ché, el «amigo» Chávez, Bolívar, y una caterva de héroes nacionales que dominan las fachadas y avenidas principales.

Estudio, trabajo, fusil

Estudio, trabajo, fusil

Quizás sea la falta de costumbre, pero esas ideas golpean con demasiada insistencia la realidad del día a día.

En un pueblecito pesquero, al pasar ante una casa manchada de pintura negra, Angelina me indica que no haga fotos.

—Lo han marcado por disidente. Un opositor.

La casa, una sencilla casa unifamiliar de ladrillos y techo de zinc, tiene toda la fachada manchada de pintura de negra. Un hombre en pantalones cortos se mece en una silla y nos mira desde el porche improvisado en el rellano de la escalera que sube a la casa.

La práctica totalitaria de marcar y reprimir a quien no está conforme con el discurso político oficial sigue vigente. Chivatos, multas, prohibiciones, pintadas, denuncias en público en la televisión —la mesa redonda—… todo tiene una violencia de coletazo final, de estertor gerontocrático. La prueba es que todo el mundo con quien hablo, me da su opinión política individualmente, a favor o en contra.

El estado sólo parece preocuparse más por las apariencias generales que por la opinión individual. Se centra más en controlar lo que tiene incidencia internacional y en la calle, que entre desconocidos.

Compartimos el almuerzo con Ruiz junto a sus amigos: tostadas, ostiones y dorado. Nos hemos conocido casualmente y en nada hemos pegado la hebra. Hablamos de historia y pronto surgen los masones. Se identifica como miembro.

—Tuvo un papel muy importante antes y después de la independencia. Ahora también lo tiene como creencia. Nos reunimos libremente y nos ayudamos. También hemos ayudado a la gente en tiempos difíciles.

Es un hecho empírico que las logias masónicas jalonan todo el territorio de Cuba.

—¿Pero si son liberales, entonces, que relación tienen con el partido comunista?

—Es complicado. Por un lado, el partido nos acepta por razones históricas ya que preparamos ideológicamente la Revolución. Luego las cosas cambiaron.

—¿Y no hacen nada?

—Hoy, los miembros del partido comunista están dentro de la masonería.

Disfrutamos de una comida frugal y buen ron. La compañía es grata. Los chistes sobre política y las pantomimas van de la mano. En este pueblo pesquero, a nadie parece importarle más la política que para hacer reír. Pánfilo entra en escena.

—Y tú que piensas de Cuba, ¿te gusta?

En ese momento, recuerdo la cultura de la pobreza que elogia Antonio Gamoneda.

—No os queda más remedio que ser alegres.

La censura

Un vistazo a la televisión y a la prensa no deja lugar a dudas de que, informativamente hablando, Cuba vive en su burbuja mediática. Tampoco sirven demasiado los rumores exteriores, puesto que cualquier noticia podría ser un anzuelo soltado por el partido para hacer saltar la liebre. El resultado es que a nadie que conozco parece interesarle lo que dicen los medios. Prefieren hablar con un extranjero directamente.

—Hay más información de Cuba disponible fuera de Cuba que dentro.

Paseando por la plaza, Angelina me señala el lugar donde hubo una manifestación.

—Aquí fue donde hubo aquella manifestación de la que te hablé.

Ante los soportales de esta plaza del interior, cerca de un policlínico, hubo una manifestación popular contra la represión de los vendedores ambulantes. El motivo fue que no podían vender en esa calle productos importados. Los vendedores defendían que de hacerlo en sus casas no podían vender el género.

—Un asunto de libertad de comercio.

La huelga acabó con porrazos y algún herido.

—Pero luego, me han dicho que fueron uno por uno, y les fueron cerrando el negocio.

—¿Y no hay organizada una oposición?

—En Cuba, no. No existe la oposición organizada. Todo el que vale se va fuera del país. Aquí la oposición son dos o tres voces toleradas a medias por el partido.

—Pero yo había oído que había una red de internet… como una radio libertad…

—El Zunzuneo ¡Qué va! Un invento para despistar ¡Pero si aquí casi nadie tiene internet!

