El hombre que juega (I)

Homo Ludens

Homo Ludens

Si alguien nos preguntara qué libro del siglo XX recomendarías para alguien interesado en las humanidades, entre las posibles recomendaciones estaría la obra principal del holandés Johan Huizinga, Homo Ludens, publicada en 1938.

No sólo se trata de un ensayo sobre el “juego” en la cultura, tema al que normalmente no se dedica atención por considerar el juego como un “pasatiempo” del que no se puede obtener conocimiento. También es una obra interdisciplinar, al estilo humanista, sobre el origen de la cultura –la cultura arcaica, sobretodo–, y el papel que desempeña la actitud lúdica en su desarrollo. Esta interdisciplinariedad evita las ciencias b

iológicas y psicológicas y se centra en la lingüística, la literatura, el arte, la religión y, sobretodo, se la antropología; cultura sobre cultura, y como suele ser corriente en los estudios humanistas de la década de los años treinta del siglo pasado, el método genealógico y fenomenológico son los usados para definir el tema de estudio.

Con todo, el resultado no sólo es de interés humanístico en el sentido tradicional de las Letras y las Artes, sino también social y psicológico, pues plantea el juego o el jugar como una función básica, individual y social del hombre, generadora de cultura, y aun ahonda en la dicotomía no tan clara de “qué es juego” y que “no es” –el no juego–, en su relación con la competición –agón– en la cultura occidental y oriental, y entre los límites difusos, por ejemplo, del arte y lo sagrado (el jugar a creer), el combate “culturizado” y la guerra total (sentirse con “derecho a”), el interés y diversión (fin externo, o interno a la actividad), etc.

Dado que el libro rebosa de referencias culturales y literarias se requiere de cierta formación para poder apreciarlas; aunque, si se obvian, la explicación formal y el alcance del juego siguen siendo aprehensibles. Pero no es un libro sólo para humanistas, sino también para los que “juegan”, para quienes desean comprender por qué pasamos el ocio ocupados en una actividad que vista desde fuera parece “pérdida de tiempo”, pero vivida desde dentro es una anulación del tiempo y el espacio habituales.

Por lo que respecta a la crítica, cabe destacar la de otro gigante, el historiador del arte Ernst Gombrich, para quien, sin restarle importancia al enfoque nuevo y necesario sobre el juego en la cultura, a Huizinga le falta un planteamiento más científico y de mayor alcance, mayor imparcialidad con los ejemplos y evitar cierta dolencia metafísica. Si bien podemos seguir la crítica de Gombrich como una advertencia para los estudiosos del Arte, ésta no quita interés al planteamiento que de por sí es bastante ambicioso.

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Johan Huizinga (agradecimientos a johngushue.typepad.com)

Dejando atrás las polémicas para los entendidos –porfías culturales, según Johan–, vamos a resumir las veinte ideas principales de los dos primeros capítulos del libro (los corchetes y la negrita son míos):

1- “El juego es más viejo que la cultura.”

2-“El juego y la cultura se hayan, en efecto, implicados el uno en el otro.”

3- “Todo juego significa algo (entra en juego “algo” que rebasa el instinto inmediato de conservación y que da sentido a la ocupación vital).”

4-“Ningún análisis biológico explica la intensidad el juego, y precisamente, en esta intensidad, en esta capacidad suya de hacer perder la cabeza radica su esencia, lo primordial.”

5-“La risa, lo cómico y lo necio es lo no serio, pero el juego no lo es, ya que puede ser serio o no… Lo serio trata de excluir el juego, mientras que el juego puede muy bien incluir en sí lo serio.”

6-“El jugar [que no el juego] no cumple ninguna función ética, aunque sí estética.”.

7-“Complementa –satisface ideales– la vida como función cultural [festividad, o culto].”

8-“El recuerdo del juego se transmite culturalmente como tesoro espiritual o creación, y puede ser recreado o repetido.”

9-Crea orden. Es orden. El orden impide que se estropee el juego y es estético (posee ritmo y armonía).

10-“Todo juego es una actividad libre porque se haya gusto en ello. El juego por mandato no es juego, todo lo más, una réplica, por encargo, de juego.”

11-“El juego no es la vida “corriente” o la vida “propiamente dicha”. Mas bien consiste en escaparse de ella a una esfera temporera de actividad que posee su tendencia propia…”. “Cualquier juego puede absorber por completo, en cualquier momento, al jugador…”. “como un intermezzo en la vida cotidiana, como ocupación en tiempo de recreo y para recreo“.

12-“Es un “estar encerrado en sí mismo” limitado a un tiempo y un espacio, tras lo que termina.”

13-“El juego posee tensión, tendencia hacia la resolución, que se articula mediante las facultades del jugador (juego ético), o el azar (juego no ético).”

14- “El gozo, inseparablemente vinculado al juego, no solo se transmite en tensión sino, también en elevación. Los dos polos del estado de ánimo propio del juego son el abandono y el éxtasis.”

15-“Los jugadores se organizan en equipos o clubs, una estructura social unida por la voluntad de llevar la ilusio más allá de cada juego.” [Este mantenimiento de la ilusio se realiza con adornos, secretismo o esoterismo. La máscara y el disfraz destacan de lo ordinario al grupo, adornan la organización de su juego, sea este drama, culto, fiesta o mero juego, y considera su ilusio como una situación excepcional].

16-“El juego [función] es una lucha por algo y/o una representación de algo.”

17-“En el juego como representación, es una figuración que abarca desde el juego infantil a las representaciones sagradas.”

18-“El culto no reproduce meramente el hecho sagrado, sino que lo ejecuta identificándolo, participando de los presentes.”

19-“Aunque el jugador puede entregarse con todo su ser al juego, la conciencia de “no tratarse más que un juego” puede trasponerse totalmente.”

20-“El juego auténtico, independientemente de sus características formales y de su alegría, lleva, indisolublemente unido, otro rasgo esencial: la conciencia, por muy al fondo que se halle, de ser “como si.” [only pretending, en inglés].

Detail: “The Dice Players”: 1891: print ca. 1897 or later: John E. Dumont: carbon print: 29.2 x 25.1 cm (flush mounted to board). Agradecimientos a Photoseed.com

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