—He oído que algunos, por ejemplo, artistas o intelectuales…

—Pero todos los que tienen recursos están fuera de Cuba, y los de dentro que tienen recursos son afines al partido. Fíjate, por ejemplo, en Silvio Rodríguez.

—Todos no. He oído hablar de «las damas de blanco…»

—Y yo que cobran un dólar al día por hacer oposición.

—¿Y esa tal Yoani Sánchez?

—A esa la dejan hablar porque les conviene.

Aunque no tengo manera de comprobar las afirmaciones constato una cosa: hay un completo descreimiento sobre la eficacia de la oposición dentro de Cuba. O dicho de otra forma, la conformidad con un régimen de 55 años es demasiado aplastante.

Cómo el elefante.

La alegoría del ladrillo

Recordando, Pablo nos trae una respuesta.

Le llevamos café, ya que él no tiene derecho a pedir café en el bar del hotel.

—Mira. Aquí ya no se mata a nadie. Lo que se hace es quitarte lo poco que tienes. Pero fíjate lo listos que son: es como si te pusieran un ladrillo en la cabeza. Imagínate, que con el ladrillo, tu, al principio, piensas “uff, qué ladrillo, pero sólo es un ladrillo”, y tiras. Luego, te colocan un segundo ladrillo, y el peso hace inclinarte un poco, pero “bueno», te dices, «sólo es otro ladrillo más.” Luego te cargan un tercer, un cuarto y un quinto. Y cuando estás que ya no puedes más, que te tienen a punto de desmayarte, van y te quitan un ladrillo. Entonces te dices: “mira, uff, qué bien, me han hecho un favor, ahora me siento mejor, estaba a punto…” Y luego te meten un nuevo ladrillo y vuelta a empezar.

Me toco la cabeza y noto la brisa cálida del aire del Caribe.

Pablo se ríe de oreja a oreja.

La sombra del Águila

Obama y Raúl en el entierro de Mandela

El turismo es un síntoma de globalización y de terciarización económica; es la tabla de salvamento para la economía nacional. En los hoteles no hay americanos, tampoco hay demasiados españoles. Sobretodo hay canadienses, ingleses, franceses y algún italiano.

—Los yanquis se van a República Dominicana. Y cómo los canadienses prefieren lo contrario a los americanos…, por eso vienen aquí.

En mayo, prácticamente no hay turismo. Quizás unos cien mil en todo el mes. El canadiense se deja sus dólares a gusto: una estancia placentera de un Caribe a medida.

Los EE.UU. aparecen para unos como la tierra prometida, y para otros como un criminal genocida. En general, el cubano de a pie siente menos simpatía por los USA hoy que mañana, y ya no es infrecuente ver camisetas, faldas y medias con la barras y las estrellas, o las gorras de los Yankees, entre algún joven.

—No se puede dar la culpa de todo al bloqueo —comenta Pablo mientras enciende un H.Upmann—, llevan diciéndonos lo mismo toda la vida. Y no digo que no haga daño, porque sí que lo hace, como la ley Helms-Burton, ni tampoco que los revolucionarios fueran unos cobardes, porque hay que tenerlos bien puestos para enfrentarse a todo un ejército desde la nada. Pero el bloqueo fue una cagada.

—Supongo que durante la guerra fría, con la crisis de los misiles, el bloqueo tenía algún sentido…

—No. Me refiero a que si los USA hubieran levantado el bloqueo en 1991, ahora ni Fidel ni Raúl estarían. El régimen no habría tenido esa excusa y habría tenido que cambiar.

Pablo habla con el entusiasmo típico del cubano, mientras la tarde va cubriéndole el rostro. Acompaña sus palabras de gestos rápidos y posee una determinación en su forma de hablar que si no es ensayada, parece la de alguien con las ideas claras.

—Todo aquél que tenga convenios con USA no puede comerciar con Cuba, a menos a nivel financiero y comercial. A quien se salta el bloqueo la justicia americana le mete una multa millonaria.

—Eso no es económicamente sostenible en el mundo actual. Creo que ambos países deberían acercar posiciones, ¿no crees?

—Eso no cuenta. Porque eso es la política. Un gran negocio. USA no quiere perder el control del negocio. Si no es para él no es para nadie. ¿No sabías que a pesar del bloqueo, compramos productos americanos?

—Vaya, pues esto ya no hay quien lo entienda.

—Qué país… qué país…

Pablo se dedica a la venta ambulante y a otros “negocios”. Con un tono ensayado durante muchas tardes ante muchos turistas, suelta:

—A esto no le queda más remedio que cambiar. Han empezado los cambios pero yo no estoy para esperar. Si cuando se vaya Raúl llega un nuevo gobierno y con ello puedo instalarme, bien, perfecto. Pero si esto no acaba cambiando —palmea con fuerza—, yo me voy a Miami.

Birán.

Birán.

Los nombres de quienes han vertido su opinión en este retrato de Cuba han sido cambiados, por si las moscas.

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KOMUNIKAT

El site elecosinpasos ha sofert alguns canvis. Això ha estat degut, principalment, al servidor 000webhost, que, sense cap avís previ, ens ha suspès la web, segons ells, per superar la capacitat del servidor compartit.

Donat que han segrestat l’accés a la pàgina si no contractaven un paquet de gestió mensual, Ferdinand Frost ha decidit suspendre l’associació amb el servidor, cosa que ha comportat la pèrdua de les entrades anteriors, des del 2013.

Segons l’empresa, no estaven en disposició de donar-nos dades (log) sobre l’augment de capacitat del servidor, ni tampoc ens ha volgut explicar en quina línia del contracte signat amb ells hi ha una clàusula on s’especifica aquesta pràctica del segrest-xantatge-contracte.

Per aquesta raó us recomanem que NO feu servir aquest servidor:

000webhost.com.

Només és una recomanació.

Per altra banda, a mesura que la pàgina es vagi actualitzant, s’aniran recuperant els continguts penjats entre el 2013-2014.

De retruc, l’administrador d’aquest lloc, Ferdinand Frost, ha cedit temporalment la gestió dels continguts a Ferran Escrig, especificant, però, que la seva coautoria està cedida el temps que en Ferdinand Frost decideixi.

Atentament,

F.F.

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Botín (epd) examina distintas opciones

Emilio Botín (epd) examina distintas opciones

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Lo que sucedió a un rey con un elefante

Font: eldiario.es. El rey posa con un elefante tiroteado en una cacería en Botsuana. RANN SAFARIS.

Acaeció una vez que el conde Lucanor estaba hablando en secreto con Patronio, su consejero, y le dijo:

–Patronio, a mí me acaeció que un amigo mío me ha propuesto un negocio del que puedo salir muy beneficiado a expensas de mis súbditos. Este amigo, un noble señor, me propone que él corra con parte del riesgo y los beneficios, mientras contento a mis súbditos, y así, él llevar a cabo su parte sin esperar acechanzas. Como la naturaleza del negocio es tal que puede desatar la ira de mis súbditos, te pido, mi leal Patronio, que me aconsejes.

–Señor conde Lucanor –dijo Patronio–, bien entiendo vuestra duda y confusión por tener que poner en entredicho el buen gobierno y felicidad de sus súbditos a cambio de riquezas. Y parece que os aconteció con él, como aconteció a un rey con un elefante.

El conde Lucanor le rogó que le dijese cómo había sido aquello.

–Señor –dijo Patronio–, un rey hubo en un reyno muy próximo que gustaba de la navegación y la cacería. El rey era hombre notable y amado por sus súbditos, pero dejaba todos sus asuntos de palacio a cargo de sus ministros, convencido de que tenía el mejor gobierno de todos los reynos. Los ministros, a su vez, contentos con la munificencia del rey, gobernaban creyendo que tenían el mejor reynado del mundo, y así, el rey, contento con las dádivas de sus ministros y el estipendio con que estos le regalaban, llegó al punto de que reinaba sin gobernar.

Este rey era muy dado a la liberalidad en sus relaciones con gente de su condición, de forma que era muy correspondido. Accedía y concedía, y hacía negocios despreocupadamente. Y cómo todo el mundo le consideraba muy afortunado, él se acabó considerando muy afortunado de tal guisa que, en tanto no gobernaba, se olvidó de las preocupaciones de sus súbditos.

Sin embargo, llegaron años de carestía y una peste muy molesta que afectaba a las casas y al comercio se extendió por ciudades y pueblos. Los súbditos reclamaron menos impuestos y una mayor implicación de los gobernantes, así como una mayor participación de los asuntos del reyno, pero el rey, aconsejado por sus pareceres y la discreción de sus cortesanos, siguió confiando en sus gobernantes, quienes le querían de la misma manera que le temían, puesto que si fallaba el rey mejor del mundo Dios les castigaría. Por esta misma razón, los ministros convencieron al rey de que todo iba bien y le aseguraron que las dádivas no dejarían de llegar, aunque con un ligero recorte.

Un día, el rey aceptó una invitación de sus iguales para ir de cacería a África. Allí, agasajado por sus cortesanos y cortesanas, cazó el mayor elefante que un rey hubiera podido cazar. La criatura era muy bella y grande, tanta como su misma grandeza.

Sin embargo, quiso Dios nuestro Señor castigar al rey fracturándole la cadera y mandándole a un hospital muy conocido de su propio reyno.

Durante su sanación, los súbditos supieron de sus andanzas mientras ellos pasaban sufrimientos. Aunque puso toda su grandeza en parecer contrito, ya que le aconsejaran mantener la imagen bonancible y así ocultar el mal gobierno de sus ministros y de sus tratos con ellos, sus súbditos se enfadaron aún más.

Cuando el rey quiso darse cuenta, tal era la furia de la peste, que el reyno ya estaba completamente dilapidado. Al haber desatendido a sus súbditos perdió su favor, que es la obediencia, y estos, molestos con la corte y sus negocios gravosos para el reyno, empezaron a hablar mal de él y de su familia.

Cuanta más hambre pasaban, mayores eran las críticas, y la popularidad de la Corona caía en picado. Dado que el rey no gobernaba y los ministros gobernaban mal, los jueces empezaron a investigar a los negocios de la familia real. El perfil de los miembros más ociosos de su Corona desapareció y citaron a su hija como imputada en un negocio de uno de sus yernos, mientras, causándole un gran mal, los chascarrillos se pregonaban de pueblo en pueblo para escarnecer al rey que había matado al gran elefante y que Dios le había partido la cadera.

Al poco empezaron a conocerse los negocios gravosos para los súbditos, como los de sus ministros, y estos, aunque mantenían las apariencias, no pudieron evitar caer en la vergüenza cada vez que protegían al rey y ocultaban la cantidad de patrimonio privado, o de la herencia de su padre que no tributaba en el reyno. Finalmente, el rey no tuvo más remedio que abdicar si quería contentar a sus ministros, y estos a sus súbditos.

-Patronio, es muy triste esto que me has contado, puesto que no comprendo como un rey se puede desentender de sus súbditos a costa de ellos. Si el rey no hubiera ido a matar el elefante, Dios no hubiera querido enmendarle de esta forma, mas parece que lo que quiso es castigarle.

-Y vos, señor conde Lucanor, es menester que no hagáis como el rey que mató al elefante, y que no os desentendáis de vuestros súbditos, como tampoco os confiéis demasiado de vuestros gobernantes, quienes son muy proclives a los vicios y la mala virtud. Y si queréis pervivir y ser querido por ellos, debéis daros a ellos con la misma fe que ellos se dan a vosotros, porque el amigo que quiere hacer ese negocio a costa de vuestros vasallos, no será tan amigo cuando lleguen los malos tiempos.

El conde se tuvo por bien aconsejado con el consejo de Patronio, su consejero, e hízolo como él le había aconsejado, y se halló en ello bien.

Y entendiendo don Juan que estos ejemplos eran muy buenos, los hizo escribir en este libro, e hizo estos versos en que se pone la sentencia de los ejemplos.

Y los versos dicen así:

 Quien por vivir bien olvida pronto a los suyos

Cuando llega el mal tiempo sin apoyos se tuvo

Este nuevo cuento de don Juan Manuel apareció este año fruto de un feliz encuentro entre la hemeroteca de EL PAÍS y el Conde Lucanor de editorial Castalia, sobre una mesa de disección.

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